La contaminación es un problema que no nos es ajeno. Su proliferación en el mundo tiene consecuencias en todos los niveles y desde los organismos más pequeños hasta los más grandes se ven afectados.

El mundo está cambiando a causa de esta, y cada vez se están encontrando condiciones más difíciles para que la vida pueda subsistir. Conocemos ya de sobra los efectos de la contaminación en los suelos, el agua y el aire, así como también cómo estos impactan los ciclos naturales del ambiente.

Sin embargo, es ahora que hemos comenzado a considerar que la polución también podría estarnos afectando a nosotros. Los primeros pasos en estos estudios han logrado revelar que la contaminación en efecto puede influir negativamente en nuestra salud.

Ahora, para dar el siguiente paso, es momento de que empecemos a reconocer que esta también puede afectar nuestra psique. Como una muestra de ello, toda una serie de investigaciones y estudios que se han realizado en las últimas décadas están acá para reflejar cómo la polución –sobre todo aquella encontrada en el aire– puede influir en los comportamientos criminales y agresivos en nuestra sociedad.

Un ejemplo tan antiguo como vigente, la contaminación con plomo

Efectivamente, en la actualidad el mundo está muy consciente de todos los efectos negativos que trae la exposición al plomo. Sabemos que este puede tener consecuencias nefastas en el desarrollo físico y mental de los niños. Asimismo, tenemos claro que también pude llegar a afectar hasta la salud de los más adultos.

Ya para los noventa se iniciaron los estudios que relacionaban al plomo con el desempeño de décadas posteriores de las personas que estuvieron expuestas a él en su infancia. Se pudo notar que hubo una relación directa entre la exposición y los desempeños menos eficientes en la escuela y luego en la vida laboral. Incluso, muchos de este último grupo mostraron niveles de ingresos menores así como una propensión mayor a comportamientos delictivos.

Según las palabras del experto Howard Mielke, profesor de farmacología de la Universidad de Tulane (Luisiana, Estados Unidos) en un comentario dado a BBC Mundo: “Esto se inició cuando se hicieron estadísticas de contaminación ambiental de plomo y del rendimiento de los niños en los sistemas escolares. Nos dimos cada vez más cuenta de que la cantidad de plomo en el ambiente estaba vinculado claramente a problemas tanto de aprendizaje escolar como violencia”.

Ahora, años más tarde, otros estudios han corroborado muchos de los efectos negativos del plomo, pero, particularmente, no esta relación. Hasta la fecha, nos mantenemos con los datos de este antiguo estudio realizado en Cincinnati.

La necesidad de estudiar a profundidad

Por su parte, el profesor Alastair Hay, de la Universidad de Leeds (Inglaterra), recalca la necesidad de realizar investigaciones nuevas sobre este tema al comentar que el lapso de tiempo entre la exposición y los síntomas es muy largo y que no fue registrado, por lo que “en esos 20 años puede haber muchos factores que influyen la conducta de un individuo, además de su exposición ambiental”.

Sugiere entonces que se realicen “más estudios detallados y controlados pero que tomen en cuenta todos los otros factores que ocurren durante el desarrollo de esos individuos”. Por los momentos, un estudio como este no se ha dedicado totalmente a comprender los efectos de solo el plomo en el organismo en la actualidad. Pero, sí se han realizado muchas investigaciones referentes a la relación entre la contaminación del aire y un mal desempeño escolar o laboral, ligado con episodios de violencia y actos criminales.

Los adolescentes pueden ser particularmente susceptibles a la polución

Siguiendo con la línea de pensamiento de la investigación antes mencionada, este estudio publicado en Journal of Abnormal Child Psychology en el 2017 también se enfoca en el efecto de la polución en el aire en el comportamiento de los adolescentes.

Diana Younan, de la Universidad del Sur de California, estuvo a la cabeza de la investigación en una población de más de 680 adolescentes. Midieron la existencia de partículas microscópicas PM2.5 en el ambiente y también consideraron el efecto acumulativo que estas podrían hacer tenido en los últimos 12 años.

