La pandemia del coronavirus claramente se ha expandido por el mundo, pero no de una manera uniforme. Actualmente, es fácil determinar qué naciones se encuentran exponencialmente más afectadas por el virus que otras.

Nombres como Estados Unidos, Italia y España pueden llegar rápidamente a nuestra mente. Igualmente, estas tres naciones cuentan con las cifras totales de fallecidos más altas en todo el mundo.

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Pero, paradójicamente, ninguna de ellas posee la tasa de mortalidad más alta. En estos momentos, este tétrico título le pertenece a Bélgica. Por ahora, el país ha reportado un aproximado de 48 mil casos y poco más de 7.500 muertes.

Esto hace que su promedio de fallecimientos por cada 100.000 habitantes indique a 62 individuos. En otros países notoriamente más afectados, como EE.UU. este promedio es de 19 personas por cada 100.000 habitantes.

La diferencia entre una nación y otra son notorias. Por lo que las miradas del mundo han virado para posarse sobre Bélgica en la búsqueda de una explicación para este alto número de fallecimientos en su territorio.

El secreto está en el conteo

Lo que ha hecho que la tasa de mortalidad de Bélgica se dispare con relación a otros países no ha tenido que ver con la enfermedad como tal. De hecho, estas claras diferencias numéricas aparecen por el modo en el que el país belga contabiliza los fallecimientos por el coronavirus.

En la mayor parte del mundo, solo se consideran dentro de los conteos a los individuos que fueron analizados por el COVID-19 y dieron positivo. Debido a lo cual, generalmente en los conteos solo se reflejan a los individuos que estaban internados en los hospitales.

Para Bélgica, esta forma de contabilizar las muertes deja muchas variables fuera de las cifras. Por ejemplo, lo que hace la diferencia para este país es que también incluye en sus números las muertes por casos “sospechosos” o “posibles” del coronavirus y no solo aquellos que estuvieran probados.

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Entre estos casos posibles se encuentran todas las muertes que actualmente se dan en asilos de ancianos –espacios que no solo se han visto fuertemente golpeados durante la pandemia, sino que están llenos de individuos que forman parte de la población de riesgo.

Esta medida le ha traído a Bélgica muchas críticas pues se considera que podría estar inflando los números sin motivo. Ya que, si usara los sistemas de conteo de otros países, sus cifras de fallecimientos podrían tener una disminución de hasta el 50%.

Cada quien a su manera

Bélgica es casi el único país que ha adoptado esta medida en el mundo, y definitivamente ha sido solo este el que la ha adoptado desde un principio. A inicios de este mes, países como Francia, que solo contaban las muertes en hospitales, comenzaron también a incluir los conteos de fallecimientos en asilos de ancianos.

Por su parte, otros territorios altamente afectados como Italia solo cuentan la muerte si la persona fallecida dio positivo en una prueba del coronavirus –sin importar si la causa real de muerte fue esta enfermedad u otra circunstancia. De forma similar, España solo agrega a sus conteos los decesos que ocurren en los hospitales.

Esta diferencia permite a Bélgica actuar más rápido

Para el país belga, justamente esta diferenciación es la que le ha permitido mantener la infección bajo control. A pesar de que ha sido una de las naciones que menos medidas estrictas ha tomado, los contagios no han sido excesivos y su sistema de salud no se ha visto abrumado por la enfermedad.

En estos momentos el país no es capaz de realizar una prueba masiva a sus 11 millones de habitantes. La nación lo sabe, y por motivos como estos han optado por lo que consideran como la opción más segura. Ya que, si no puedes hacer un despistaje de toda la población, lo mejor es contar de más, en lugar de dejar pasar posibles infecciones y que estas se expandan.

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Su método actual les permite rastrear rápidamente a los contactos de un paciente luego de su deceso, estuviera o no hospitalizado. De esta forma puede cortar las cadenas de contagio, ya sea que estas estén confirmadas o no.

Para mediados de este mes, se reveló al mundo que la mitad de los fallecimientos por COVID-19 registrados en Bélgica habían ocurrido en asilos. Muy probablemente no todos los registrados fueron directamente a causa del coronavirus. Sin embargo, considerarlos a todos como tal fue lo que permitió detectar brotes verdaderos de forma temprana y evitar su dispersión.

