Los estados depresivos intensos y otras condiciones mentales pueden llevar a las personas hasta el extremo de querer quitarse la vida. Muchas veces, estos no solo tienen un factor biológico, sino que son promovidos directa o indirectamente por el entorno que los rodea.

La prevención del suicidio es un tema que interesa al mundo entero. Por ello, desde hace años se han desarrollado métodos para poder apoyar a los individuos que lo requieran.

Las tasas de suicidio varían según el país que se observe y también las herramientas que estos ofrecen para su prevención. En los últimos años, uno cuyas cifras solo han sabido aumentar ha sido Estados Unidos.

Ahora, con la llegada de la crisis del coronavirus, estos números podrían llegar a dispararse aún más si no se hace rápido algo al respecto. Con la finalidad de hacer notar este punto el jefe de servicios de psicología del Sistema de Atención de Salud VA Puget Sound en Seattle, Mark Reger, ha publicado un punto de vista en JAMA Psychiatry.

Las tasas de suicidio podrían aumentar debido al coronavirus

El foco principal de su publicación es advertir de la gran posibilidad que existe de que el coronavirus incida en las tasas de suicidio de Estados Unidos. En estos momentos, ciudades como Nueva York se encuentran bajo una cuarentena total y el conteo de nuevos casos no da señales de mermar.

En medio de este macroambiente de caos, los individuos también se ven enfrentados a desafíos particulares que pueden perturbar su estado mental. Acá, particularmente aquellos que ya se encontraban dentro de las poblaciones vulnerables o de alto riesgo son los que se ven más afectados.

Factores de riesgo del distanciamiento social

El distanciamiento social rompe con muchos de los patrones con los que cuentan los individuos vulnerables para regular su conducta y pasar picos de crisis. Asimismo, se ha convertido también en el detonante de otros problemas que podrían colaborar con el afianzamiento de las tendencias suicidas.

Aislamiento social y soledad

Uno de los primeros puntos que se pueden mencionar acá tiene que ver con la soledad. En estos casos, el contar con el apoyo de familia, amigos y profesionales calificados se vuelve vital para la estabilidad de emocional del individuo. Ello puede influir negativamente en su conducta y puede hacerlo volver a patrones autodestructivos.

Falta de mecanismos de apoyo

Siguiendo con el tema anterior, otros espacios de relajación y seguridad para los individuos como los centros comunitarios y religiosos en la actualidad se encuentran cerrados. Por lo que, en un momento de crisis se encuentran sin sus usuales puntos de apoyo. Lo que, a su vez, se convierte en un nuevo detonante que desestabiliza incluso más a la persona, sobre todo para aquellas que además se enfrentan a problemas mentales o situaciones de adicción.

Situaciones familiares tensas

Por otra parte, un detonante de las conductas suicidas, sobre todo en la población joven tiene que ver con los ambientes tóxicos en el hogar. Los encuentros que se veían espaciados por la escuela y el trabajo ahora se dan de forma diaria.

De este modo, los episodios de maltrato, físico o psicológico, pueden volverse más frecuentes y escalar mucho más rápido de lo que normalmente lo harían. Con este incremento de tensiones los adolescentes y adultos jóvenes con situaciones mentales inestables podrían inclinarse por la idea del suicidio.

Estrés económico

Otro factor externo que puede colaborar al aumento de las tasas de suicidio es la economía. La pausa forzada en la que el coronavirus ha puesto a muchas empresas y negocios ha obligado a muchas de estas a tener que despedir a parte de su personal.

Entonces, cuando en medio de una situación como la actual, no se cuentan con los medios de apoyo comunes y además se pierde otra fuente de estabilidad como lo es un empleo, es claro que habrá consecuencias psicológicas negativas para quienes lo sufran.

Es imperante fortalecer la red de prevención del suicidio

Como una conclusión de su estudio, Reger señala que es vital que se comience a trabajar en mecanismos más aficientes de prevención de suicidio. Ya que, si se están desarrollando medidas preventivas para los efectos físicos del COVID-19, también debería hacerse lo mismo para contrarrestar los efectos psicológicos de la cuarentena.

Una herramienta que podría ser de gran utilidad en todos los hogares es la tecnología. Con ella, la familia y amigos podrían hacer presencia de algún modo en la vida del individuo en riesgo e, incluso, a través de ella podría continuar con sus chequeos médicos y asistencias a grupos de apoyo.

“Un aumento en las tasas de suicidio no es inevitable. Existe la oportunidad de aplicar lo que ya sabemos sobre la prevención del suicidio para mitigar cualquier riesgo nuevo que puedan enfrentar nuestras comunidades” ha dicho Reger para referirse a la situación actual del coronavirus.

Como otras medidas, indica que es vital que las personas conozcan los números de emergencia y de apoyo psicológico para la prevención del suicidio. Sumado a ello, comenta que una buena forma de intentar superar el aislamiento de la cuarentena es ayudando a otros, aunque sea con pequeñas tareas. En teoría, esto ayuda a sentir que el tiempo pasado en aislamiento tiene un propósito y también permite que las personas sientan que ganan un poco más de control sobre su situación, un punto clave a la hora de desarrollar una mentalidad estable.

Referencia:

Suicide Mortality and Coronavirus Disease 2019—A Perfect Storm? doi:10.1001/jamapsychiatry.2020.1060