Las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la posibilidad de usar desinfectantes y rayos UV para combatir el COVID-19 en el organismo le han dado la vuelta al mundo. El mandatario se ha defendido de las críticas y burlas sobre sus palabras al comentar que las decía de forma “sarcástica”.

Sin embargo, sarcásticas o no, estas no han tardado en mostrar sus efectos negativos en la población. Tan solo en las 18 horas que sucedieron al discurso del presidente, las llamadas al Centro de Control de Envenenamiento de Nueva York por intoxicación con desinfectante no se hicieron esperar.

Según lo dicho por Patrick Gallahue, portavoz del Departamento de Salud neoyorquino, hubo al menos 11 casos de intoxicación con variados productos de limpieza del hogar. Asimismo, se registraron 10 incidentes relacionados con exposición al cloro y otros 9 que involucraban directamente productos de la marca Lysol.

Durante el año pasado, en el mismo periodo de 18 horas, se reportaron 13 casos de posibles intoxicaciones, en comparación con los 30 que se hicieron presentes en esta oportunidad. El problema ha sido tal que la propia empresa, Lysol, ha liberado un comunicado advirtiendo que sus productos nunca deben ser ingeridos ni inyectados bajo ninguna circunstancia.

Un problema de fondo

Como podemos ver, los problemas por intoxicación en los Estados Unidos, a pesar de no ser tan comunes como se han vuelto tras las declaraciones de Trump, tampoco eran escasos. Actualmente, la cantidad de accidentes de este estilo ha tenido un incremento del 20% con relación al 2019, según la información dada por el Sistema Nacional de Datos de Envenenamiento.

Sin embargo, ya el año pasado se presentaban casos en los que las personas llamaban pidiendo orientación después de que ellos o sus hijos ingirieran accidentalmente cantidades de estos compuestos. Ahora, con los eventos recientes en la TV, quienes no estén bien informados podrían incluso a llegar a creer que esto está bien y que no hay ningún problema. Lo que, claramente, está destinado a convertirse en un caso más de intoxicación que atender.

Para evitar esto, la mejor herramienta que se tiene es la información. Por ello, es importante entender qué hace a los desinfectantes tan efectivos y, con más especificidad, por qué nunca deberían estar en nuestro cuerpo.

Destructores indiscriminados

En efecto, un desinfectante bien concentrado es capaz de eliminar los virus de las superficies en tan solo 30 segundos. Estos elementos son básicamente unos compuestos capaces de desintegrar los virus.

Al estar compuestos por hipoclorito de sodio principalmente, estos son, en esencia, sustancias capaces de descomponer materia orgánica cuando entran en contacto con agua y forman el ácido hipocloroso. En efecto, los virus están compuestos con materia orgánica y, por tanto, son altamente susceptibles a los ataques de los limpiadores. Pero, el detalle está en que nuestras células también están hechas de la misma materia –y el desinfectante, si es ingerido, no va a hacer distinciones entre una y otra, las atacará a todas por igual.

Los desinfectantes no deben estar en el organismo bajo ningún respecto

Las concentraciones extremadamente bajas de algunas soluciones como la lejía pueden servir para tareas como la purificación del agua. Sin embargo, esto debe ser hecho con extremo cuidado y en las proporciones correctas, o se corre el riesgo de ocasionar daños al tracto digestivo.

Un limpiador común colocado directamente sobre la piel, dependiendo de su nivel de concentración, puede causar desde enrojecimientos e irritación hasta ampollas. Finalmente, intentar inyectarlo en la sangre hará que el componente ataque los vasos sanguíneos, las células y también los órganos a los que llegue.

Pero… ¿y los geles y las toallitas?

Es cierto, existen algunos desinfectantes diseñados para al menos poder ser utilizados sobre la piel. No obstante, estos se encuentran lo suficientemente diluidos como para que no causen daños. Aun así, ninguno de ellos admite tampoco ser ingerido, ya que allí también comenzarían a causar daños al organismo.

El jabón es el mejor aliado… pero tampoco se ingiere, nunca

Los expertos y organizaciones como la CDC (Center for Disease Control and Prevention) continúan recomendando que, si se quiere mantener la piel libre de virus dañinos, no hay mejor aliado que el jabón. Su forma de actuar únicamente sobre la grasa superficial de la piel permite que este ataque el revestimiento de los virus y los inhabilite sin que esto afecte a nuestra dermis. Pero, eso sí, este tampoco es un elemento que haya sido pensado para ser ingerido.

¿Y qué pasa con los rayos UV?

El otro comentario sorprendente que dejó salir Trump durante su alocución tuvo que ver con el uso de luz ultravioleta en el cuerpo para eliminar a los microorganismos. En realidad, los rayos UV sí se utilizan en hospitales para esterilizar los espacios como las unidades de cuidados intensivos, cuarentena, salas de cirugía, etc.

Esto se debe a que las acciones se su longitud de onda más corta (UVC) son capaces de atacar y destruir el ARN y ADN de los virus. Sin embargo, en los hospitales nunca se utiliza cuando aún hay personas dentro de la habitación… y hay un motivo.

La luz ultravioleta – otra asesina peligrosa

Al igual que con los desinfectantes, la acción de los rayos UVC es indiscriminada. Por lo que, mientras ataca y elimina los virus, paralelamente estará mancillando nuestras propias células y generando daños en los tejidos.

Entre las posibles afecciones que pueden causar estos rayos al sobreexponer al organismo nos encontramos con algunas que van desde quemaduras solares, hasta el daño de la córnea y el cáncer de piel.

Con la tecnología actual, una lámpara pequeña de luz UVC sí podría introducirse en el organismo. Pero, esto podría producir más daños que beneficios. Una vez adentro, la luz nunca será capaz de alcanzar todos los rincones, por lo que las partículas del virus no serán erradicadas por completo y podrán volver a multiplicarse.

¿Lo peor del caso? Lo que sí es seguro es que en el camino la luz UVC le ocasionará daño celular a los tejidos de los pulmones. Debido a lo cual podrían quedar incluso más desprotegidos cuando la infección haga su regreso.

¿Ya hay un tratamiento directo para el coronavirus?

Un tratamiento directo contra el COVID-19, a diferencia de los elementos ya mencionados, estará desarrollado específicamente para atacar al SARS-CoV-2. Por lo que, su uso no deberá representar ningún tipo de daño celular para el cuerpo.

Por ahora, las investigaciones sobre la posibilidad de crearlo siguen en curso y se están evaluando infinidad de medicamentos. Mientras tanto, se prueban alternativas también como el uso del plasma para inmunizar al organismo. Esto, combinado con las medidas de prevención e higiene, hacen la mezcla más efectiva para mantener al coronavirus a raya mientras llega la cura.

Lastimosamente, a pesar de los estudios realizados, aún no se ha detectado un tratamiento que sea efectivo contra esta enfermedad. Sin embargo, podemos tener por seguro que, sin importar cuál surja en el futuro, ninguno tendrá que ver ni con rayos ultravioleta, ni con desinfectantes.