Fue notoria la presencia de “comportamientos delincuentes” como el engaño, el robo, el vandalismo y el abuso de sustancias en aquellos que estuvieron en áreas con mayores niveles de PM2.5. Younan destacó la gravedad de esta situación al comentar que los comportamientos de la adolescencia son grandes indicadores de los patrones de conducta en la adultez. Por lo que, aquellos que se mostraran más propensos al crimen, tendrían más probabilidades de cometerlo al ser adultos.

A dónde va la polución, el crimen la sigue

Una investigación publicada en el 2018 llevada a cabo por el investigador del London School of Economics, Sefi Roth, y un par de colegas, se enfocan en la relación entre el crimen en la ciudad de Londres y la cantidad de contaminación en el aire.

El estudio revisó al menos 2 años de registros de actividad criminal en la capital inglesa y la comparó con los registros de los niveles de polución. Al instante, una relación saltó a la vista, allí donde el nivel de contaminación fuera más alto, los reportes de crimen aumentaban.

Como se sabe, estas nubes de contaminación no se quedan en un solo lugar, sino que se movilizan con el viento. El equipo se encargó de registrar estos movimientos y nuevamente, notaron una relación directa.

En las palabras de Roth ellos “solo siguieron esta nube [de polución] diariamente y vimos qué ocurría con el crimen en las áreas a las que la nube llegara… Descubrimos que dondequiera que esta vaya el registro de crímenes aumenta”.

Uno de los puntos que resaltaron en su investigación es que los niveles de contaminación que detectaron, y que podrían exacerbar el crimen, estaban por debajo del mínimo que organismos, como la Agencia de Protección Ambiental estadounidense, declaraban como “seguro”. Por lo que, quedó claro que existe una necesitad de reevaluar estos estándares para tomar en cuenta la nueva variable del crimen entre los efectos de la contaminación ambiental.

Contaminación y crimen, una unidad

Ese mismo año, otra investigación realizada por Jackson Lu del MIT (Estados Unidos) y publicada en SAGE Journal of Psychological Science, trajo incluso más luz sobre este asunto. El estudio de Roth solo involucró crímenes menores, por lo que no estaba claro el enlace con delitos de mayor categoría.

Gracias al estudio de Lu fue posible notar que la polución en el aire podía actuar como un factor predictivo del crimen. Básicamente, su presencia podía indicar un aumento en actividades que iban desde el homicidio y la violación, hasta el robo y el asalto. Esta investigación midió otros factores como de la población como los niveles de empleo, la edad y el género. Pero, ninguno de estos mostró una relación tan fuerte con el crimen como la polución.

Pero todo esto no es acerca del crimen, sino sobre la agresión

Una investigación recientemente publicada en Journal of Environmental Economics and Management estudió las relaciones entre la criminalidad y la cantidad de polución en Nueva York y California.

Los datos de los niveles de polución entre los años 2006 y 2013 los obtuvieron gracias a la Agencia de Protección Ambiental estadounidense. Asimismo, el Sistema de Mapeo de Peligros de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos ofreció los registros sobre propagación de humo de incendios forestales captados a través de satélites de rastreo.

Con esto, el equipo tenía una idea clara de los picos de contaminación en el aire, que ocurrieron dentro del periodo estudiado. Finalmente, la información sobre los reportes de actividad criminal llegó de la mano del Sistema Nacional de Reportes Basado en Incidentes que maneja el FBI.

Sus puntos de interés fueron los niveles de PM2.5 en el aire, la concentración de ozono y, claro, el índice de criminalidad. Como resultado, descubrieron que los crímenes violentos (como el asalto) se incrementaban en 0,14% cuando el PM2.5 subía un 10%. Asimismo, un incremento del mismo porcentaje del ozono hacía que el crimen violento fuera un 0.97% más probable.

