En este confinamiento generalizado al que la pandemia del coronavirus nos ha sometido, es fácil sentir que ya no tenemos control sobre nuestra vida. Las proyecciones de creación y distribución de una vacuna para el COVID-19 apunta a por lo menos un año más de confinamiento.

Durante ese tiempo, miles de millones de personas en el mundo estarán tratando de continuar con la normalidad de su vida pero desde sus hogares. No obstante, a medida que pase el tiempo, será mucho más fácil que sentimientos de inconformidad se presenten y la persona vuelva a sentir que ya no toma las decisiones sobre su vida.

Afortunadamente, existen pequeños cambios que podemos hacer por nosotros mismos que nos ayuden a sentir que ganamos nuevamente un poco de control sobre la situación. Aunque la vacuna para el COVID-19 esté lejos, nada nos impide trabajar para mejorar la fortaleza de nuestro sistema inmunológico. De este modo, conseguiremos otro propósito que perseguir durante el encierro y verdaderamente estaremos velando por nuestra salud –un detalle que muchas veces pasa desapercibido en el agitado ritmo de la vida moderna.

¿Tiempo de cambiar?

Claramente pasaremos mucho tiempo encerrados en nuestros hogares, adaptándonos a esta nueva realidad. Así que, ya que de todos modos nuestros hábitos diarios están sufriendo un cambio, ¿por qué no aprovechar esta oportunidad para añadir a nuestra vida costumbres que nos mantendrán más sanos? Sobre todo ahora, donde un organismo sano es nuestra mejor defensa contra el coronavirus.

Come mejor

Conocemos de sobra los beneficios que puede traer la buena alimentación a nuestra vida. Un cuerpo nutrido desarrolla menos afecciones físicas y, de hecho, también es menos propenso a las enfermedades mentales –que, por el confinamiento de la pandemia, parecen estar teniendo un pico.

Para mantenernos sanos es importante que tengamos en nuestra dieta algunos nutrientes como la vitamina C y el zinc. Asimismo, otros elementos como la vitamina D no solo mejoran la salud de nuestro organismo en general, sino que también parecen ser una carencia común en quienes se contagian con el coronavirus.

Entre los tipos de alimentos que deberían entrar en nuestra vida están: las frutas, las verduras, las nueces, las legumbres, el pescado y las grasas saludables. Del mismo modo, es momento de comenzar a evitar los alimentos altos en azúcar y ultraprocesados. Esto incluso más ahora que se sabe que los altos niveles de glucosa en la sangre disminuyen la efectividad del sistema inmunológico.

Ejercita más

Hacer ejercicio nos hace vernos y sentirnos mejor, lo sabemos. Un cuerpo entrenado ofrece una mejor calidad de vida y también una más extensa. Además, las capacidades de alto desempeño de los sistemas cardiovasculares y pulmonares generadas por el ejercicio mantienen a raya las enfermedades que afectan estas áreas. Para incluir esto en la rutina diaria solo hace falta hacer un poco de tiempo y tener dedicación, los frutos llegarán si estos dos convergen.

Vive más tranquilo

La vida moderna es extremadamente agitada. Por si fuera poco, el propio ritmo de esta suele no darnos oportunidad de sentarnos a descansar y recuperar energía, tanto física como mental, para nuestra siguiente jornada.

Ahora, incluso desde nuestras casas, la situación del COVID-19, el trabajo, los estudios, los hijos, las labores del hogar y demás aún pueden hacernos sentir suficiente presión como para comenzar a estresarnos. Es momento de tomarnos un momento para reconocer estas situaciones que pueden ser disparadores de estados mentales negativos y ubicar herramientas con los que combatirlos.

Dormir las horas suficientes, practicar la meditación, realizar un hobby que nos guste y hasta comer mejor pueden ser formas de mejorar nuestro estado de ánimo general. Lo que permitirá que los niveles de estrés en el cuerpo desciendan, la producción de cortisol se normalice y el sistema inmunológico vuelva a ser capaz de producir linfocitos que nos protejan contra los ataques de microorganismos externos.

El coronavirus y las condiciones médicas subyacentes

Como ya lo sabemos, la mayoría de las personas que terminan siendo afectadas gravemente por el COVID-19 pertenecen a dos sectores de riesgo. Por un lado, las personas mayores se encuentran dentro de los grupos altamente vulnerables ante la enfermedad.

Asimismo, aquellos individuos con condiciones médicas subyacentes como diabetes, problemas cardiovasculares, hipertensión, sobrepeso y problemas respiratorios también se encuentran en alto riesgo de desarrollar casos severos de coronavirus.

Claramente no hay nada que podamos hacer para prevenir el envejecimiento y las personas mayores deben ser particularmente cuidadosas durante la pandemia. Sin embargo, si aplicamos los consejos antes mencionados para mantenernos sanos, muchas de las condiciones de salud que son riesgosas podrían evitarse por completo o, por lo menos, disminuir en intensidad.

Lo que se traduciría en un individuo más saludable menos propenso a ser atacado con fuerza por el virus SARS-CoV-2. Sobre todo ahora que se ha determinado que problemas como las afecciones respiratorias y el exceso de peso pueden ser debilitadores del sistema inmunológico.

Un hay protecciones milagrosas

Claramente, ninguno de los consejos de arriba nos volverá inmunes a la enfermedad. De hecho, nada de esto evitará que nos contagiemos con el COVID-19 si nos exponemos al virus.

Sin embargo, sí hacen la diferencia a la hora de determinar qué tanto daño hará el coronavirus en nuestro organismo. Un sistema inmunológico sano podrá combatir con más rapidez la enfermedad y hacer que el tiempo de recuperación sea más corto. Asimismo, la falta de condiciones subyacentes o lo leves de estas ayudará a que el riesgo de muerte en los pacientes también sea menor.