La pandemia del coronavirus, como todos sabemos, ha forzado a los países a tomar medidas firmes para evitar que su propagación continúe. De entre estas, la más común es la ya conocida cuarentena.

En teoría, esta debería mantenernos lejos del peligro de ser infectados. Sin embargo, su funcionalidad comienza a diluirse cuando la fuente de la amenaza no solo se encuentra en el exterior.

La violencia doméstica tampoco es un tema que nos sea extraño. Todas las sociedades en mayor o menor medida ven su ocurrencia y toman medidas para tratar de evitarla y de proteger a las víctimas. Pero, en medio de una crisis como esta, la orden de permanecer siempre en casa ha ocasionado ya aumentos en los reportes de abuso y violencia en el hogar.

Países como Francia, Argentina, Chipre y Singapur ya han declarado que los reportes han tenido un aumento de al menos un 25%. Esto es alarmante, sobre todo porque a estas alturas, la cuarentena aún está lejos de terminar y, por ello, es necesario abordar desde ya este creciente problema antes de que se vuelva aún más grave.

No todas las casas son un lugar seguro

La directora del Centro Ortner sobre Violencia y Abuso y profesora en la Escuela de Política y Práctica Social de la Universidad de Pensilvania, Susan B. Sorenson, ofreció una entrevista en esta última en la que abordó el tema de la creciente violencia doméstica que se está dando en la actualidad.

Durante la sesión ella ofreció una perspectiva detallada de lo que ha de ser la situación actual para las personas que son víctimas de abuso. Entre una de sus primeras declaraciones ha comentado que la orden de solo quedarse en casa a toda costa, pone a estas personas en riesgo.

En su lugar, recomienda que los organismos dedicados a ofrecer los lineamientos de acción reconozcan que no todas las casas son verdaderamente seguras. Por lo que, la orden debería estar orientada a permanecer a salvo, ya sea que ello se pueda hacer dentro del hogar o en casas de familiares o amigos que puedan ofrecer su apoyo durante esta situación.

La cuarentena puede convertirse en un disparador para la violencia

En general, las parejas de individuos abusivos no están expuestas a estos todo el tiempo. Elementos como el trabajo o los estudios pueden ser factores que permitan distanciar los contactos y, por ende, también la posibilidad de que ocurran abusos.

Ahora, las víctimas se ven forzadas a convivir con sus abusadores constantemente por un periodo de tiempo indefinido. Esto, sumado al claro estrés que provee la situación del coronavirus, se convierte en la chispa que puede encender la corta mecha de violencia.

Los “mecanismos de defensa” usuales desaparecen

Como lo mencionamos, por lo general la convivencia no es tan intensiva como la que se impone en la realidad. En circunstancias normales, la pareja abusada habrá desarrollado “estrategias” para distanciar los abusos, para evitar molestar a la otra persona y hasta para disimular las situaciones de violencia.

En esta situación, todo esto se derrumba y se vuelve incluso más grave si se trata de parejas que tienen hijos. Generalmente, las víctimas optarán por mantener a sus hijos fuera de las situaciones y tratan de ocultar lo que realmente sucede.

Ahora, ello no es posible, los niños, la víctima y el victimario están 24/7 bajo el mismo techo. Si la violencia ocurre, estos lo verán, la normalizarán y la rueda del abuso dará otra vuelta. La posibilidad de ir a otra parte con los niños o simplemente alejarse por un tiempo del abusador ya no se encuentra disponible y ello aumenta las oportunidades de que la persona sea violentada.

Fortalece el ambiente de “control coercitivo” de la pareja abusiva

Por si fuera poco, otro de los problemas que comúnmente se ven en las relaciones abusivas es que el victimario tiene “poder” sobre la voluntad de la otra persona. Sorenson llama a esto “control coercitivo”.

Para definirlo hace referencia a las “tácticas psicológicas y emocionales que usa un abusador para obtener control sobre alguien”. Con estas suele establecer un cerco en el que la persona somete su voluntad a la del abusador y este puede cortar vínculos sociales y familiares para aislar incluso más a la víctima.

Todo esto basado en el miedo que el abusador puede infligir en su pareja. Lo que, a su vez, “corrompe la identidad y la confianza en uno mismo” y “facilita el abuso físico y otras formas de abuso”.

Con ambas partes encerradas en un solo espacio, el control del abusador sobre su pareja aumenta y la cantidad de contactos externos a los que esta puede recurrir por ayuda o apoyo se reduce exponencialmente.

La eterna pregunta: ¿por qué la persona se queda?

Para finalizar la entrevista, se le preguntó a Sorenson si tenía algún comentario adicional que hacer. Ella aprovechó el momento para abordar el posible estado mental de la víctima durante estas situaciones.

Tanto durante la cuarentena, como fuera de ella, las personas que permanecen junto a sus agresores lo hacen por un sentimiento de amor que tienen o pudieron tener por estos. Muchas veces mantienen la esperanza de que cambien, sobre todo cuando los problemas de violencia vienen de la mano con otras conductas como la bebida.

Ya que, en estos casos, se excusa a la persona diciendo que, cuando está sobria, es buena, amable, decente, etc. En general, quienes se quedan, esperan que el abuso en algún momento se detenga, pero no quieren cortar la relación.

Este se trata de un terreno delicado que debe explorarse con cuidado para poder ayudar a la persona a salir del peligro sin que se cierre y se repliegue en sí misma –o incluso en su propio agresor. Sorenson comenta que justo ahora, las personas en esta situación pueden sentir como si estuvieran “caminando de puntillas, sintiéndose como si estuvieran sobre hielo delgado” y sin posibilidad de pedir ayuda.

Como nota final, Sorenson declara que: “Si no tienen alternativas, pueden sentirse aún más aislados”. Por lo que, es importante construir mecanismos de apoyo que puedan funcionar en la actualidad, en medio de la crisis. Para que, de este modo, las personas que necesiten salir de estos hogares opresivos y peligrosos tengan las alternativas y las herramientas necesarias para lograrlo.