Está claro que las conexiones aéreas intercontinentales fueron un elemento dinamizador de la trepidante propagación del coronavirus por Asia, Europa y América del Norte, lo que nutre la idea de que la globalización facilitó la expansión mundial de la pandemia.

Pero las densas multitudes de lugares típicamente urbanos como los mercados o el transporte público, también fueron variables que parecen haber jugado un papel esencial en la propagación inicial de la enfermedad.

Expansión urbana

En este sentido, los resultados de un reciente estudio realizado por un equipo interdisciplinario de investigadores de la Universidad de Lincoln en Reino Unido y la Universidad de York en Canadá, destacan cómo la expansión urbana está creando las condiciones para que surjan y se propaguen enfermedades infecciosas en todo el mundo al difuminar los límites clásicos entre la ciudad, el suburbio y el campo.

En el estudio, el equipo de investigación examinó cómo la tendencia global hacia la urbanización ha contribuido al aumento en el número total de brotes de enfermedades por decenio desde la década de 1980.

Con frecuencia, estos entornos están densamente poblados, mal planificados, carecen de infraestructura de salud y están fuera de la vista de las autoridades gubernamentales.

La revisión muestra que la expansión urbana en la periferia de las ciudades, a veces llamada “urbanización extendida”, está alterando fundamentalmente las relaciones espaciales que dan forma a cómo millones de personas viven e interactúan entre sí y con la naturaleza, y al hacerlo, se crean nuevos nichos ecológicos para la propagación de enfermedades infecciosas.

La rápida urbanización, particularmente en las naciones en desarrollo de Asia y África, está creando relaciones fluidas entre los entornos urbanos y rurales con poblaciones atraídas por nuevos tipos de asentamientos suburbanos en la periferia de las ciudades.

Particularmente vulnerables

Estos pueden tener la forma de vecindarios suburbanos, asentamientos informales de construcción propia, campamentos de refugiados o comunidades de trabajadores que viven cerca de minas o fábricas.

Estas áreas suburbanas y periurbanas tienen más probabilidades de ser la fuente de enfermedades infecciosas nuevas y reemergentes. Son particularmente vulnerables a las enfermedades zoonóticas –que se transmiten de animales a humanos– ya que ponen a las poblaciones humanas en contacto con la vida silvestre desplazada, de una manera que no ocurre en las ciudades.

Además, estos entornos con frecuencia están densamente poblados, mal planificados, carecen de infraestructura de salud y están fuera de la vista de las autoridades gubernamentales.

El estudio destaca cómo la expansión urbana está creando las condiciones para que surjan y se propaguen enfermedades infecciosas en todo el mundo.

Los recientes brotes de SARS y Ébola son ejemplos de epidemias de alto perfil que se originaron en estos nuevos tipos de zonas de influencia suburbanas antes de extenderse a ciudades más grandes y establecidas.

Los investigadores señalan que este punto débil estructural ha sido en gran medida pasado por alto por los estudios académicos de la epidemiología de la urbanización global, que en su lugar se han centrado en las desigualdades de salud relacionadas con la pobreza urbana, como las enfermedades causadas por la obesidad.

Los autores del estudio concluyen que una mejor comprensión de las relaciones espaciales cambiantes entre ciudades, suburbios y zonas rurales, los factores que dan forma a estos cambios y las formas efectivas de adaptarse a ellos, serán clave para reducir el riesgo de brotes futuros de enfermedades infecciosas y limitar su propagación cuando ocurran.

Referencia: Extended urbanisation and the spatialities of infectious disease: Demographic change, infrastructure and governance. Urban Studies, 2020. https://doi.org/10.1177/0042098020910873