La hepatitis C, un poco menos conocida que su prima, la hepatitis B, es una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos 73 millones de personas en todo el planeta están contagiadas con este virus. No obstante, no todos saben que lo tienen.

En los casos en los que la enfermedad se presenta con fuerza, esta puede causar ictericia, cirrosis hepática y hasta cáncer de hígado si no es tratada. En estos momentos, existen tratamientos con los que poder hacerle frente. Sin embargo, estamos lejos de saber todo sobre esta condición.

Debido a esto, los investigadores del Instituto Karolinska no se han quedado de brazos cruzados. Su más reciente investigación se publicó este mes en la revista Gut y sus contenidos nos abren el panorama a nuevas posibilidades que vienen de la mano con el entendimiento de esta enfermedad.

Solo el 5% de los lactantes se contagian del virus a través de sus madres

Como ya se sabe, la hepatitis C, al igual que la B, se transmite principalmente a través de la sangre y sus fluidos derivados. Por este motivo, se ha explorado la posibilidad de que los bebés contrajeran la enfermedad desde su nacimiento cuando la madre está infectada.

Sin embargo, contrario a lo que se esperaría, solo el 5% de los neonatos parecen presentar síntomas de la enfermedad durante al menos su primer año y medio de vida. Esto ha sido registrado en otras oportunidades. Pero, ahora el equipo del Instituto Karolinska se ha dedicado a buscar el porqué detrás de un porcentaje de contagio tan bajo a pesar de los aparentes riesgos.

¿Qué hicieron?

Para poder dar una respuesta a esta pregunta se trabajó con 55 mujeres embarazadas en el Hospital de Maternidad No 16 (San Petersburgo, Rusia). De estas, para el momento del alumbramiento, 40 presentaban casos activos de hepatitis C crónica. Luego, el resto tenía aún en su organismo los anticuerpos correspondientes de una infección superada.

De las cuarenta mujeres activamente infectadas, solo tres de los bebés presentaron síntomas de haber contraído también la infección. En teoría, el sistema inmunológico de un bebé, que se encuentra todavía en formación, es más susceptible a las amenazas externas que el de un adulto. Entonces, ¿por qué tienen una resistencia tan notoria a la hepatitis C?

La mayor parte del proceso ocurre antes del nacimiento

Según los descubrimientos de los investigadores, gran parte del proceso de encuentro y lucha contra la enfermedad ocurre antes del nacimiento del bebé. Por lo que, para el momento en el que este viene al mundo, su organismo ya ha decido si estará o no contagiado con el virus. En otras palabras, los bebés que lograron evitar la enfermedad lo hicieron gracias a las acciones de su sistema inmunológico dentro del vientre materno.

Pero… ¿qué pasa exactamente?

Para poder complementar los datos comparativos de la investigación, a la muestra inicial de 3 bebés contagiados, se sumaron otros 18. De esta manera, era posible para los científicos establecer una base más sólida en la muestra desde la que intentar hacer generalizaciones.

Al comparar los sistemas inmunológicos de los bebés sanos pero expuestos a la hepatitis C y de aquellos que la habían contraído se pudieron observar algunas similitudes. Por ejemplo, ambos tenían un desarrollo adaptativo particular de los linfocitos B. Con estos, el organismo es capaz de producir anticuerpos especializados en la detección de agentes dañinos extraños como el virus de la hepatitis C, o como otras bacterias y parásitos.

Esto mostró en los casos con infecciones activas que el organismo de los bebés se estaba adaptando para defenderse. Lo que, a su vez, demostró que aquellos que estaban sanos ya tenían pruebas en sus sistemas inmunológicos de la batalla que habían librado contra la enfermedad antes de nacer.

¿Qué cambios puede traer esto?

Hasta los momentos, no existe ninguna vacuna que pueda protegernos contra la hepatitis C. Afortunadamente sí existen en la actualidad tratamientos con los que hacerle frente por completo. Tanto así que, según las proyecciones de la OMS, esta enfermedad debería dejar de ser un problema y ser erradicada para el 2030.

Pero, mientras tanto, millones de personas en el mundo la siguen contrayendo y sufriendo sus consecuencias antes de recibir el tratamiento necesario. Los secretos tras las adaptaciones de los linfocitos B en los neonatos podrían ser la clave que nos lleve a descubrir un método no solo para combatir la enfermedad, sino para inmunizarnos totalmente contra esta.

Referencia:

Evidence for B cell maturation but not trained immunity in uninfected infants exposed to hepatitis C virus: doi: 10.1136/gutjnl-2019-320269