Cuando en octubre del año 2017 el primer objeto interestelar conocido ingresó en nuestro sistema solar, su inusual forma y trayectoria causaron controversia en la comunidad científica, llevando a algunos a incluso sugerir que podría tratarse de una sonda alienígena. Pero los resultados de un nuevo estudio muestran a una explicación mucho más terrenal.

El cuerpo celeste llamado Oumuamua (“explorador” o “mensajero” en hawaiano), que mide unos 100 metros de ancho y 600 metros de largo, no siguió una trayectoria explicable solo por la atracción gravitacional del Sol, lo que sugiere que liberaba gas como un cometa, a pesar de que las observaciones no mostraban que el objeto tuviera la superficie helada esperada de un cometa.

Encuentros estelares

En un reciente estudio, investigadores del Observatorio de la Costa Azul en Francia y de la Universidad de California utilizaron simulaciones por computadora para investigar cómo los objetos se ven afectados por los sobrevuelos de sus estrellas nativas.

Esta ilustración muestra el proceso de interrupción de las mareas estelares que puedieron dar al objeto interestelar Oumuamua su extraña forma alargada.

Estas simulaciones revelaron que encuentros muy cercanos con las estrellas anfitrionas pueden rasgar estos cuerpos en fragmentos alargados, que luego son expulsados ​​al espacio interestelar, una teoría de formación que brinda una explicación a las características inusuales observadas en Oumuamua.

En el estudio, los investigadores explican que si un asteroide pasa a menos de 60 millones de kilómetros de su estrella madre, sería estirado y rasgado por las fuertes mareas gravitacionales, creando una gran cantidad de fragmentos alargados, llegando algunos a ser expulsados ​​al espacio interestelar.

Anomalías explicadas

Si en vez de un asteroide, el cuerpo fuera un cometa, sufriría un destino similar: las fuertes mareas gravitatorias destrozarían el cometa, y gran parte del hielo en su superficie desaparecería por el acercamiento, aunque algunos hielos volátiles, como el agua y el dióxido de carbono, sobrevivirían a profundidades de 10 a 50 centímetros por debajo de la superficie rocosa del objeto. Lo mismo pasaría en el caso de un asteroide que retuviera pequeñas cantidades de agua debajo de su superficie.

Esta simulación representa el objeto interestelar Oumuamua como una masa de fragmentos forzados en una forma alargada por las fuerzas de marea estelares.

Si en su viaje un objeto de ese tipo pasara por una estrella más grande y cálida, como fue el caso de Oumuamua al acercarse a nuestro Sol, ese hielo podría evaporarse y arrojar gas al espacio lenta y constantemente. Si esas emisiones fueran desiguales, actuarían como pequeños cohetes y causarían el tipo de anomalías de trayectoria que los astrónomos han observado en Oumuamua.

Los cálculos de los investigadores demuestran la eficiencia de las fuerzas de marea en la producción de este tipo de objeto. Los posibles progenitores, incluidos los cometas,los asteroides e incluso planetas, podrían transformarse en piezas del tamaño y la forma de Oumuamua en un encuentro cercano con su estrella anfitrión.

Referencia: Tidal fragmentation as the origin of 1I/2017 U1 (‘Oumuamua). Nature Astronomy, 2020. https://doi.org/10.1038/s41550-020-1065-8