¿Transparencia o exageración?

Este método belga no ha pasado por el mundo sin recibir críticas. Como lo hemos mencionado, se lo ha tachado de exagerado por inflar las cifras más de lo necesario. Incluso, muchos países europeos han sugerido que cambie su método de contabilización.

No obstante, esta no parece ser una opción que Bélgica vaya a considerar pronto. Como una muestra de esto nos podemos remitir a las declaraciones de su primera ministra, Sophie Wilmès, en el Parlamento. Allí ella alegó que “el gobierno decidió ser completamente transparente al comunicar las muertes vinculadas al covid-19, aunque eso exagerara los números”.

De este modo, sienten que sus números pueden ser mucho más apegados a la realidad posible de la enfermedad. Además, consideran que estos pueden estar dando una perspectiva más realista del avance de la enfermedad y de su mortalidad.

Efectivamente, en promedio alrededor de 100 personas mueren diariamente en los asilos de ancianos. Por esto, al menos una centena de fallecimientos diarios aún se registran en el país. Es claro, de nuevo, que no todos podrían ser por COVID-19, pero es mejor tener algunos de más en la cuenta que dejar posibilidades por fuera de ella.

Las “cifras reales” de otros países podrían ser más preocupantes

Esto nos lleva a considerar los sistemas de conteo que se están utilizado en el resto del mundo. Si otros países como Italia o España o incluso Estados Unidos usaran este estilo, el panorama en todos ellos podría ser mucho más oscuro.

Un reciente análisis realizado en Financial Times ha indicado que, exactamente, podría ser un 60% más oscuro. Es decir que, en la actualidad, la forma de registrar los fallecimientos en el mundo podría estar registrando menos de la mitad de las muertes que realmente se producen a causa del COVID-19.

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La otra historia: la respuesta sanitaria belga

Para defender su postura, los expertos belgas comentan que el número de fallecimientos ni siquiera es el modo más efectivo para medir la calidad de las acciones tomadas por un país ante esta crisis sanitaria. En realidad, tal vez la mejor manera sería observar la forma en la que su red de salud ha logrado responder a esta.

Por este ámbito, Bélgica se lleva todas las estrellas doradas. Incluso durante este abril que el país experimentó un leve brote veloz de la enfermedad, sus sistemas de salud nunca se vieron superados en capacidad. De hecho, incluso en sus momentos más ocupados solo llegaron a ocupar el 60% de los recursos que estaban disponibles para atender a los enfermos.

Asimismo, ahora que parece estar planeando un intento de regresar a la normalidad, el gobierno ha asegurado algunas ayudas adicionales para sus ciudadanos. Además de todos los mecanismos que ya mantiene activos, también planea hacer llegar a todos sus ciudadanos, en el menor tiempo posible, mascarillas de tela lavable con dos filtros de aire intercambiables y esterilizables.

¿Fin del confinamiento?

Otro de los motivos por los que las miradas se han vuelto hacia Bélgica, además de su ya mencionado alto reporte de fallecidos, tiene que ver con una de sus más recientes decisiones. Al parecer, el país ya considera que es momento de ingresar a una “nueva normalidad”.

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Para esto, relajará incluso más sus medidas ya laxas para permitir la apertura de espacios públicos y de comercios en los siguientes dos meses. Consideran que para junio ya podrían estar abriendo de nuevo al público lugares como cines y también desarrollando actividades comunes como conciertos o sesiones de cine al aire libre.

Eso sí, todo esto aún bajo medidas de distanciamiento social y uso de tapabocas. Para estos momentos, el uso de este último aún es más una sugerencia que una obligación. No obstante, afortunadamente el pueblo belga ha mostrado ser responsable con esta situación. Debido a lo cual, entre las acciones poco ortodoxas pero rápidas del gobierno y las acciones cívicas individuales han logrado crear una estabilidad suficiente como para empezar considerar volver relativamente pronto a las actividades cotidianas.

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