En las últimas semanas, médicos de todo el mundo han venido observando un extraño fenómeno en los pacientes con COVID-19: niveles de saturación de oxígeno en la sangre extremadamente bajos, lo que indica que no recibe suficiente oxígeno en los pulmones, pero que no muestran signos de dificultad respiratoria.

La preocupación con este cuadro, conocido como hipoxia silenciosa, es que los pacientes están más enfermos de lo que piensan, por lo que no se alarman y permiten que la enfermedad avance peligrosamente al punto de comprometer seriamente la vida.

Privación de oxígeno

La hipoxia es una forma de privación de oxígeno causada por la hipoxemia, que ocurre cuando hay bajos niveles de oxígeno en la sangre. En el caso de la hipoxia, los tejidos corporales comienzan a recibir poco oxígeno, lo que puede provocar infecciones y daños en los tejidos.

Se ha observado que en algunos pacientes con COVID-19 esta privación de oxígeno puede ocurrir sin mucha advertencia y, sin oxígeno, el corazón, el hígado, el cerebro y otros órganos pueden dañarse en cuestión de minutos.

Los expertos recomiendan que los pacientes sean monitoreados con un dispositivo que mide los niveles de oxígeno en la sangre llamado oxímetro de pulso.

Lo que ha sorprendido a los médicos que atienden pacientes con COVID-19 es que algunos no informan ninguna sensación de problemas respiratorios, a pesar de que sus radiografías de tórax muestran neumonía difusa y los niveles de oxígeno en la sangre se encuentran por debajo de lo normal.

La neumonía es una infección pulmonar que ocurre cuando los alvéolos están llenos de pus o líquido. Normalmente, los pacientes que padecen la enfermedad sienten dolor e incomodidad. Pero en algunos pacientes con COVID-19 la neumonía causa la llamada “hipoxia silenciosa”, referida así porque es relativamente asintomática, por lo que no se detecta hasta que está en una etapa avanzada, cuando es difícil de manejar.

Detección temprana

En referencia al fenómeno, el doctor Richard Levitan, practicante de medicina de emergencia en el Hospital Bellevue en la ciudad de Nueva York, explicó:

“La neumonía COVID hace que los sacos aéreos en los pulmones colapsen, lo que provoca que los niveles de oxígeno disminuyan. Sin embargo, los pacientes aún pueden exhalar dióxido de carbono y, debido a que no se acumula como con la neumonía normal, los pacientes no experimentan una dificultad evidente para respirar.

Los pacientes respiran más profundo y más rápido debido a sus bajos niveles de oxígeno, pero se trata de algo que ocurre mayormente de forma inadvertida, con el agravante de que esta alteración en las respiraciones daña aún más los pulmones”.

El peligro con la hipoxia silenciosa es que los pacientes no están consciente de cuán enfermos están hasta que entran en una etapa avanzada, cuando la enfermedad es difícil de manejar.

Dada la carga hospitalaria y el incuestionable riesgo asociado a la hipoxia silenciosa, los expertos recomiendan que los pacientes sean monitoreados con un dispositivo simple llamado oxímetro de pulso.

Estos pequeños dispositivos, que se pueden adquirir en cualquier farmacia, se enganchan en un dedo para medir los niveles de oxígeno en la sangre. El monitoreo en el hogar podría alertar a los pacientes sobre la necesidad de tratamiento antes de que sus niveles de oxígeno bajen peligrosamente.

La detección generalizada de oximetría de pulso en pacientes infectados con el coronavirus, ya sea que las personas se revisen a sí mismas en dispositivos domésticos o en consultorios médicos, podría proporcionar un sistema de alerta temprana para los tipos de problemas respiratorios asociados con la neumonía por COVID-19.

Referencia: The Infection That’s Silently Killing Coronavirus Patients. The New York Times, 2020. https://nyti.ms/35d8knq