La pandemia de COVID-19 ha puesto en evidencia la fragilidad de los seres humanos y ha destapado las vulnerabilidades de la estructura sanitaria de muchos países afectados. Las malas decisiones políticas, la falta de coordinación, la insuficiencia de camillas y equipos médicos… Pero viéndolo de una forma más bonita, ha resaltado la importancia del personal de salud para la sociedad.

Y aunque pocos piensan en ello, los médicos, enfermeras, camilleros e incluso los trabajadores de limpieza también se enferman en ejercicio de sus funciones dentro de un hospital. Pero en medio de una pandemia esto representa un problema, no solo por el aumento de la tasa de contagios, sino también porque la oferta de atención se reduce frente a una elevada demanda.

Para aclarar un poco la situación del personal de salud en España durante la pandemia, el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), a través de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE) publicó recientemente un informe en el que brindan algunos datos relevantes.

Pocos profesionales requirieron cuidados intensivos

El documento, titulado ‘Informe sobre la situación de COVID-19 en personal sanitario en España’, presenta los hallazgos de un estudio de 30.660 casos de Covid-19 notificados hasta el pasado 4 de mayo.

El informe revela que el 89 por ciento de los profesionales sanitarios contagiados con COVID-19 no ha requerido hospitalización. Mientras que 16,5 por ciento ha desarrollado neumonía, 1,2 por ciento ha requerido ingreso en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y solo un 0,1 por ciento ha fallecido por la enfermedad.

En cuanto a las defunciones, el Ministerio de Sanidad advierte que estos resultados deben interpretarse “con precaución” ya que hubo ciertas aproximaciones en el análisis, donde se consideraron como no fallecidos los casos sin información sobre esta variable.

65 por ciento de estos profesionales tuvo como antecedente epidemiológico de riesgo el contacto con personas con infección respiratoria. Mientras que 70 por ciento mantuvo contacto estrecho con casos sospechosos o confirmados de COVID-19.

Diferencias por género y edad

El 76 por ciento de estos profesionales contagiados con COVID-19 son mujeres, con una edad promedio de 46 años y cuyos síntomas más frecuentes son tos, fiebre, escalofríos y dolor de garganta.

En general, uno de cada tres pacientes presentó síntomas digestivos como diarrea o vómitos, y estos en particular también fueron más frecuentes en las mujeres que en los hombres. En cambio, la fiebre fue más frecuente entre los hombres.

El estudio también reveló que los profesionales sanitarios que desarrollaron neumonía tienen una edad significativamente mayor que los que no tuvieron dicha afección (52 frente a 45 años, respectivamente). La mayoría de ellos eran hombres, quienes también tenían enfermedades preexistentes (especialmente enfermedad cardiovascular) en mayor proporción, lo cual influenció su necesidad de hospitalización, admisión en cuidados intensivos y ventilación mecánica.

Los resultados del informe han confirmado varias de las tendencias informadas hasta ahora sobre la enfermedad. En efecto, la edad es un factor importante que puede aumentar el nivel de gravedad. De hecho, a medida que aumenta la gravedad, existe un mayor porcentaje de hombres y de pacientes en general con alguna enfermedad previa, lo cual ciertamente puede empeorar su pronóstico.

Referencia:

Informe sobre la situación de COVID-19 en personal sanitario en España. https://www.isciii.es/QueHacemos/Servicios/VigilanciaSaludPublicaRENAVE/EnfermedadesTransmisibles/Documents/INFORMES/Informes%20COVID-19/COVID-19%20en%20Espa%C3%B1a.%20Situaci%C3%B3n%20en%20Sanitarios%20a%2004%20de%20mayo%20de%202020.pdf