El internet, en la actualidad, es una parte vital de nuestro día a día, por lo que las fallas en este inmediatamente impactan en nuestro rendimiento –y a veces también en nuestro ánimo. En medio de una situación como la pandemia actual del coronavirus, en la que todos estamos confinados en nuestros hogares, el protagonismo del internet en nuestra vida se ha vuelto incluso más notorio.

Ahora, este se ha convertido en la herramienta que utilizamos tanto para estudiar, trabajar y distraernos, como para mantenernos en contacto con el mundo de forma constante. Sin embargo, en los últimos meses el mundo entero ha estado experimentando un fenómeno en el que la velocidad de conexión ha disminuido de forma global.

De todas partes del planeta han surgido quejas referentes a las bajas velocidades de conexión. Esto está llegando de la mano del coronavirus, al igual que muchos otros cambios en el mundo. En este caso, las cuarentenas que se han instaurado, nos han obligado a permanecer en casa y, de un modo u otro, a magnificar nuestro consumo de las conexiones web.

¿Por qué el coronavirus ha ralentizado el internet?

Básicamente, se ha tratado de un efecto secundario que no podríamos haber previsto. Como lo hemos mencionado, la cuarentena ha cambiado por completo nuestra forma de consumir contenidos en internet.

Y, de hecho, también ha modificado la forma en la que los compartimos. Ya que, ahora además somos mucho más activos a la hora de generar y enviar datos, en lugar de solo recibirlos.

En consecuencia, nuestra demanda de las capacidades de la web se ha multiplicado notoriamente. Debido a esto, la presión sobre los sistemas de transmisión de la señal se incrementa también y los hace propensos a fallos. Los que, a su vez, se manifiestan como las fallas de conexión y lentas capacidades de carga del internet.

¿Se romperá el internet a causa del coronavirus?

Por los momentos, las empresas de que se dedican a funcionar en esta área y a proveer estos servicios no lo ven así. En efecto, han reportado aumentos significativos en la demanda de sus conexiones y en los patrones de uso de estas.

Asimismo, se han enfrentado a constantes quejas de clientes de determinadas áreas en las que la conexión ha fallado de forma constante. No obstante, no consideran que esto sea una señal para alarmarse. Bajo su criterio, las zonas principales o el “núcleo” del internet aún se encuentra en capacidad de soportar la presión que se le ha impuesto.

Las áreas empresariales no se han visto tan afectadas

Por lo general, los sistemas de conexión que requieren funcionar bajo una alta demanda y uso constante se han construido con fibra óptica. Esta es capaz de ofrecer velocidades de conexión más altas, un mayor ancho de banda y una mejor resistencia a largos periodos de uso sostenido.

Debido a esto, la mayoría de las grandes empresas y entidades educativas han diseñado sus sistemas de conexión con estos materiales. Por eso, incluso ahora, sus redes no parecen haberse visto tan afectadas –además, con menos gente en el trabajo que en sus hogares, las conexiones se han visto particularmente liberadas.

Las zonas urbanas no han tenido tanta suerte

La otra cara de esta moneda son entonces las zonas residenciales. Estas ahora se han convertido en las bases de operaciones de millones de trabajadores en todo el mundo. Por lo que, se espera que las áreas suburbanas sean capaces de responder con la misma velocidad y capacidades que las empresariales.

Lastimosamente, estas no han sido diseñadas para esto. Por lo general, sus sistemas de conexión viejos cuentan con cables de cobre en lugar de fibra óptica. Como consecuencia, cuando todo el vecindario se conecta a una video conferencia, trata de ver un video por streaming y monitorea al COVID-19 por todas las redes sociales existentes, el sistema colapsa.

El dilema de las videoconferencias

Además, usualmente estas estructuras de conectividad fueron construidas cuando la única señal que se transmitía era la de la televisión. Por lo que, tampoco están capacitadas para responder adecuadamente a la cantidad de datos que ahora se generan de parte de los usuarios y que también deben pasar por la web.

Particularmente, las videoconferencias piden de estos arcaicos sistemas de conexión justamente lo que no pueden ofrecer. Debido a lo que, cuando se inicia ese chat por Zoom, inmediatamente se presentan problemas de conexión, lag y repentinas salidas de la sesión debido a la inestabilidad del internet.

¿Cómo sobrevivir a esto?

Algunos expertos han recomendado que se trabaje en paralelo con los dos sistemas de envío y transmisión de datos que hay: el internet y las redes de telefonía. Han comentado que, como estas últimas son menos demandadas, tal vez podrían ofrecer una mejor experiencia de conectividad. Además, si esta medida fuera adoptada uniformemente, o por lo menos en su la mayoría, en las áreas residenciales, el resultado sería una disminución de la presión sobre las estructuras de conexión y, al menos, una pequeña mejora en la calidad del internet.