Durante más de 150 años, en el ámbito científico se manejó la teoría de que el físico irlandés John Tyndall había sido el primero en descubrir los efectos del dióxido de carbono, el metano y el vapor de agua sobre la radiación infrarroja. Sin embargo, la verdad es que mucho antes, exactamente tres años antes de la publicación de Tyndall, había sido otra persona quien había hecho este descubrimiento, pero pasó debajo de la mesa por el hecho de que era una mujer. Ella era Eunice Foote.

Eunice Newton Foote fue una estadounidense que, además de dedicarse al ámbito científico, también era sufragista. Luchaba por los derechos de las mujeres en una época en la que la sociedad las oprimía fuertemente, pero ella a pesar de todo continuó luchando por hacer valer sus derechos.

Esto también se lo debió en gran parte a Amos Eaton, un ex convicto que había sido sentenciado a cadena perpetua por fraude, pero después de cuatro años fue liberado de la cárcel. Se dedicó entonces a la educación, específicamente en el ámbito científico, sin distinción de géneros.

Comenzó siendo mentor en el Troy Female Seminary, institución fundada por Emma Hart Willard, quien ya había establecido el primer plan de estudios de ciencias para las mujeres. Eaton también se encargó de supervisar la construcción de laboratorios adaptados para la experimentación y observación científica, siendo los primeros en ser construidos netamente para los estudiantes.

En uno de ellos fue en donde Foote realizaría el experimento más importante y menos reconocido sobre el cambio climático.

Un experimento casero

En su experimento, Foote utilizó cuatro termómetros, dos cilindros de vidrio y una bomba de vacío. Con ellos, aisló los gases componentes de la atmósfera y luego los expuso a los rayos del sol, de forma directa y también a la sombra. Fue un experimento casero, pero perfectamente funcional.

Observando los efectos y anotando los cambios en las temperaturas, Eunice descubrió que el CO₂ y el vapor de agua absorbían calor suficiente como para que esta absorción pudiera afectar el clima. Estaba teorizando por primera vez acerca del calentamiento gradual de la Tierra, hoy llamado efecto invernadero.

“Una atmósfera de [CO₂] le daría a nuestra Tierra una temperatura alta; y si, como algunos suponen, en un período de su historia, el aire se había mezclado con él en una proporción mayor que en la actualidad, […] de ello debió de resultar una temperatura necesariamente mayor”.

Ignorada en la comunidad científica

Una de las páginas del informe ‘Circumstances Affecting the Heat of Sun’s Rays’ publicada en la revista de la American Journal of Art and Science.

Este descubrimiento de gran importancia debía ser presentado a la comunidad científica, específicamente en la Octava Reunión Anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), la cual se llevaría a cabo el 23 de agosto de 1856. Sin embargo, si una mujer quería ser reconocida laboralmente en este campo, debía saltar varios obstáculos.

Necesitó de la ayuda de Joseph Henry, un profesor de la Smithsonian Institution, para poder hablar sobre su descubrimiento, pues no se permitía que las mujeres presentaran informes a la AAAS. Posteriormente el periodista David A. Wells publicaría una reseña en el Annual of Scientific Discovery sobre la presentación de Henry que decía lo siguiente:

“A continuación, el profesor Henry leyó un artículo de la señora Eunice Foote, precediéndolo con unas pocas palabras en las que dijo ‘que la ciencia no era de ningún país ni de ningún sexo. La esfera de la mujer abarca no solo lo bello y lo útil, sino lo verdadero'”.

Foote también fue mencionada en una columna del Scientific American en septiembre de 1856 titulada ‘Scientific Ladies’, en la cual fue elogiada por apoyar sus opiniones con experimentos prácticos:

“Algunos no solo han mantenido, sino expresado, la funesta idea de que las mujeres no poseen la fuerza mental necesaria para la investigación científica […]. Los experimentos de la señora Foote ofrecen abundante evidencia de la capacidad de la mujer para investigar cualquier tema con originalidad y precisión”.

El informe presentado en la AAAS llevaba por título ‘Circumstances Affecting the Heat of Sun’s Rays’ y, a pesar de la vital importancia del mismo, ni la documentación de Foote ni la presentación de Henry fueron incluidas en las actas de la conferencia. Apenas si fue mencionado su revista American Journal of Art and Science en un artículo de página y media.

Tres años después, el físico irlandés John Tyndall aparecería demostrando el mismo resultado de Foote, con la diferencia de que los experimentos realizados por él fueron más sofisticados. En ninguna parte del informe de Tyndall se menciona a Foote como una fuente, pero la verdad es que muy probablemente ni siquiera habría leído sus investigaciones. El autor Roland Jackson, en su artículo ‘Eunice Foote, John Tyndall and a Question of Priority’, asegura que en 1850 las comunicaciones científicas a través del Atlántico eran bastante escasas, por lo que probablemente Tyndall no tuvo acceso a los informes de Foote.

Reconocimiento tardío

Fue en el año 2010 en el que al fin fue reconocido el trabajo de Foote, cuando el autor Raymond P. Sorenson habló sobre su historia en el artículo ‘Eunice Foote’s Pioneering Research On CO2 And Climate Warming’.

Sin embargo, aún hoy en día, diez años después del reconocimiento hecho por Sorenson, es usual encontrar que se le atribuya el descubrimiento del cambio climático a Tyndall en lugar de a Foote y, a pesar de todo, muy probablemente transcurran algunos años más antes de que la científica reciba el mérito tal y como debió haberlo recibido desde un principio, hace exactamente 164 años.