Desde finales del año 2019, el mundo ha sido testigo de la propagación de una pandemia que afecta el sistema respiratorio, una enfermedad oficialmente conocida como COVID-19, la cual es provocada por la infección del coronavirus SARS-CoV-2.

El vertiginoso avance de la enfermedad, llevó a países de todo el mundo a imponer drásticas medidas para controlar el avance de la pandemia. No obstante, en la actualidad (29 de abril) se reportan cerca de 3,2 millones de casos confirmados y más de 225.000 muertes.

Un factor determinante

Aunque científicos e instituciones de todo el mundo realizan grandes esfuerzos para encontrar un tratamiento o vacuna, aún no se cuenta con ninguna opción farmacológica para hacerle frente al coronavirus, y cuatro meses después de que surgiera la amenaza en China, todavía hay preguntas por responder.

Por poner un ejemplo, aún no está claro si, y de ser así, por cuánto tiempo, las personas que se recuperan de la infección desarrollan inmunidad al coronavirus. Sin embargo, se cuenta con un perfil claro de las personas más susceptibles a la infección coronavírica.

Parece poco probable que los niños infectados tengan síntomas más que leves, mientras que las personas de 60 años o más, así como aquellos con problemas de salud subyacentes, como asma o presión arterial alta, enfrentan riesgos dramáticamente más altos.

Tener un historial de tabaquismo aumenta significativamente las posibilidades de desarrollar el síndrome de dificultad respiratoria aguda, etapa crítica del COVID-19.

Un factor que puede ser determinante en cómo el coronavirus afecta a los pacientes es tener un historial de tabaquismo. De acuerdo a investigaciones recientes, es muy probable que fumar, y probablemente vapear, aumenten las posibilidades de desarrollar síntomas graves y complicaciones que pueden ser mortales.

Los datos sobre pacientes chinos diagnosticados con COVID-19 han sugerido que una historia de tabaquismo es el factor de riesgo más grande para complicaciones graves, aumentando el riesgo de muerte hasta 14 veces. Esto puede explicarse, al menos en parte, por el hecho de que fumar tiene el potencial de aumentar el receptor de la enzima convertidora de angiotensina-2 (ACE2), que ha demostrado ser “la puerta de entrada” celular del coronavirus.

El receptor ACE2 se expresa específicamente en un subconjunto de células alveolares en el que los genes que regulan la reproducción y transmisión viral se expresan altamente. Por lo tanto, los fumadores son más susceptibles a la enfermedad COVID-19.

Antecedentes de tabaquismo

En realidad, esto sorprende a pocos. Se sabe que los fumadores contraen más enfermedades respiratorias. Las personas que fuman tienen un 34 por ciento más de probabilidades de contraer la gripe, y el hábito está constantemente asociado con un mayor riesgo de ingresos hospitalarios después de la infección por gripe.

La mortalidad general es mayor en los fumadores, quienes también tienen mayores tasas de padecer neumonía bacteriana y tuberculosis. Además, muchas muertes por COVID-19 se han asociado con condiciones de salud subyacentes, particularmente enfermedades cardiovasculares, de las cuales alrededor del 10 por ciento se atribuyen al tabaquismo.

Investigaciones recientes han demostrado que fumar está asociado con un mayor riesgo de desarrollar el síndrome de dificultad respiratoria aguda, etapa crítica del COVID-19. Un estudio basado en 1.099 pacientes mostró que el 31,7 por ciento de los que tenían antecedentes de tabaquismo, presentaron enfermedad grave de COVID-19 en el momento del ingreso hospitalario, en comparación con el 14,5 por ciento registrado entre los que nunca fumaron.

Fumar es el factor de riesgo más grande para desarrollar las complicaciones graves del COVID-19, aumentando el riesgo de muerte hasta 14 veces.

Asimismo, el 16,2 por ciento de los pacientes con antecedentes de tabaquismo registraron un evento de punto final primario (es decir, ingreso a la unidad de cuidados intensivos, uso de ventilación mecánica o muerte), en comparación con el 4,7 por ciento entre los que nunca fumaron.

En el caso particular de España, uno de los países más afectados por la pandemia, la mayoría de los fallecidos, aproximadamente el 96 por ciento, corresponden a pacientes mayores de 60 años, de los cuales alrededor del 45 por ciento padecían afecciones de salud preexistentes, incluidas enfermedades cardiovasculares.

Curiosamente, aunque los hombres y las mujeres españolas presentan tasas similares de contagio, los hombres han muerto de COVID-19 a una tasa significativamente más alta (4,4 %) que las mujeres (2,5 %).

La evidencia emergente sugiere que estas discrepancias podrían deberse a diferencias de género, como los patrones y la prevalencia del tabaquismo. Según datos del año 2017, el 25 por ciento de los hombres son fumadores, mientras que el 18 por ciento de las mujeres fuman. Esta podría ser la explicación de por qué en España mueren más hombres por COVID-19 que mujeres.

Referencia: COVID-19 outbreak impact in Spain: A role for tobacco smoking? Tobacco Induced Diseases, 2020. https://doi.org/10.18332/tid/120005