Nombres como el de la cloroquina y el de la hidroxicloroquina ya no nos son extraños. Este medicamento y su derivado menos fuerte se han vuelto reconocidos en todo el mundo debido a la relación que se hizo entre estos y el coronavirus.

En unos primeros análisis, se llegó a creer que estos podían ser la respuesta para luchar contra los síntomas de la enfermedad. Sin embargo, rápidamente se pudo notar que esto no era tan cierto.

Aunque en la teoría la cloroquina, y sobre todo su derivado, la hidroxicloroquina, podían llegar a ser altamente efectivos, aún no ha aparecido la primera prueba concreta de esto. Por ahora, siguen siendo funcionales para lo que fueron creadas, combatir enfermedades como la malaria y el lupus.

Ahora, esta capacidad está siendo mermada por las olas de personas que siguen adquiriendo el medicamento para hacer frente al COVID-19. Rápidamente esto ha generado la escasez del producto que, en estos momentos, está comenzando a afectar a quienes lo requieren como parte de su tratamiento estándar.

La escasez de hidroxicloroquina pone en riesgo a pacientes con lupus

Países como Nigeria y Colombia, por poner un par de ejemplos separados por el océano, los problemas de abastecimiento son muy similares. La demanda por la hidroxicloroquina ha aumentado de tal manera que la disponibilidad de esta es cada vez más rara.

Por su lado, Nigeria que la obtiene de manufactureros asiáticos tiene cada vez más problemas para concretar las compras. Con tantos países demandando la medicina, las ventas se convierten en una subasta al mejor postor y las naciones más pudientes siempre salen beneficiadas.

Del otro lado del océano nos encontramos con Colombia que cuenta con sus propias fábricas de este medicamento. Pero, esta tampoco ha podido hacer frente a la nueva demanda y el producto ha comenzado a desaparecer de sus tiendas virtuales –y se encuentra en camino a hacerlo también de las tiendas físicas.

En ambos casos, esto se ha convertido en un problema directo para los pacientes que sufren de enfermedades como el lupus. La hidroxicloroquina es el único medicamento capaz de combatir los efectos de esta enfermedad autoinmune sin causar desequilibrios en el sistema inmunológico. Por lo que, su falta podría significar una recaída para muchos individuos en ambas naciones.

Las mujeres embarazadas están en más riesgo

De entre este grupo de riesgo que componen los pacientes con lupus, las mujeres son claramente la gran mayoría. Según la Lupus Foundation of America, al menos el 90% de los pacientes diagnosticados con lupus son mujeres con un rango de edad entre los 15 y los 44 años.

Asimismo, de entre este 90%, el sector que se encuentra en más peligro son aquellas mujeres que estén embarazadas. Puesto que, no solo su vida podría estar en riesgo, sino también la de su bebé.

El no estabilizar una enfermedad como el lupus con la hidroxicloroquina se puede traducir en el desarrollo de problemas graves como la mortalidad materna y la disminución de posibilidades de que el bebé salga vivo del parto. Sumado a esto, esta carencia de tratamiento también puede implicar que el neonato podría venir al mundo sufriendo los dolores y problemas característicos de la enfermedad.

Como lo hemos mencionado, el cambiar de medicamento podría ser contraproducente y causar más daño al sistema inmunológico que la propia enfermedad. Por lo que, el único modo de garantizar la seguridad de esta población de riesgo es a través del abastecimiento constante de hidroxicloroquina.

El mundo verá las consecuencias antes de lo que cree

En efecto, la falta de este medicamento afectará notoriamente a las mujeres embarazadas. Pero, la verdad es que todos los que padezcan esta enfermedad tendrán que lidiar con las consecuencias de la carencia del medicamento.

Las recaídas de este porcentaje de la población a causa de la enfermedad luego se traducirían en otros problemas como el absentismo laboral o el deterioro de la salud mental de los individuos. Además, mucho de esto se vería potenciado por el aumento del dolor y la fatiga percibidos por cada uno de estos.

Por ahora no existen estudios que demuestren qué tanto tiempo pueden permanecer estas personas sin el medicamento sin que haya consecuencias graves. Del mismo modo, tampoco hay detalles sobre cuánto se pueden disminuir las dosis sin que pierdan su efecto.

De lo que sí podemos estar seguros es de que la situación actual no es sostenible. Por lo que, la única solución es cortar de raíz el problema de escasez que sufre la hidroxicloroquina en estos momentos.

El pánico por el COVID-19 no ha dejado a los ciudadanos pensar claramente

Los últimos estudios sobre la cloroquina y sus derivados en relación con el coronavirus han sido desalentadores. Algunos han sido suspendidos por complicaciones cardiacas en los pacientes de COVID-19 y otros incluso la han relacionado con un alto riesgo de mortalidad para estos.

Sin embargo, estos hallazgos no han sido suficientes para detener a las multitudes. Otro país que también ha visto desaparecer la hidroxicloroquina de sus anaqueles ha sido Estados Unidos. Asimismo, gran parte de esto se ha debido a las declaraciones del presidente, Donald Trump, en las que, sin tener pruebas, presentó a este medicamento como una opción segura.

Su declaración rápidamente se derivó en un lamentable fallecimiento y, pocas semanas después, Trump tuvo que dejar de apoyar públicamente el medicamento. No obstante, esto tampoco ha servido para calmar a las masas.

La verdad es que, hasta la actualidad, estas siguen viendo en la hidroxicloroquina una posibilidad para salvarse del contagio o curar la enfermedad por su cuenta. No obstante, esto no será posible hasta que todas las instituciones ofrezcan un frente unido que presente una campaña fuerte en contra del uso de este medicamento.

Por el estado actual de las cosas, sacarles a las personas la idea de las bondades de la hidroxicloroquina será difícil. Pero, con un adecuado trabajo conjunto y una campaña que luche contra la desinformación al respecto –tal como lo han hecho con otros temas relacionados al coronavirus–, podría ser la solución a este tema. De esta forma, la escasez terminaría y los pacientes que realmente requieren la medicina podrían acceder a ella nuevamente.