Una de las razones por las cuales los humanos pudimos desarrollarnos en criaturas tan hábiles y capaces de realizar movimientos motores finos fue el desarrollo de nuestras manos, una de las partes más flexibles y altamente adaptadas del cuerpo.

Es ampliamente aceptado que el desarrollo del pulgar oponible fue un salto prodigioso en nuestra evolución, y que la destreza de los dedos es lo que separa a los grandes simios y humanos de tantas otras especies.

Una estructura clave

Si bien la anatomía de las manos ha sido crucial en nuestra evolución, hay una estructura menos llamativa –pero clave en los dedos– que ha ayudado a primates y humanos durante millones de años: las uñas.

Las uñas son esencialmente formas aplastadas de garras, que es lo que poseen la mayoría de los otros mamíferos. Las garras eran extremadamente útiles para otros mamíferos, con fines defensivos y para la locomoción, particularmente para trepar a los árboles.

Sin embargo, a medida que los primates cambiaron y se adaptaron, sus necesidades también lo hicieron. Cuando los extremos de los dedos se aplanaron, las garras también lo hicieron dando origen a las uñas.

Al no recibir estímulos constantes, cuando algo entra en contacto con las terminaciones nerviosas de la piel bajo las uñas puede y causar un dolor intenso y agudo.

Las uñas, tanto de las manos y los pies, están hechas de células de la piel. La parte que llamamos uña es técnicamente conocida como la “placa de la uña” la cual está mayormente compuesta por una sustancia dura llamada queratina. Tiene alrededor de medio milímetro de espesor y es ligeramente curvada.

La uña está firmemente adherida al lecho ungueal debajo de ella, aunque se separan en la punta del dedo, donde sobresale el extremo de la uña, lo que nos permite usarlas como herramientas, por ejemplo para rascarse.

Terminaciones nerviosas

A medida que las partes del cuerpo se vuelven más especializadas, y los dedos son ciertamente eso, se requieren más terminaciones nerviosas para aumentar la funcionalidad y la sensibilidad. Los dedos y las yemas de los dedos también son críticamente importantes para la supervivencia, por lo que tener una uña para proteger la punta del dedo es una adaptación lógica.

La piel debajo de las uñas no es muy diferente a la piel de cualquier otra parte. No obstante, a diferencia del resto del cuerpo, la piel debajo de las uñas se adhiere a la parte inferior de la uña y está repleta de nervios que proporcionan la sensación adicional necesaria para realizar las tareas cotidianas.

Aunque la piel debajo de las uñas no es particularmente diferente a la del resto del cuerpo, se distingue por ser un entorno favorable para albergar bacterias.

Los nervios debajo de la uña rara vez están expuestos al ambiente externo. Por esta razón, estos nervios son esencialmente “en carne viva”. No reciben estímulos constantes del mundo exterior, como las yemas de nuestros dedos. Por lo tanto, cuando algo entra en contacto con las terminaciones nerviosas de esta piel desprotegida, puede ser extremadamente impactante para el cuerpo y causar un dolor intenso y agudo.

Aunque la piel debajo de las uñas no es particularmente diferente a la del resto del cuerpo, se distingue por ser un entorno favorable para albergar bacterias.

Mientras otras áreas de la mano albergan cientos (a veces miles) de bacterias, el área debajo de las uñas contiene cientos de miles de bacterias. Esto sucede porque el espacio entre la piel y la uña proporciona la protección física y la humedad necesarias para crear el ambiente perfecto para el crecimiento bacteriano.

Referencias:

Structure of the nails. InformedHealth.org, 2018. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK513133/

Composition and density of microflora in the subungual space of the hand. Journal of Clinical Microbiology, 1988. https://bit.ly/3cdQRxa