El coronavirus ha puesto al mundo entero en una situación inesperada. En poco más de dos meses se convirtió en una pandemia y al llegar a los tres había ocasionado el cierre de las fronteras en prácticamente todo el planeta.

Ahora, con el cierre del cuarto mes desde la aparición de esta enfermedad, el mundo aún está encerrado. Debido a la falta de vacunas o tratamientos específicos contra el COVID-19 la mejor medida para combatirlo continúa siendo la prevención.

No obstante, a medida que el tiempo pasa, se hace cada vez más difícil para las naciones mantener sus restricciones preventivas mientras que se continúa con el funcionamiento del aparato productivo.

Como una respuesta a este problema los matemáticos Miquel Oliu-Barton,  Bary S. R. Pradelski y Luc Attia publicaron una nueva propuesta en el EsadeEcPol – Center for Economic Policy & Political Economy y un artículo divulgativo en The Conversation. Con esta, presentan un modelo matemático que demuestra la apertura de las puertas a una alternativa para hacer frente a las cuarentenas.

Un punto medio

Uno de los grandes dilemas con los que muchas naciones se han encontrado es el de la “doble curva” de la crisis. En esta, se cree que el atender a la crisis de salud, podría llevar a un agravamiento de la económica, y viceversa.

Ya se sabe que esta percepción no es del todo cierta y que, con una fuerte inversión monetaria del Estado, se podrían palear ambas crisis con éxito y sin que una tenga un impacto negativo en la otra.

Sin embargo, no todas las naciones cuentan con el capital para llevar a cabo acciones como estas e, incluso aquellas que lo tienen, no parecen estar tan dispuestas a irse por este camino. Un ejemplo claro de ello son las medidas de varios países europeos que parecen preferir poner un fin a la cuarentena para evitar el avance de su ya latente crisis económica.

La nueva propuesta de estos matemáticos podría abrir un camino justo en el medio que implique una verdadera acción para superar ambas crisis sin que una interfiera negativamente con la otra. Esta básicamente implica la zonificación de los espacios y la creación de áreas “verdes” o “seguras” en las que las personas puedan retomar sus actividades diarias.

En otras palabras, se deben delimitar “las áreas donde el sistema sanitario es operacional, la tasa de infección es baja y los riesgos futuros aparentan ser manejables” según las palabras de los matemáticos en su escrito publicado en The Conversation.

Por otro lado, aquellas zonas donde el coronavirus aún esté presente podrían mantener las medidas más estrictas mientras al menos algunas áreas del aparato productivo del país al que pertenecen se reactivan.

Las ventajas de la zonificación

Por los momentos, se están aplicando en algunas partes del mundo (como Francia) la posibilidad de que las personas salgan de sus hogares. La restricción en este caso indica que estas no pueden estar a más de 1 km de distancia de estos.

En teoría, este sistema busca evitar la formación de cadenas de contagio al restringir la movilidad de los habitantes. Pero, “personas que vivan a 2 km de distancia podrían aún compartir un mismo supermercado” lo que implicaría que los rangos de contagio siguen siendo mucho más amplio que ese kilómetro que se ha permitido.

Según la apreciación de los matemáticos, la efectividad de los cortes en las cadenas de contagio sería mayor si se zonificaran los sectores. De este modo, las personas tendrían la posibilidad de moverse libremente dentro de un espacio más extenso, pero que se encontrara totalmente aislado de otras áreas y sectores colindantes.

Gracias a esto, la labor de confinar el virus podría ser más sencilla y, las áreas que no lo presentaran podrían retomar sus actividades cotidianas con relativa normalidad. En países como China, durante el brote en la ciudad de Wuhan se aplicaron medidas similares. Ya todos sabemos que estas fueron altamente efectivas.

Las “zonas verdes”

Ahora, las “zonas verdes” que proponen, específicamente se tratan de zonas seguras, libres de coronavirus, que pueden funcionar como un motor productivo independiente. En otras palabras, una zona verde no puede ser solo un poblado si la mayoría de la fuerza de trabajo de este debe desplazarse a otra área para trabajar.

