Históricamente, las infecciones de malaria, llamada también paludismo, se producen principalmente durante las últimas horas de la noche. Este período coincide con los patrones de alimentación de los mosquitos Anopheles, vectores primarios de la enfermedad.

En los últimos años, el uso en gran escala de mosquiteros tratados con insecticidas ha permitido reducir considerablemente la carga mundial de la malaria. Sin embargo, estos avances se ven amenazados por la evolución de la resistencia a los insecticidas.

Competencia vectorial

Aunque los mecanismos fisiológicos de resistencia pueden contrarrestarse cambiando de clase de insecticida, la resistencia conductual es potencialmente más insidiosa, ya que los cambios en los patrones de alimentación (por ejemplo, mordeduras nocturnas tempranas antes de que los seres humanos estén protegidos bajo los mosquiteros) y/o los cambios en el lugar de la mordedura (mordeduras en el exterior en lugar de en el interior) podrían hacer ineficaces estos instrumentos de lucha antivectorial.

En un reciente estudio, investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State), evaluaron el efecto de la hora del día de alimentación de los mosquitos Anopheles para determinar si todos tienen la misma capacidad de transmitir la malaria y para comprender mejor las posibles consecuencias epidemiológicas de los cambios en el comportamiento de alimentación de los mosquitos.

Se estima que anualmente más de 400.000 personas pierden la vida por la malaria, siendo los niños menores de 5 años los más afectados.

A tal fin, el equipo realizó una serie de estudios de laboratorio para examinar si el momento de la alimentación afecta la capacidad de un mosquito de infectarse con el parásito de la malaria.

Para ello, el equipo le ofreció a los dos mosquitos de la malaria más importantes, Anopheles stephensi y Anopheles gambiae, raciones de sangre infectada en diferentes momentos del día y en diferentes condiciones de temperatura, y los monitorearon para determinar su “competencia vectorial”, la capacidad de adquirir con éxito los parásitos de la malaria y volverse infecciosos.

Los investigadores encontraron que la hora del día de alimentación no afectaba la competencia del vector cuando la temperatura se mantenía a una temperatura constante de grados centígrados 80 ° F (26,6 ° C).

Dinámica de transmisión

Sin embargo, cuando los mosquitos se mantuvieron en condiciones que representaron una variación de temperatura más realista, que variaba desde unos pocos grados por encima y por debajo de los 80 ° F, hubo una variación significativa en la competencia del vector.

El 88 por ciento de los mordedores nocturnos, el 65 por ciento de los mordedores de medianoche y el 13 por ciento de los mordedores de la mañana, dieron positivo para parásitos en los mosquitos Anopheles stephensi. Para Anopheles gambiae, el 55 por ciento de los que muerden por la noche, el 26 por ciento de los que muerden a medianoche y el 0,8 por ciento de los que muerden por la mañana fueron positivos para parásitos.

En referencia a estas observaciones, el investigador Eunho Suh, académico en el Centro de Dinámica de Enfermedades Infecciosas del Departamento de Entomología de la Penn State y autor principal del estudio, explicó:

“Las temperaturas cálidas pueden inhibir el establecimiento de parásitos, por lo que cuanto más tiempo pase antes de que los mosquitos se expongan a temperaturas cálidas durante el día, mayores serán las posibilidades de que el mosquito se infecte.

Los mosquitos que se alimentan por la mañana solo tienen 4 horas antes de que las temperaturas sean demasiado altas para que el parásito se transmita, mientras que los que se alimentan por la noche tienen 16 horas de temperaturas más frías”.

El uso en gran escala de mosquiteros tratados con insecticidas de larga duración y aerosoles de insecticidas ha permitido reducir considerablemente la carga mundial de la malaria.

Posteriormente, los investigadores crearon un modelo matemático para explorar las posibles implicaciones para la salud pública de un cambio en la infectividad del mosquito impulsado por el momento de las picaduras. Los resultados del modelo respaldaron los hallazgos de laboratorio.

El modelo de dinámica de transmisión ilustró que tales diferencias en la competencia podrían tener implicaciones importantes para la prevalencia de la malaria, el grado de transmisión y el impacto epidemiológico de la resistencia conductual.

Estos resultados indican que la interacción de la temperatura y el comportamiento de alimentación podría ser un determinante ecológico importante de la capacidad vectorial de los mosquitos de la malaria.

Referencia: The influence of feeding behaviour and temperature on the capacity of mosquitoes to transmit malaria. Nature Ecology & Evolution, 2020. https://doi.org/10.1038/s41559-020-1182-x