El dengue no es una enfermedad extraña para nadie. Esta enfermedad viral más común en las áreas tropicales y subtropicales del mundo suele pasar sin pena ni gloria por el organismo de quienes la sufren.

Su transmisión se da a través de la sangre y, específicamente, sus mecanismos de dispersión son los mosquitos. Por lo general, ocasiona síntomas menores, dolores de cabeza y musculares, pero sin consecuencias graves a largo plazo.

Se estima que entre 280 y 550 millones de personas en el planeta se contagian con esta enfermedad anualmente. De este monto, unas 500 mil suelen desarrollar una versión más grave de la enfermedad conocida como dengue hemorrágico, que tiene una tasa de mortalidad del 20%.

Ahora, el Instituto de Investigación del Ejército Walter Reed se ha dado a la tarea de estudiar los procesos inmunológicos del organismo ante la presencia del virus del dengue. Sus resultados podrían cambiar la forma en la que se evalúan y tratan los casos de esta enfermedad en el mundo.

La respuesta inmunológica de nuestro organismo es más fuerte la primera vez

Sus pruebas de secuenciación del ARN de las células individuales permitieron determinar qué anticuerpos quedaban en el cuerpo después del paso del dengue por este. De entre ellos, el que se presentó en una cantidad exponencialmente mayor al resto fue el anticuerpo IgA.

Este tiene su origen, como el resto de los anticuerpos, en los plasmablastos de células B. Sus pruebas les permitieron medir la capacidad de los anticuerpos producidos para atacar y neutralizar la enfermedad. Acá, nuevamente el IgA salió campeón. Pero, curiosamente, solo apareció en cantidades exponenciales cuando se trataba de la primera exposición del individuo al virus.

Una segunda exposición al virus abre las puertas al dengue hemorrágico

Por lo general, se considera que cuando el organismo ya ha experimentado una enfermedad ya sea a causa de virus, bacterias o parásitos, si se ve enfrentado a esta de nuevo en un futuro, sabrá cómo combatirla mejor.

Debido a esto, se pueden dar casos en los que la enfermedad se presenta, pero más leve o en los que el contagio simplemente no ocurre. Sin embargo, esto no parece ser lo que ocurre con el dengue.

De hecho, las concentraciones menores del anticuerpo IgA en el organismo, muestra que este se encuentra menos capacitado para hacer frente a una segunda oleada. Como resultado, la enfermedad puede causar más daños en el cuerpo y convertirse en el peligroso dengue hemorrágico que ya conocemos.

Esto podría cambiar la forma de hacer diagnósticos para el dengue

Con este conocimiento, los sistemas de salud podrían tomar las precauciones de buscar el historial médico del paciente con el dengue antes de proporcionar un tratamiento. De este modo, si ven que ya ha tenido un primer episodio de la enfermedad, podrán ser más cuidadosos y observar sus síntomas más de cerca para detectar si el dengue hemorrágico se está manifestando o no.

Gracias a esto, los diagnósticos de la enfermedad podrían ser mucho más acertados, así como los tratamientos más eficientes. En general, se mejoraría la calidad de la atención médica integral que se les presta a los pacientes con dengue.

Referencia:

Transcriptional and clonal characterization of B cell plasmablast diversity following primary and secondary natural DENV infection: https://doi.org/10.1016/j.ebiom.2020.102733