Nuestro cerebro recibe continuamente señales tanto internas como externas. Puede que seamos más conscientes de las que provienen del medio ambiente, pero en lo que respecto a los procesos corporales internos, por lo general los desconocemos.

Un ejemplo de ello son los latidos cardíacos, que aunque seamos poco conscientes de ello, pueden afectar la forma en que percibimos las cosas. Ahora en una publicación reciente un equipo de investigadores ha explicado dos formas distintas en las que los latidos de nuestro corazón pueden modular la percepción consciente.

En la sístole no percibimos ciertas cosas

Hasta ahora, se sabía que un corazón con un ritmo regular, se contrae en lo que se conoce como la fase sistólica y bombea sangre al cuerpo. Luego está la fase diastólica, donde la sangre fluye hacia atrás, permitiendo que el corazón se llene de nuevo.

Un estudio previo había informado que la percepción de los estímulos externos cambia en función de los latidos del corazón. En la sístole, hay menos probabilidad de que detectemos estímulos eléctricos débiles en el dedo en comparación con la diástole.

Pero el nuevo estudio ha proporcionado una explicación para estos cambios en la percepción somatosensorial asociados con el ritmo cardíaco, la cual sugiere que la actividad cerebral cambia a lo largo del ciclo cardíaco.

Durante la sístole, se suprime un componente específico de la actividad cerebral relacionado con la conciencia llamado componente P300, lo cual puede hacernos menos propensos a percibir ciertas cosas. Dicho de manera más sencilla, en la sístole el cerebro se asegura de que cierta información se mantenga a raya en la experiencia consciente del individuo.

Menos conscientes del exterior

Pero esta no es la única forma en que los latidos del corazón pueden afectar la percepción de las personas. En sus estudios, los investigadores también descubrieron que, si el cerebro de una persona muestra una respuesta más alta hacia el latido, se detecta menos el estímulo. Es decir, la señal externa en este contexto pierde prioridad en comparación con la interna (el latido).

“Esto parece ser el resultado de dirigir nuestra atención entre señales ambientales externas y señales corporales internas”, explica el autor del estudio, Esra Al.
Se trata de algo fascinante: cuando estamos más concentrados en el funcionamiento interno de nuestro cuerpo, cuando prestamos atención a nuestra circulación y los latidos de nuestro corazón, somos menos conscientes de los estímulos del mundo exterior.

Referencia:

https://www.pnas.org/content/early/2020/04/24/1915629117