Incluso un atrevido guionista de Hollywood lo pensaría dos veces antes de combinar una pandemia con otro desastre natural. Sin embargo, este es un escenario que actualmente enfrentan los gobiernos de muchos países del mundo.

Mientras la pandemia del coronavirus sigue causando estragos, el ciclón tropical Harold produjo grandes daños en las Islas Salomón, Vanuatu, Fiji y Tonga en el Pacífico. Los residentes de varias ciudades encerradas en España necesitaron ser rescatados de las inundaciones repentinas justo cuando el país alcanzó el pico de su brote de COVID-19 a principios de abril. Tornados en el sudeste de Estados Unidos arrasaron vasta zonas residenciales y un terremoto en Croacia causó caos en la población, por poner algunos ejemplos.

Un panorama poco alentador

Esto nos muestra con mucha crudeza que los desastres naturales siguen sucediendo, a pesar de la grave amenaza de salud que actualmente mantiene al mundo consternado.

La respuesta habitual al desplazamiento de las personas afectadas por sequías, incendios, inundaciones, tornados, huracanes y terremotos es el alojamiento temporal en escuelas o centros comunitarios. Sin embargo, tales acciones no son viables en un momento en que el distanciamiento social es crítico para contener la pandemia.

Se acerca la temporada de huracanes, los cuales, por efecto del cambio climático, han venido mostrando un alza significativa en los niveles de severidad con que se desarrollan.

El panorama no es alentador. Los mapas de pronóstico climático basados ​​en múltiples modelos para los próximos meses anticipan que algunas regiones sufrirán fuertes sequías, altamente relacionadas con incendios forestales, mientras que en otras áreas se vaticinan precipitaciones por encima del promedio histórico, por lo que se esperan inundaciones.

Prepararse para estos riesgos

Más aún, estamos a pocas semanas del inicio de la temporada de huracanes, los cuales han venido mostrando un alza significativa en los niveles de severidad con que se desarrollan, un efecto que se sabe es impulsado por el cambio climático; por si fuera poco es probable que haya otros riesgos, como los shocks financieros.

Cada tipo de desastre podría dejar a miles de personas sin hogar y muchas en necesidad de rescate y cuidados de emergencia.

El refugio de personas afectadas en escuelas o centros comunitarios es una respuesta poco recomendada en un momento en que el distanciamiento social es crítico para contener la pandemia.

Tratar con la respuesta y la recuperación de un desastre en medio de la pandemia de coronavirus plantea nuevas e inquietantes preguntas. ¿Quién está disponible para responder? ¿Qué asistencia médica se puede proporcionar si los hospitales están tratando a los pacientes de COVID-19 y ya hay escasez de suministros? ¿Dónde refugiar y alojar a los evacuados, dada la necesidad de mantenerlo socialmente distantes unos de otros?

Ante este sombrío paisaje, la necesidad de construir la resiliencia general de las poblaciones y prepararse para estos riesgos que se cruzan es crítica. Esto requerirá que las naciones desglosen los recursos existentes entre sectores, incluidos la gestión de desastres, la salud, la meteorología, la agricultura y las finanzas.

Indudablemente estos son tiempos difíciles en los que la previsión y la toma de decisiones consientes adquieren una relevancia crucial, porque si bien el contexto actual es caótico, siempre existe la posibilidad de estar peor. Claramente la respuesta yace en estar preparados, y cabe preguntarnos ¿lo estamos?

Referencias:  

What Happens When Other Disasters Hit during a Pandemic? Scientific American, 2020. https://bit.ly/35mM3mW

How to Prepare for Natural Disasters During a Pandemic. Outside, 2020. https://bit.ly/2W9GRyA