Uno de los debates más vigorosos durante la pandemia de COVID-19 se ha referido al uso de las mascarillas faciales. Al principio la discusión se centró en si el personal de atención médica siempre debe usarlas, pero rápidamente se transformó en un debate sobre si la persona promedio debería usar una mascarilla en público, particularmente dada su escasez para los trabajadores de salud.

Hay una buena razón por la que no es fácil determinar si se debe usar una mascarilla facial al salir de nuestros hogares: la evidencia científica que apoya su uso comunitario es escasa, lo que ha llevado a algunos entes de salud pública a emitir mensajes confusos.

Alta tasa de filtración

Las recomendaciones sobre las mascarillas faciales pueden volverse confusas fácilmente, porque no todas son iguales. Por ejemplo, la mascarilla N95 previene eficazmente la propagación viral, filtrando el 95 por ciento de las partículas de 0,3 micrones o más.

Por su parte, se sabe que las mascarillas quirúrgicas filtran cerca del 70 por ciento del aire exterior dejando aproximadamente el 30 por ciento del aire circular libremente por los lados, por esa razón no son tan eficaces como la mascarilla N95.

Aunque su eficacia es limitada, las mascarillas de tela podrían ayudar a evitar que las personas con COVID-19 transmitan el virus.

Eso deja mascarillas de tela, que actualmente se recomiendan para uso general, aunque filtran solo alrededor del 2 por ciento del flujo de aire. La alta tasa de filtración en máscaras quirúrgicas y de tela es la razón por la cual los funcionarios de salud pública generalmente no creen que su uso evite que alguien contraiga un virus que se encuentre flotando en el medio ambiente.

El flujo de aire sigue el camino de menor resistencia, y si hay partículas virales cerca, las mascarillas quirúrgicas o de tela tienen ofrecen una vía de acceso fácil. No obstante, si bien la evidencia sugiere que estas mascarillas no son eficientes para protegernos del contagio, su uso sí puede proteger a otros al servir de barrera de contención de las gotas aéreas exhaladas cuando una persona infectada tose o estornuda.

Efecto protector

Respecto a las mascarillas de tela, este efecto protector es más eficiente en aquellas cuyo diseño permite un mejor ajuste a la cara. Aunque se necesita más investigación, estudios preliminares muestran una gran variabilidad en la capacidad de diferentes tipos de tela para filtrar las gotas aéreas que pueden transportar el virus.

Uno de los debates más vigorosos durante la pandemia de COVID-19 se ha referido al uso de las mascarillas faciales.

Una advertencia sobre el uso de mascarillas caseras se enfoca en su posible mal manejo, un aspecto que en realidad puede aumentar el riesgo de exposición. Los expertos recomiendan no tocarla excepto para ponerla o quilarla, y al hacerlo, tocar solo los sujetadores. Adicionalmente, estas mascarillas deben ser lavadas a diario y hay que lavarse las manos antes y después de manipularlas.

Aunque la evidencia de su eficacia es limitada, se acepta de forma generalizada que las mascarillas de tela podrían ayudar a evitar que las personas con COVID-19 transmitan el virus sin saberlo.

En este sentido, queda claro que el uso de mascarillas, bien sean quirúrgicas o de tela, no es la protección más importante contra el coronavirus. El distanciamiento social y el lavado de manos son las medidas básicas que realmente cuentan con evidencia sólida y comprobada de su efectividad, por lo que son nuestros mejores aliados.

Referencias:

Respiratory virus shedding in exhaled breath and efficacy of face masks. Nature Medicine, 2020. https://doi.org/10.1038/s41591-020-0843-2

Effectiveness of Surgical and Cotton Masks in Blocking SARS–CoV-2: A Controlled Comparison in 4 Patients Free. Annals of Internal Medicine, 2020. https://doi.org/10.7326/M20-1342