Pasados cuatro meses desde que se identificó por primera vez el coronavirus que causa COVID-19, responsable hasta el momento de más de 176.000 muertes, más de 2.500.000 contagios y devastadoras consecuencia y económicas y sociales en todo el mundo, aún no contamos con tratamientos para afrontar la enfermedad.

La urgencia es más que evidente. Es por ello que investigadores e instituciones de todo el mundo realizan grandes esfuerzos para, por una parte desarrollar una alternativa farmacológica para tratar la enfermedad, y por otra, para contar con una vacuna que prevenga la infección.

En busca de un fármaco

En este complejo contexto, el investigador Arieh Warshel, reconocido en el año 2013 con el premio Nobel de Química por su trabajo en el desarrollo de modelos computacionales para predecir los procesos químicos, está utilizando sus conocimientos para ayudar a desentrañar el nuevo coronavirus SARS-CoV-2.

El bioquímico israelí-estadounidense está investigando la enzima papaína, que se encuentra en la fruta papaya, también conocida como lechosa, en busca de un fármaco contra el coronavirus, algo que considera que será vital hasta que se pueda contar con una vacuna.

Para el reconocido científico, la enzima papaína (en la imagen)
podría fundamentar el desarrollo de un enfoque terapéutico eficaz para el tratamiento de los pacientes contagiados con el coronavirus.

El investigador cuenta con mucha experiencia en el modelado de enzimas como la papaína, muy similares al SARS-CoV-2, y actualmente se encuentra examinando cómo diferentes fármacos podrían unirse a la proteasa específica del coronavirus. Al respecto, el laureado científico, explicó:

“Estamos buscando inhibidores que formen un enlace covalente, un enlace químico real, lo que significa que es más difícil desconectarse de él”.

Aplicaciones prácticas

La enzima papaína ha sido investigada muchas veces durante los últimos 75 años. Las principales razones de este interés son, sin duda, las numerosas aplicaciones prácticas para las que esta enzima es adecuada.

Las proteasas de cisteína similares a la papaína (PLCP), pertenecientes a la familia de las proteasas C1A del clan CA, son las más abundantes entre las proteasas de cisteína y se encuentran en una amplia gama de organismos vivos, incluyendo virus, bacterias, levaduras, protozoos, plantas y animales. El origen de la familia de las PLCP probablemente ocurrió antes de la divergencia de los principales linajes eucariotas.

El investigador Arieh Warshel fue reconocido en el año 2013 con el premio Nobel de Química por su trabajo en el desarrollo de modelos computacionales para predecir los procesos químicos.

La papaína es la primera proteasa de cisteína aislada y caracterizada de la papaya y también es la primera proteasa de cisteína cuya estructura se determinó por cristalografía de rayos X.

Las PLCP están involucradas en diversos procesos biológicos, incluyendo la senescencia y las respuestas de defensa. Como parte esencial de la maquinaria proteolítica, los PLCP son responsables de la degradación de las proteínas intracelulares y son enzimas clave en la regulación de la muerte celular programada.

Dadas estas propiedades de la papaína, el bioquímico Arieh Warshel cree que hay una valiosa oportunidad de desarrollar un enfoque terapéutico eficaz para el tratamiento de los pacientes contagiados con el coronavirus.

Referencias:

The Properties of Papain. Advances in Enzymology and Related Areas of Molecular Biology, 1957. https://doi.org/10.1002/9780470122648.ch4

Arieh Warshel: More urgent to find the drug before the “late” vaccine. Atalayar, 2020. https://bit.ly/3asIZ9Y