El interés por la exploración espacial y el dominio de las áreas ultraterrestres está volviendo a despertar en el mundo. Países como China, Rusia y Estados Unidos han activado con más fuerza sus programas espaciales.

En realidad ninguno de estos verdaderamente se detuvo, pero es ahora que vuelven a ganar notoriedad. Para el caso de Estados Unidos, gran parte de la atención recibida se debe a la creación de su nuevo programa lunar de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio o NASA, por sus siglas en inglés, conocido como Artemisa. Se le ha dado este nombre en honor a su programa anterior –el icónico Apolo– ya que Artemisa es la hermana de este en la mitología griega.

Se espera que este nuevo programa pueda poner de nuevo a los humanos en la Luna para el 2024 y que, además, pueda construir una presencia sostenible en esta. Ya que, al desarrollarla, se podría utilizar esta como base para posteriores exploraciones de planetas de interés como Marte.

Ahora, todo un nuevo significado se le ha sumado a la misión con las nuevas declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump. Con estas, espera poder dar inicio a un proceso de colaboración internacional para establecer acuerdos tras los cuales comenzar a explotar los recursos de la Luna.

Los Acuerdos de Artemisa

En honor al nuevo programa de exploración lunar, la movida se ha denominado como “Acuerdos de Artemisa”. Detrás de estos, se encuentra el esfuerzo de los Estados Unidos para crear una red de aliados para la explotación de recursos ultraterrestres que se maneje fuera de las condiciones y acuerdos ya impuestos por la Unión Europea.

Básicamente, se trata de un plan legal que esperan presentar a la comunidad internacional. Con él, tienen la intención de iniciar un proceso de minado de la Luna de forma legalizada, ya sea tanto para fines científicos como comerciales.

La propuesta

Por los momentos, solo se tiene una idea burda de lo que sugieren estos acuerdos, pues el borrador del pacto aún no ha sido oficialmente compartido. Sin embargo, sí se sabe que la base de su propuesta son las “zonas de seguridad” lunares.

En pocas palabras, esperan poder delimitar “zonas de seguridad” para cada una de las empresas y entidades que deseen explotar los recursos de la Luna. De este modo, si una desea ingresar al espacio de la otra, deberá pedir determinados permisos y todo podrá tener un orden que permitirá la cooperación fluida y pacífica.

El problema

A pesar de que Estados Unidos es el principal promotor de esta nueva medida, también es miembro activo del Tratado del Espacio Exterior de 1967. En este, se define que ningún tipo de territorio ultraterrestre está sujeto a reclamos de soberanía o de apropiación de ningún tipo.

Ante esto, la administración se ha defendido indicando que sus “zonas de seguridad” no son verdaderos reclamos de soberanía. Explican que estos son límites impuestos para promover una cooperación libre de roces y que, la propiedad solo se extiende a los elementos que se extraigan de la Luna y no al territorio lunar como tal.

¿Y el marco legal?

El hecho de que lo que las empresas y entidades extraigan de la Luna pase a ser de su propiedad también requiere de la aplicación de un apropiado marco legal. En el 2015, los Estados Unidos promulgaron una ley que les daba a las conpañías el control sobre los recursos que lograran obtener de espacios ultraterrestres.

Sin embargo, la mayoría de sus países aliados aún no han desarrollado este tipo de legislaciones. Por esto, otra de las metas de los Acuerdos de Artemisa es crear dicho marco legal en las naciones en las que todavía no existe.

La discusión

Como lo dijimos anteriormente, el primer borrador de este pacto aún no ha sido compartido. No obstante, se sabe que, cuando llegue a serlo, países aliados como Japón y Canadá serán los primeros en recibir sus copias. En este mismo grupo podremos encontrar a los Emiratos Árabes Unidos y a varios países de Europa con programas espaciales activos.

Asimismo, los Estados Unidos han dicho que estarán dispuestos a colaborar con cualquier nación que cumpla con las “normas de comportamiento que esperamos ver [en el espacio]”.

Un conflicto posible

Por otra parte, EE.UU. se ha mostrado reacio a incluir a Rusia en el arreglo de este pacto, a pesar de que ambos son ahora aliados en el desarrollo de varias misiones espaciales. Esto se debe a que los últimos movimientos de los satélites rusos se han considerado como amenazas para el país estadounidense.

Sumada en la lista de los países que Estados Unidos no parece querer considerar en su tratado se encuentra su eterna rival espacial, China. Probablemente, el inicio de estos acuerdos despierte el antiguo espíritu de competencia que una vez existió entre los programas espaciales de ambas naciones.

La Luna como activo estratégico clave y la NASA como herramienta diplomática

Todo este movimiento se ha dado porque el interés del mundo en el espacio está despertando de nuevo. Ahora, la comunidad internacional denomina a la Luna como un activo estratégico clave cuando se habla del territorio ultraterrestre. Por lo que, los Estados Unidos no han tardado en hacer su movida para intentar tener la mano ganadora en lo que a este “activo” respecta.

Asimismo, la nación estadounidense también está aprovechando la notoriedad de la NASA para convertirla en una nueva herramienta diplomática que, por su peso internacional, le permita hacer acuerdos beneficiosos.