La demencia es un trastorno común e incurable que tiene importantes implicaciones para los individuos, las familias y la sociedad. Para el año 2016, la prevalencia mundial de la demencia se estimó en 44 millones y se prevé que sobrepase los 115 millones para mediados de siglo.

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia, y aunque se realizan grandes esfuerzos, en la actualidad no se dispone de ningún tratamiento médico para prevenir, retrasar o modificar el curso de la demencia.

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Enfoque preventivo

Por lo tanto, es importante modificar las terapias y los enfoques preventivos. De hecho, un tercio de los casos de Alzheimer en todo el mundo se atribuyen a factores de riesgo potencialmente modificables.

Si bien el declive neurocognitivo a lo largo de la vida es una parte esperada del envejecimiento normal, algunas personas experimentan un declive cognitivo acelerado, por lo que pueden tener un alto riesgo de demencia. La alteración de la trayectoria del declive cognitivo mediante enfoques preventivos puede ser particularmente provechosa en esta población.

De acuerdo al estudio, los factores dietéticos desempeñan un rol influyente en la disminución del deterioro cognitivo.

Desde esta perspectiva, los resultados de un estudio reciente sugieren que la adherencia a la dieta mediterránea, la cual enfatiza el consumo de frutas enteras, vegetales, granos enteros, nueces, legumbres, pescado y aceite de oliva, se correlaciona con una función cognitiva más elevada.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores examinaron los efectos de nueve componentes de la dieta mediterránea en la cognición. Para ello, examinaron información de dos estudios de enfermedades oculares relacionadas con la edad, que en conjunto, examinaron a 8.000 individuos.

Efecto protector

El primero de los estudios (AREDS) evaluó la función cognitiva de los participantes a los cinco años, mientras que el segundo (AREDS2) evaluó la función cognitiva en los participantes al inicio del estudio y nuevamente a los dos, cuatro y diez años.

Estos análisis revelaron que los participantes con mayor adherencia a la dieta mediterránea tuvieron el menor riesgo de deterioro cognitivo. El alto consumo de pescado y verduras parece tener el mayor efecto protector. A los 10 años, los participantes de AREDS2 con el mayor consumo de pescado tuvieron la tasa más lenta de deterioro cognitivo.

La dieta mediterránea enfatiza el consumo de frutas enteras, vegetales, granos enteros, nueces, legumbres, pescado y aceite de oliva.

Las diferencias numéricas en los puntajes de la función cognitiva entre los participantes con la adherencia más alta versus más baja a una dieta mediterránea fueron relativamente pequeñas, lo que significa que las personas probablemente no verán una diferencia en la función diaria. Pero a nivel poblacional, los efectos muestran claramente que la dieta influye en la cognición y la salud neuronal.

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Los investigadores también encontraron que los participantes con el gen ApoE, que los pone en alto riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer, tenían en promedio puntajes de función cognitiva más bajos y un mayor declive que aquellos sin el gen.

No obstante, los beneficios de seguir una dieta mediterránea fueron similares para las personas con y sin el gen ApoE, lo que significa que los efectos de la dieta en la cognición son independientes del riesgo genético de la enfermedad de Alzheimer.

Referencia: Adherence to a Mediterranean diet and cognitive function in the Age‐Related Eye Disease Studies 1 & 2. Alzheimer’s & Dementia, 2020. http://dx.doi.org/10.1002/alz.12077

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