En estos casos, si ambos sectores se encuentran libres del COVID-19 se podría crear una zona verde conformada por la sumatoria de ambos. De este modo, este espacio podría funcionar de forma relativamente independiente. Todo esto mientras, de igual modo, con los bloqueos “fronterizos”, por así decirles, lo mantienen alejado del coronavirus.

Los espacios delimitados podrían incluir desde 5 mil hasta 100 mil habitantes. Para decidir, unos de los factores más influyentes serían detalles como el antes mencionado sobre las áreas que requieren un desplazamiento de la fuerza de trabajo. Asimismo, influirían otros como la cantidad de lazos económicos que tengan determinadas zonas entre sí.

La clasificación

Para empezar, el método de categorización para los territorios que los matemáticos proponen es sencillo. Las “células” o áreas delimitadas podrán ser rojas o verdes dependiendo del estado de la infección en su territorio.

En pocas palabras, las zonas rojas serán aquellas donde la cuarentena y medidas preventivas deberán mantenerse debido a la presencia del COVID-19. Mientras que, por otro lado, las células verdes serán las que no muestren rastros de este y que, por lo tanto, puedan regresar a sus actividades normales.

Un crecimiento paulatino

Un detalle importante a mencionar sobre el funcionamiento de las células es que estas están diseñadas para poder modificarse con el tiempo. A medida que el sistema vaya dando frutos y más células verdes converjan en un mismo espacio, estas se podrían fusionar. De esta forma, se contaría cada vez con un territorio más grande, seguro y libre del virus en el que los ciudadanos se podrían movilizar.

Por otro lado, en el caso contrario –de que un nuevo brote aparezca en una zona verde, volviéndola roja–, se podrían tomar acciones para volver a bloquear esa área y cualquier otra que presente posibilidades de un nuevo brote hasta que sea seguro reabrirlas. A largo plazo, este tira y encoge, si se aplica adecuadamente, podría decantar en la unificación de ciudades enteras como una misma zona verde.

Una clasificación extra, por si las dudas

Específicamente para los casos en los que se sospeche de una célula verde pero no se tengan aún las pruebas, los matemáticos recomiendan el uso del color amarillo para identificarla. De este modo, se podría saber que estas zonas requieren precauciones extra y también un seguimiento más estricto para evitar sorpresas.

El regreso a la normalidad sería menos accidentado

Si se aplicaran adecuadamente todas estas medidas, bajo el consejo de expertos médicos, epidemiólogos y económicos en cada país, los resultados no se harían esperar. Como lo hemos dicho, este sistema está diseñado para ofrecer lo mejor de los dos mundos: una alternativa segura para reactivar la economía y un modo de mantener al coronavirus a raya.

Claramente este no se trataría de un proceso fácil, de hecho, podría vérselo como una “estrategia [que] implicaría la desconstrucción de la sociedad en sus unidades fundamentales, antes de reconstruir la sociedad con esas mismas unidades.”

Sin embargo, sus resultados podrían valer el esfuerzo. El aplicar la zonificación implicaría una posibilidad única de reactivar poco a poco a las sociedades sin poner en peligro su salud. Justo lo que el mundo necesita en estos momentos.

Una “estrategia de salida”

Hasta ahora, nos hemos enfocado en medios para hacerle frente a la enfermedad y sus consecuencias. La propuesta de los matemáticos es que es momento de comenzar a pensar en “estrategias de salida”. Unas que nos permitan ir más allá de los límites que el COVID-19 ha impuesto.

Claramente la zonificación podría presentar un problema en muchas poblaciones porque implicaría un nivel de control gubernamental que no es común en muchas sociedades. Los últimos meses nos han mostrado que este es mucho más común y efectivo en naciones orientales.

Pero, aun así, de tener el visto bueno del público, podríamos ver cómo: “A través del aumento progresivo de zonas verdes, tendríamos la oportunidad de reconstruir nuestra interactividad social y económica de forma segura, eficiente y rápida”.

Referencia:

Exit strategy: from self-confinement to green zones: https://www.esade.edu/itemsweb/wi/research/ecpol/EsadeEcPol_Insigth6_Exit_Strategy.pdf