No hace mucho, Inglaterra se colocó en el centro de toda una tormenta mediática alrededor de su propuesta de implementar la “Herd Immunity” o “inmunidad de rebaño” para combatir el coronavirus. Esta planteaba que la mejor forma de hacerle frente era permitir que se moviera con libertad hasta que la población naturalmente se volviera inmune.

Por supuesto, este mecanismo habría generado una cantidad innecesaria de daños e incluso muertes. Debido a ello, la idea fue rápidamente desechada y el propio Primer Ministro, Boris Johnson, aseguró que no se aplicaría esta alternativa por ser demasiado riesgosa para la población.

A pesar de ello, la idea quedó flotando en el aire como una peligrosa posibilidad que algunos hasta podrían pensar en considerar. Por lo que, antes de que ello llegue a mayores, es preferible conocer desde ahora en detalle todos los motivos por los que el método de la “Herd Immunity” simplemente no funcionaría.

No hay certeza de que la inmunidad se mantenga el tiempo suficiente

Uno de los primeros puntos que refutan la posibilidad de usar la inmunidad de rebaño como mecanismo de defensa contra el COVID-19 tiene que ver con los pocos datos que hasta ahora se tienen sobre él.

Debido a esto, por ahora se desconoce cuánto tiempo permanecen los anticuerpos contra el SARS-CoV-2 en el organismo. En algunos casos, estos pueden permanecer un año, pero en otros, como el resfriado común, estos pueden durar incluso menos.

Como aún no se conocen los tiempos de los anticuerpos del coronavirus, apuntas por una “inmunidad colectiva” sin tener una idea real de cuánto durará es altamente riesgoso.

Aún no están claras las capacidades de contagio del virus

Por otro lado, un punto que también se debe tener en consideración es la capacidad de contagio del virus. Según la teoría de la inmunidad grupal, mientras más individuos se contagien, más se harán inmunes y el porcentaje de contagio debería comenzar a disminuir, ya que el virus tendría, a la larga, menos posibles anfitriones.

Ya la OMS estima que la capacidad de contagio del COVID-19 es de 2.5 (un infectado puede contagiar a dos individuos y medio más). No obstante, confiar en este método para inmunizar a la población significa dejar a merced de la enfermedad a la población de riesgo. Ello se ha vuelto particularmente delicado ahora que se sabe que es mucho más mortal de lo que se creía en un principio.

No se sabe con certeza cuántas personas están infectadas

Sumando a los puntos en contra de utilizar este método se encuentra de nuevo la falta de información, pero en otro ámbito. A pesar de que los países se han esforzado por dar datos claros sobre sus casos detectados y fallecidos, la verdad es que ninguno ha realizado pruebas generalizadas a su población. Como consecuencia, muchos más casos de los que se esperan podrían estar rondando sin ser detectados, por lo que, los brotes podrían salirse de control con mucha rapidez.

Los casos asintomáticos tampoco se han tomado en cuenta apropiadamente

Asimismo, casi ningún país ha tomado en cuenta en sus análisis los casos asintomáticos que, al parecer, podrían presentarse al menos en un 25% de la población. Estos colaborarían con la transmisión del virus. Pero, claramente, no se podrían rastrear a menos que hubiera un diagnostico generalizado de la población. Por lo que, nuevamente, sería imposible tener un verdadero control sobre el “proceso de inmunización”.

No hay evidencia de que se alcance antes de que llegue la vacuna

Sumado a todo lo anterior, también hay que pensar en que no hay nada que asegure que el método de la inmunidad de rebaño sea más veloz que lo que se debe esperar por la consecución de una vacuna. Lo que sí es claro es que, de usarlo, la cantidad de vidas que se perderían sería mucho mayor a la que se presentaría con medidas de cuarentena y distanciamiento social.

Intentarlo colapsaría aún más los sistemas de salud

Finalmente, como si faltaran razones, nos encontramos de nuevo con una complicación de facto de permitir que el coronavirus deambule libremente. En estos momentos, los países que tuvieron una reacción lenta ante la enfermedad ven cómo sus sistemas de salud colapsan uno tras otro debido al alto flujo de nuevos pacientes que reciben constantemente.

Optar por la “Herd Immunity” sería convertir esto en la nueva realidad para los profesionales de la salud mientras la población se “inmuniza naturalmente”. Es más que claro que esta no es una opción factible, al menos no sin causar enormes traumas a las sociedades y, sobre todo, al personal que trabaja en el sector de la salud.