Por otra parte, otros tipos de crímenes más pasivos como el robo de bienes no mostraron cambios. Debido a lo cual el equipo pudo notar que la relación entre el crimen y la contaminación estaba también ligada a un tercer factor: la violencia. Al parecer, no es la disposición al crimen como tal lo que se amplía en ambientes contaminados, sino la nuestra agresividad.

Sumado a ello, pudieron observar el efecto inmediato de la polución en el crimen. Los aumentos de esta en un día, inmediatamente se traducían en más crímenes violentos. Mientras que, su caída implicaba también una bajada en los reportes de este tipo de delitos.

¿Por qué ocurre esta distinción entre crímenes violentos y no violentos?

Los investigadores tras este último estudio no se ocuparon directamente de estudiar los procesos mentales por los que esto puede pasar. Sin embargo, dentro de su puplicación sí resaltan las posibles explicaciones dadas por otras investigaciones anteriores a la suya.

Allí comentan que en otros trabajos ya se ha hablado sobre la relación entre la exposición a la polución en el aire con reacciones fisiológicas a corto plazo como una inflamación sistémica. Luego, hacen la relación entre esta y otros factores como el estrés oxidativo celular. Ambos tienden a ser factores que pueden despertar reacciones psicológicas como una reactividad exacerbada y mayor agresividad (aunque sea solo verbal).

A través de esto esperan poder dar una idea más clara sobre la relación entre la contaminación, nuestro organismo y las conductas agresivas. No obstante, aclaran que este es un tema que aún requiere de más estudio y que las suyas solo son conjeturas basadas en previos análisis.

Otras investigaciones hacen presencia para dar un poco más de claridad sobre el asunto. En este caso la atención se fija sobre la publicada PNAS Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (2016).

En este estudio, en su momento se determinó que la exposición a la contaminación ambiental es capaz de causar inflamación en el cerebro, lo que, a la larga, produce daños permanentes en su superficie. Gracias a esta información, podríamos notar que áreas como el lóbulo pre-frontal podrían estar siendo atacadas por la polución. Dichas zonas están dedicadas a funciones como el control de impulsos y la autoregulación. Por lo que, si comienza a fallar, es más probable que nos hagamos más propensos a comportamientos violentos o agresivos, los que, a su vez, pueden ir de la mano con muchos tipos de crímenes o incluso promoverlos.

 “Es por algo en el aire”… literalmente

La OMS ha declarado que al menos 9 de cada 10 habitantes del planeta se encuentra expuesto a cantidades de aire contaminado superiores a los niveles seguros.  Unos que, además, son mayores al mínimo que el organismo requiere para comenzar a desarrollar comportamientos agresivos. Asimismo, al menos la mitad de la población ya se encuentra viviendo en áreas urbanas. En las que, claramente, los niveles y concentraciones de polución, PM2.5 y ozono son mayores.

En efecto, muchas veces hemos sentido que el mundo parece estarse volviendo un lugar más agresivo sin motivo. Hemos visto cómo los espacios para el diálogo y la comprensión son cada vez más escasos. Ahora, tal vez entendamos que sí hay un motivo para todos estos cambios en las sociedades y está en el aire –o bueno, mejor dicho, en lo que lo contamina.

Referencias:

Crime is in the Air: The Contemporaneous Relationship between Air Pollution and Crime: http://ftp.iza.org/dp11492.pdf

El vínculo entre la violencia y la contaminación por plomo: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/01/130109_plomo_violencia_evidencia_men

Longitudinal Analysis of Particulate Air Pollutants and Adolescent Delinquent Behavior in Southern California: https://doi.org/10.1007/s10802-017-0367-5

Magnetite pollution nanoparticles in the human brain: https://doi.org/10.1073/pnas.1605941113

Polluted Morality: Air Pollution Predicts Criminal Activity and Unethical Behavior.: https://doi.org/10.1177/0956797617735807

The effect of pollution on crime: Evidence from data on particulate matter and ozone: https://doi.org/10.1016/j.jeem.2019.102267