En la actualidad, es imposible pensar en el estilo de vida moderno sin mencionar a la tecnología o al internet. Esta dupla se ha coronado como uno de los pilares vitales de prácticamente todas nuestras actividades diarias.

Veamos a dónde veamos, podremos encontrar áreas de nuestra vida que requieren el uso de las conexiones web. Las labores del trabajo y de los estudios, tanto como nuestro entretenimiento y las interacciones sociales ahora pasan por este “filtro” que nos mantiene unidos casi siempre a una pantalla (la de la computadora, la de la laptod, la de la tablet, la del celular, etc.)

Muchos hemos caído casi naturalmente en este nuevo ritmo de vida conectado y no notamos la cantidad de tiempo que pasamos frente a estos equipos. Sin embargo, eso no significa que ninguno de nosotros sea adicto a la tecnología o al internet particularmente.

¿Dónde está el límite?

Aun así, sí existen individuos que pueden llevar al extremo sus tiempos de exposición a este tipo de estímulos y comenzar a generar consecuencias negativas en su vida. Por lo general, una persona puede dedicar horas de sus días a la web sin que esto implique un perjuicio a su cotidianidad.

Sin embargo, llega un punto en el que simplemente es demasiado. Ese límite se alcanza en el momento en el que el tiempo que gastamos en línea o las acciones que realizamos allí comienzan a afectar nuestra vida real.

Por ejemplo, si el uso del internet está causando conflictos con la pareja, la familia o los amigos, allí hay una señal de alarma. Asimismo, si esta comienza a afectar el desempeño laboral o académico de una persona, también habría que comenzar a tomar precauciones. Finalmente, cuando consecuencias físicas como cansancio o irritabilidad hacen presencia, podemos ver que la exposición al internet y el consumo de sus contenidos ya ha demasiado lejos para lo que podría ser considerado “saludable”.

Un punto interesante a destacar sobre este fenómeno es que los científicos no solo han asociado estos efectos con la cantidad de tiempo que se pasa en internet. De hecho, el relativamente poco tiempo pero realizando actividades ilícitas o perjudiciales puede ser igual de dañino.

¿La adicción al internet existe?

En efecto, es posible volverse adicto al uso del internet o de la tecnología en general. Específicamente para este primer tipo de adicción, ya existen diferente acepciones como Uso Compulsivo de Internet (CIU, por las siglas en inglés), Uso Problemático de Internet Use (PIU, por su nombre en inglés), o iDisorder.

Muy recientemente, el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders ha incluido a esta patología dentro de su lista de desórdenes mentales. Sin embargo, aún falta para que la comunidad científica llegue a consensos con respecto a lo que la adicción a la web es.

Por ahora, básicamente se trata de ese uso excesivo de la conexión a internet que termina generando consecuencias negativas en la vida del individuo. A pesar de que el término adicción en la actualidad se usa con mucha soltura, la verdad es que son pocos los individuos que realmente cumplen con los requisitos para tener este título.

En la actualidad, según algunos reportes, al menos el 38% de la población global actual podría estar enfrentando este tipo de problemas. Pero las cifras aún no son muy confiables debido a la falta de métodos generalizados de diagnóstico y conteo.

¿Hábito o adicción?

Una diferenciación importante que se debe hacer tiene que ver con la naturaleza del uso de la web. Algunas personas pueden tener la costumbre o el hábito de pasar horas al día conectados a la web, pero no necesariamente ser adictas por esto.

La diferencia fundamental radica en un punto clave que ya mencionamos antes, las consecuencias del uso del internet. Por una parte, si se trata solo de un hábito, la persona aún es capaz de funcionar adecuadamente en el resto de las áreas de su vida y de rendir en el mundo real. Del otro lado del espectro, aquellos que se enfrentan a una adicción pronto comienzan a cosechar los efectos negativos de sus actividades.

¿De dónde viene esta adicción?

