Los murciélagos, sus costumbres, sus hábitats y su evolución ahora son un tema de interés para el mundo. Con la explosión del brote de este nuevo coronavirus, SARS-CoV-2, las miradas se han posado sobre estos animales.

Al igual que muchos otros mamíferos, los murciélagos son portadores naturales de la gama de coronavirus. Una buena parte de esta está conformada por virus que ni siquiera son dañinos para el hombre.

Sin embargo, los murciélagos han mostrado ser anfitriones particularmente buenos para algunas de las cepas más agresivas de estos coronavirus. Con la meta de conocer un poco más sobre esta relación existente entre estas criaturas y el virus, el biólogo Steve Goodman llevó a cabo una investigación que cubrió el territorio entre el Océano Índico y algunas áreas cercanas de África.

Goodman trabaja como biólogo de campo en el Field Museum de Chicago. Él fue el líder de la investigación que recientemente se publicó en Scientific Reports. Gracias a esta, hemos podido comprender un poco mejor la relación existente entre estas criaturas y las mutaciones que el coronavirus ha sufrido durante años.

La genética fue el punto de partida

Justamente en la Isla reunión, al occidente del Océano Índico, Goodman y su equipo se pusieron manos a la obra. Con ayuda de materiales provistos por instituciones como Field Museum y GenBank, más las cientos de muestras que el equipo tomó el campo pudieron realizar análisis genéticos en sus laboratorios.

Estos arrojaron las diferencias entre especies de murciélagos y, con ellas, también las diferencias entre los tipos de coronavirus que estos portaban. En su momento, sus muestras indicaron que al menos el 8% de las cientos de muestras y 36 especies diferentes que analizaron eran portadores de este tipo de virus.

La época del año incide en la cantidad de murciélagos infectados

El que tan solo un 8% de las poblaciones estuvieran infectadas según sus análisis fue extraño para los biólogos. Sin embargo, esta relativa falta de murciélagos portadores del coronavirus luego se pudo explicar.

Por lo que parece, las variaciones estacionales influyen en la dispersión del coronavirus. Un ejemplo de esto se pudo ver con su muestreo en Mozambique, donde se presentaron más infecciones en la temporada de lluvias que en la de sequía. Debido a lo cual se puede comenzar a relacionar la capacidad de infección del coronavirus con las condiciones del ambiente.

El árbol genealógico del coronavirus

Una vez estuvieron todos estos datos claros, y para comprender los caminos evolutivos que el coronavirus tomó en los murciélagos, compararon las muestras de este con algunas ya obtenidas de otros portadores naturales del virus como las alpacas, los delfines y los propios humanos.

Luego de esto, pudieron construir un “árbol genealógico” con el que rastrear los procesos evolutivos del coronavirus. Seguidamente, la labor de los investigadores averiguar si era posible relacionar estas mutaciones con las respectivas evoluciones de los murciélagos.

El coronavirus y los murciélagos evolucionan a la par

Lo que los científicos pudieron determinar en este caso es que, aunque los coronavirus del árbol genealógico estaban todos relacionados entre sí, cada uno de ellos se correspondía de forma casi exclusiva con una especie de murciélagos.

De hecho, los resultados del análisis arrojaron que cada especie de murciélago que mostró portar el coronavirus, contenía una cepa particular. Incluso, en algunos casos, dentro de una misma familia genética, podían desarrollarse dos cepas únicas de coronavirus correspondientes de forma exclusiva a una u otra variante familiar.

Ha sido debido a esto que se ha podido comprender que tanto los murciélagos como el coronavirus han estado evolucionando lado a lado durante millones de años hasta llegar a estas variaciones casi únicas por especie y familia.

La excepción a la regla

En algunos casos contados, se pudo observar que los murciélagos de dos especies diferentes, que compartían un mismo territorio, cuevas y lugares de alimentación cargaban una misma cepa de coronavirus. No obstante, esto se trató de una excepción al comportamiento común de este tipo de virus durante el estudio.

En realidad, los biólogos pudieron observar con alivio y sorpresa que, en la mayoría de los casos, una cepa no saltaba de una especie a otra. Por lo que, las posibilidades de que estas se junten y muten para crear nuevos coronavirus es menor de lo esperado.

Entender a los murciélagos es entender al coronavirus

Ahora que se ha notado que esta dupla ha estado en constante evolución lado a lado, podemos comenzar a utilizar esta información a nuestro favor. Primeramente, nos permitirá entender en un mayor grado qué tipo de amenazas se encuentran verdaderamente allá afuera.

Asimismo, permitirá desarrollar con más exactitud políticas públicas que permitan lidiar con una posible infección. Incluso, podría promover el desarrollo de pruebas serológicas para detectar posibles anticuerpos para las diferentes variantes del coronavirus.

Esto no solo daría la oportunidad de crear mecanismos más rápidos para contrarrestar cualquier enfermedad proveniente del coronavirus, sino que también podría ser una medida certera que nos dejaría conocer con anticipación la posible gravedad de un brote.

Goodman se tomó el tiempo que mencionar también que sus descubrimientos sobre los murciélagos no deberían ser bajo ningún respecto una justificación para cualquier intento de eliminarlos. De hecho, estas criaturas cumplen con funciones naturales importantes como la dispersión de semillas, la polinización de flores y la caza de especies de insectos portadores de enfermedades. En opinión de Goodman “lo bueno que hacen por nosotros supera cualquier potencial negativo”. Por lo que, la meta acá es entenderlos y cómo contrarrestar los virus que portan y no cómo neutralizarlos.

Referencia:

Bat coronavirus phylogeography in the Western Indian Ocean: https://doi.org/10.1038/s41598-020-63799-7