El sueño irregular y los problemas de peso son una dupla que parece ir constantemente de la mano. Muchas veces se ha pensado que uno es capaz de ocasionar el otro, o por lo menos de incrementarlo.

Sin embargo, han sido pocas las investigaciones que nos hayan permitido conocer el porqué detrás de esta asociación. Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista PLOS Biology nos podría dar una mirada más cercana a este proceso del organismo.

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Para lograrlo, han tomado como sujeto de estudio un gusano microscópico conocido como Caenorhabditis elegans (C. elegans). Este posee un número mucho más bajo y limitado de conexiones neuronales, por lo que observar la relación entre el cerebro y el organismo es mucho más fácil.

Lo que se sabe hasta ahora

Según lo que otras investigaciones han logrado señalar, el tener periodos de sueño menores a las 6 horas puede cambiar nuestros patrones alimenticios y disminuir nuestra resistencia a la insulina, haciéndonos propensos a enfermedades como la diabetes.

Sin embargo, ahora lo planteado por el equipo conformado por científicos de las universidades de Pensilvania y Nevada, más la Escuela de Medica Perelman, nos abre los ojos a una nueva posibilidad.

Según lo que sus resultados han reflejado al estudiar a los C. elegans pudieron notar que la relación entre la falta de sueño y la obesidad puede manejarse al inverso de lo que hasta ahora creemos.

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Vista del gusano Caenorhabditis elegans (C. elegans) bajo el microscopio. Crédito: Universidad de Nevada, Reno.

Los C. elegans, como lo mencionamos, cuentan con una cantidad baja de neuronas, 302 para ser exactos. De entre estas, solo una se encuentra explícitamente dedicada a la regulación del sueño.

Como esta se puede diferenciar fácilmente, los investigadores trataron de descubrir qué ocurriría cuando esta se desactivara. Con esto, lograron crear una versión de estos gusanos microscópicos que podía realizar el resto de sus actividades (movilizarse, adelantarse, reproducirse…) sin problemas, pero que no eran capaces de dormir.

Rápidamente observaron en los gusanos modificados una caída sustancial de lo que se conoce como ATP (trifosfato de adenosina). Esta se trata de un factor vital para el organismo en los procesos de intercambio de energía.

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Asimismo, inhibieron un gen conocido como KIN-29 (que es similar a las proteínas quinasas de nuestro organismo). Gracias a ello, lograron toparse con un gusano mutante totalmente insomne.

Curiosamente, cuando se inhibió la actividad de este gen, además de caer los niveles de ATP, la acumulación de grasa se disparó en las criaturas. Lo que dio como resultado que estas desarrollaran un tipo de obesidad comparable a la que se encuentra en humanos. Cuando los científicos reactivaron la KIN-29 los gusanos pudieron volver a dormir y a manejar su grasa corporal de forma normal.

Pero, ¿por qué pasa esto?

La respuesta simple a esta pregunta es, por la energía. Gracias a la primera parte de esta investigación fue posible notar que el sueño no se da en estas criaturas no gasta energía, sino que es vital para su producción (la del ATP, exactamente).

Luego, la segunda parte de la investigación reveló que, además, el sueño es un mecanismo de regulación del sistema alimenticio –e, indirectamente de la recolección de energía. Si el individuo no duerme, los niveles de ATP están bajos, por lo que el organismo interpreta que necesita recolectar más energía, lo que, a su vez, se traduce en una recolección mayor de grasas que lo llevan a la obesidad.

¿El organismo humano actúa igual?

Todas estos descubrimientos se han conseguido al estudiar el funcionamiento del organismo del C. elegans, por lo que cabría preguntarse si esto es extrapolable a humanos. Por los momentos, debido a la falta de más estudios, no es posible afirmar que este proceso es totalmente paralelo al que realiza nuestro cuerpo. Sin embargo, al menos sí se convierte en una puerta de entrada para comprender cómo se manejan los sistemas de sueño de muchos otros mamíferos.

Aun así, esto no implica que la relación no esté allí, sino que, hasta ahora, no ha sido estudiada lo suficiente. Después de todo, sí ha sido posible notar que las personas con obesidad también suelen mostrar problemas para crear un horario de sueño estable. Por lo que, una nueva explicación a esto podría encontrarse en problemas de señalización entre las reservas de grasa del cuerpo y las neuronas encargadas de controlar el sueño.

Una relación más profunda de lo que creemos

En estos momentos, esta investigación se convierte en un primer paso en el camino a entender la relación entre el sueño y la obesidad. Por ahora, se puede mantener la idea de que dormir a deshora puede aumentar nuestro apetito y ser causante de un paulatino aumento de peso.

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Pero, ahora es momento de contemplar la posibilidad de que este sea un proceso de dos vías. Y, también de que mientras mayor sea el sobrepeso más difícil podría ser el controlar los patrones de sueño. Asimismo, los resultados del estudio también han revelado otro dato importante: que el sueño se trata de un proceso que involucra a todo el cuerpo y no solo al cerebro.

Se ha creído que los ciclos de sueño y descanso del organismo solo eran regulados por el cerebro. Ahora existe una nueva alternativa que indica que todo el cuerpo podría estar involucrado en el establecimiento y desarrollo de estos patrones. Entender esta relación en más profundidad podría ser una gran ayuda en un futuro para poder desarrollar mejores tratamientos para trastornos del sueño y afines.

Referencia:

A salt-induced kinase is required for the metabolic regulation of sleep: https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3000220

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