A pesar de que desde los años noventa se ha hablado de la adicción a internet, aún hay pocos datos concretos o convenios oficiales sobre esta. Un poco de eso podría deberse a que, en un principio, se la trataba con jocosidad, como una broma, y a que, ahora, se ha convertido en una realidad.

Los estudios sobre esta ya han comenzado y una de las principales preguntas que han surgido es por qué se da esta adicción. Por los momentos, no se conoce exactamente el origen de este desorden mental. Pero, sí existen algunas ideas de los procesos que ocurren en nuestro cerebro que pueden contribuir a su formación.

Las investigaciones han apuntado a que, mucho del modo en el que la mente se comporta frente a la adicción al internet, puede ser puesta en paralelo con las actitudes del cerebro ante casos de dependencia química de sustancias como el alcohol o las drogas.

Lo particular de estos últimos dos es que son capaces de causar modificaciones en la estructura cerebral. Estas específicamente se dan en la materia gris y blanca de la corteza prefrontal, la encargada de regular nuestros procesos de memoria detallada, planeación y priorización de tareas.

Al parecer, la adicción al internet puede causar los mismos cambios neurológicos. Como consecuencia, la persona paulatinamente va perdiendo su capacidad de priorizar adecuadamente otras áreas de su vida y el internet comienza a aparecer como un eterno primer ítem de esa lista.

Síntomas de la adicción al internet

La adicción a la web no es necesariamente una patología silenciosa. La verdad es que esta rápidamente puede comenzar a generar reacciones tanto físicas como mentales que pueden ser tomadas en cuenta a la hora de realizar un diagnóstico.

Por ejemplo, las personas adictas pueden llegar a mostrarse ansiones, agitadas y asustadas con frecuencia. Asimismo, son propensas a cambios de humor radicales y rápidos, además de sentirse usualmente aisladas, solas e indefensas.

Comúnmente, estas personas tienden a evadir el trabajo y sentirse aburridas con las tareas rutinarias. Por lo que, la procrastinación es una actitud común es estas, aunque esta actividad desencadena otro proceso en el individuo que es el constante sentimiento de culpa por no estar realizando lo que debería.

Sin embargo, este sentimiento suele presentarse luego del uso del internet. Ya que, mientras la personas está conectada, puede llegar a sentir euforia, perder la noción del tiempo y también la capacidad de establecer prioridades o cumplir con horarios. Por si fuera poco, estos individuos suelen ser deshonestos con los otros y consigo mismos con respecto a la cantidad de contenidos que consumen en la web.

Por lo general, la mezcla de estas situaciones puede llevar al desarrollo de una depresión. Aunque, la ciencia aún discute sobre si la adicción es la generadora de esta o si, en realidad, se trata de una consecuencia.

Manifestaciones físicas de la adicción

Como si lo anterior no fuera suficiente, la adicción al internet también puede dejar secuelas físicas en la persona. Uno de los más obvios efectos negativos el uso excesivo de la web es el insomnio. Sin embargo, está lejos de ser el único.

Por la cantidad de tiempo que se pasa en una sola posición frente a la pantalla se pueden desarrollar problemas como el Síndrome del túnel carpiano, dolores de espalda y de cuello, ojos resecos y problemas de visión en general. Adicionalmente, otros problemas como mala nutrición y dolores de cabeza son comunes. Finalmente, la persona también puede comenzar a dejar su higiene personal de lado y experimentar cuadros descontrolados de subida o pérdida de peso.

Por los momentos, no existe un sistema que permita identificar la adicción al internet y diagnosticarla como tal. Algunos test ya se han creado y han sido puestos a la orden. No obstante, hacen falta más investigaciones para poder establecer puntos comunes en esta área. Debido a lo cual, por ahora, identificar este tipo de síntomas y comportamientos es la mejor forma de detectar la presencia de la adicción.

Existen diferentes tipos de adicción al internet

Así como existen algunos comportamientos comunes asociados a la adicción a la web, cuando profundizamos en esta nos damos cuenta de que no todos los adictos a ella son iguales. Al igual que con las drogas, existe una variedad de elementos que pueden ser los desencadenantes de una adicción en la persona.

