La contaminación es uno de los problemas más graves que han venido afectando al planeta durante las últimas décadas. Sin embargo, por su naturaleza pasiva y los lentos cambios que esta produce, no se le ha prestado tanta atención como se debería.

Ahora, el mundo finalmente está comenzando a notar su importancia y a tomar responsabilidad por esta. Por este motivo, en la actualidad podemos ver más iniciativas de reciclaje y reutilización de desechos con la finalidad de combatir aunque sea un poco el fuerte golpe de la contaminación.

No obstante, a pesar de que se están haciendo algunas diferencias, todavía tenemos un largo camino que recorrer antes de volver a pisar un camino que no implique daños irreparables a nuestro ambiente. Uno de los ejemplos más claros de esta delicada situación es el estado actual de la contaminación con plástico.

El mundo cuenta con más de 8.700 millones de toneladas métricas de plástico (y no ha detenido su producción), pero, de estas, el 60% ya no se encuentra en uso. Por lo que, solo ha sido liberada al ambiente a la espera de que se descomponga naturalmente. Pero, todos sabemos que ese es un proceso mucho más largo de lo que, a este paso, la naturaleza podrá soportar.

El reciclaje tradicional no es suficiente

En estos momentos, existen algunas técnicas de reciclaje que intentan hacerle frente a este problema. Sin embargo, están muy lejos de ser una solución sostenible.

Aun ahora, parece ser que la mayoría de los plásticos solo pueden reciclarse una vez. Para lograrlo, estos deben pasar por largos procesos en plantas de reciclaje que se dedican a triturar el material hasta convertirlo en pequeños trozos.

Luego, estos se agrupan y se utilizan en la fabricación de nuevos plásticos de menor calidad. Después de este primer proceso, el plástico vuelve a terminar como materia inerte en los vertederos de basura.

Por lo que, en una primera instancia puede resultar útil. Pero, al no poder repetirse el proceso varias veces, su utilidad a la hora de combatir la acumulación de plásticos no reutilizables se ve reducida.

El reciclaje químico: una nueva oportunidad para los plásticos

Como una nueva alternativa, ahora ha surgido lo que se conoce como reciclaje químico. Este, en lugar de trabajar con solo con la forma física del plástico, también interactúa con este a nivel molecular.

De este modo, puede ayudar a “descomponer” el plástico, de forma que pueda ser mucho más maleable. Gracias a un proceso como este se liberan las “moléculas base” de los polímeros (los que componen al plástico). Lo que, a su vez, se traduce en la posibilidad más amplia de dar nueva vida más veces a los elementos reciclados.

El reto que enfrenta este nuevo método

Sin embargo, incluso esta posibilidad cuenta con sus trabas. Para que pueda ser verdaderamente útil se deben encontrar modos de hacer que esta llegue a ser tan productiva y de bajo costo, con la posibilidad de llevarla a cabo a gran escala como la actual, y sin que produzcan tantas emisiones de carbono.

En caso de que todos estos puntos fueran superados, habría que comprender que el proceso en sí también tendría sus complicaciones. Los polímeros son muy variados y pueden encontrarse en diversas estructuras. Por lo que el proceso no podría ser igual para todos y habría que trabajar en descifrar cuáles serían los mejores métodos para cada tipo.

Afortunadamente, existe también una amplia variedad de más de 50 organismos “plastívoros” que podrían ser de utilidad para esta meta. El reto con ellos sería descubrir en qué condiciones de temperatura y pH son capaces de sobrevivir y cómo mantener estas dentro de las instalaciones de reciclaje.

¿Cómo traer el reciclaje químico a la realidad?

Básicamente, si lo que se quiere es poder implementar el reciclaje químico, hay que comprender los procesos energéticos que pueden iniciar el proceso de descomposición del plástico. Por lo general, la manifestación de dicha energía para interactuar con los plásticos debe ser calórica. En caso de que se descubran las combinaciones correctas para los distintos tipos de polímeros y se combinen con los microorganismos plastívoros antes mencionados, el trabajo estará hecho.

¿Una nueva era del reciclaje?

El reciclaje químico está siendo utilizado ya en variadas partes del mundo para dar nueva vida a una amplia variedad de polímeros. Algunas iniciativas han llevado a descubrir que el plástico negro (de las variantes más difíciles de tratar) puede manejarse a nivel molecular con facilidad al usar nanopartículas de hierro.

Por otra parte, otras iniciativas han mostrado que materiales tan variados como algunos  alimentos, el caucho y los plásticos pueden producir una forma de carbono conocida como grafeno. Sumado a ello, también se está trabajando en procesos para reciclar los bioplásticos más de una vez. Así se evitará que liberen dióxido de carbono al ambiente al degradarse.

La llegada del reciclaje químico, al menos por ahora, no podrá reemplazar por completo al tradicional. Sin embargo, sí podría actuar como un complemento para esos polímeros que, por su tamaño y composición, no se pueden procesar mecánicamente.

Es claro que el problema de contaminación por el plástico no desaparecerá hasta que tomemos de decisión de dejar de generarlo. Pero, por ahora, al menos como una medida para contener el alcance de sus efectos, iniciativas como el reciclaje químico podrían ser la respuesta que estábamos buscando.