En respuesta al brote de la enfermedad coronavírica COVID-19, a finales del mes de enero, el gobierno chino ordenó el cierre de las escuelas en todo el país como medida de emergencia para evitar la propagación de la infección. La medida dejó confinados en sus hogares a más de 180 millones de estudiantes de primaria y secundaria y 47 millones de niños en edad preescolar.

Aunque esta medida fue muy necesaria, hay motivos de preocupación porque el cierre prolongado de las escuelas y el confinamiento en el hogar podría tener efectos negativos en la salud física y mental de los niños.

Impacto psicológico

La evidencia indica que cuando los niños no van a la escuela (por ejemplo, los fines de semana y las vacaciones de verano), son menos activos físicamente, pasan más tiempo frente a pantallas de dispositivos electrónicos, presentan patrones de sueño irregulares y dietas menos favorables.

Es probable que esos efectos negativos en la salud sean mucho peores cuando en un contexto en el que están confinados en sus hogares sin actividades al aire libre y sin interactuar con amigos de su misma edad durante el brote.

El confinamiento en el hogar puede estar relacionado con un aumento de la ansiedad y los síntomas depresivos entre los niños, de modo similar a como lo hacen otras experiencias traumáticas.

Tal vez una cuestión más importante, pero fácilmente descuidada, sea el impacto psicológico que el confinamiento pueda generar en los niños. Los factores estresantes como la duración prolongada, el temor a la infección, la frustración, el aburrimiento, la información inadecuada, la falta de contacto con los compañeros de clase, los amigos y los maestros, la falta de espacio personal en el hogar y la pérdida económica de la familia, pueden tener efectos aún más problemáticos y duraderos.

Acorde con esta noción, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong en Wuhan, encontró que los niños confinados en la provincia de Hubei, donde aparecieron por primera vez grandes cantidades de casos de infección por el coronavirus, mostraron signos de problemas de salud mental.

Evaluando la salud mental

Para el estudio, los investigadores examinaron los síntomas de depresión y ansiedad entre 675 estudiantes de Wuhan, que estuvieron restringidos a su hogar entre el 23 de enero y 8 de abril de 2020, y 1.109 estudiantes de Huangshi, una ciudad a ubicada a unos 80 kilómetros al sureste de Wuhan, quienes permanecieron en sus hogares entre 24 de enero al 23 de marzo.

En total, 1.784 participantes completaron una encuesta diseñada para evaluar los síntomas de salud mental entre el 28 de febrero y el 5 de marzo de 2020, cuando tenían, en promedio, 33 días de confinamiento en el hogar.

En el área de Wuhan, más de una quinta parte de los niños en confinamiento en el hogar presentó síntomas de depresión y ansiedad.

Los datos revelaron que el 22,6 por ciento de los niños informó síntomas depresivos, mientras que el 18,9 por ciento reportó síntomas de ansiedad, que es más alto de lo que cabría esperar de los niveles habituales (17,2 y 9,3 por ciento, respectivamente).

Los síntomas depresivos fueron mayores en los niños que estaban más preocupados por la infección con COVID-19 y que eran más pesimistas sobre la pandemia.

Estos resultados sugieren que el confinamiento en el hogar puede estar relacionado con un aumento de la ansiedad y los síntomas depresivos entre los niños, de modo similar a como lo hacen otras experiencias traumáticas.

Debido al diseño del estudio y al poco tiempo de seguimiento, no está claro si estos síntomas emocionales deben interpretarse como respuestas psicológicas a corto plazo a las restricciones impuestas por el confinamiento en el hogar o signos tempranos de problemas psiquiátricos a largo plazo en los niños. Para determinarlo, los investigadores continuarán haciendo seguimiento de los participantes.

Referencia: Mental Health Status Among Children in Home Confinement During the Coronavirus Disease 2019 Outbreak in Hubei Province, China. JAMA Pediatrics, 2020. https://doi.org/10.1001/jamapediatrics.2020.1619