Nuevamente, justo ahora no se tiene una diferenciación oficial de los diferentes tipos de adicción al internet que existen. Pero, afortunadamente, la ciencia ha logrado ponerse de acuerdo para señalar a algunos nichos comunes que podrían ser luego oficializados como categorías de este desorden.

Adicción al consumo de contenidos pornográficos

Ya sea que se trate de videos, chats o juegos sexuales, la adicción a estos puede causar problemas en la vida real de las personas. La normalización de los contenidos consumidos podría a la larga afectar la forma en que se relaciona con los demás y evitar que pueda tener relaciones de pareja sanas y estables.

Adicción a las relaciones online

Este problema, al igual que con la adicción a la pornografía web, tiene que ver con la capacidad de la persona de relacionarse con otros. En algunos casos incluso se presenta lo que ahora se conoce como “catfish”. En estas oportunidades, la persona se hace pasar por otra e incluso crea una nueva identidad para conversar con otras personas en la web.

Acá permanece en un estado alterado de la realidad por horas interactuando con individuos en internet. Luego, puede tener expectativas irreales para el contacto cara a cara y comenzar a aislarse de las relaciones presenciales, lo que la empuja con más fuerza a guarecerse en las amistades que ha hecho en línea.

Adicción a las transacciones web

En este caso, el punto de interés que mantiene a los individuos pegados a su pantalla son las posibilidades transaccionales de la web. Por esto, se ven atraídos hacia espacios como sitios de apuestas digitales, tiendas virtuales, subastas y demás.

Un uso desmedido de estas plataformas podría acarrearle a la personas problemas de inestabilidad económica. Incluso, si son muy absorbentes, también podrían afectar su rendimiento laboral y causar que pierdan su empleo.

Adicción a la búsqueda de información

Efectivamente, el internet es un vasto mundo de conocimientos en el que podemos perdernos por horas. Sin embargo, el poder hacerlo no implica que en realidad debamos. Cuando la curiosidad se convierte en un deseo compulsivo de acumular y organizar información, podríamos estar frente a un problema. Este problema puede afectar sobre todo las capacidades de trabajo de una persona y terminar causando su despido.

Adicción a los videojuegos

De entre todos, este es uno de los más reconocidos, debido a la interminable fila de padres que se preocupan por la cantidad de horas que sus hijos pasan con los videojuegos. Desde los más básicos como el Solitario, hasta los más nuevos modelos de juegos de video como RPGs y demás en la PC se han convertido en una fuente de distracción para el mundo.

Particularmente, este desorden se ha relacionado en general con la adicción a las computadoras. Cuando se hace presente, puede mermar de forma sustancial la capacidad de trabajo o de estudio de un individuo.

¿Esta adicción se puede tratar?

Por ahora, como con muchos otros detalles referentes a la adicción al internet, no se tienen datos concretos sobre sus tratamientos. Sin embargo, sí es posible encontrar variadas opciones en la actualidad que se usan para enfrentar las diferentes presentaciones y niveles de la adicción.

En primera instancia, el paso principal que se debe dar es reconocer el problema. Para esto, la propia persona puede hacer un proceso de introspección o, si esto no se da, la familia y amigos pueden hacer una intervención para comunicarle su preocupación.

Luego de esto, existen variadas opciones terapéuticas que van desde sesiones individuales, grupales o familiares de terapia convencional hasta el uso de estrategias como la modificación de comportamientos, la terapia dialéctica de comportamiento o la terapia cognitiva de comportamiento.

Por otra parte, algunas alternativas menos comunes como la terapia equina, la recreacional o la del arte también han mostrado ser opciones favorables. En los casos más severos, que impliquen otras condiciones mentales adicionales a la adicción, se puede pensar también en medicación supresora de impulsos.

Para finalizar, ya también existen organizaciones dedicadas a ofrecer su apoyo a personas que presenten esta condición. Por lo que, si sientes que tú o un ser querido están pasando por este tipo de situación, no dudes en buscar la ayuda que los profesionales están dispuestos a brindar.