El coronavirus tiene al mundo entero corriendo para tratar de encontrar una forma de contrarrestarlo. Se sabe que las vacunas podrían llegar a finales de este año, pero, mientras tanto, la ciencia lucha por encontrar formas alternativas con las que combatir los efectos de la enfermedad.

En este intento, se han estudiado variados medicamentos ya existentes, a la espera de que alguno de ellos muestre ser efectivo. De entre todos, uno que se ha destacado ha sido el que se conoce como cloroquina y que usualmente se utiliza contra la malaria.

Debido a esto, ella ha comenzado a ser estudiada en diferentes partes del mundo. Lastimosamente, las pruebas no han sido tan exitosas como se esperaría.

¿Por qué la cloroquina?

Al parecer, la misma había logrado mostrar resultados prometedores en lo que respecta al combate del COVID-19. Sin embargo, la verdad es que aún se han hecho muy pocas pruebas y se requieren más datos para tener resultados contundentes.

La cloroquina y su derivado, la hidroxicloroquina, a pesar de su potencial, no se habían vuelto tan notorias hasta las declaraciones del presidente de los Estados Unidos. Durante una de sus comunicaciones, Donald Trump mencionó que estas podrían “cambiar el juego” en la lucha contra el coronavirus.

Debido a esto, las ventas de esta se dispararon en todo el país y muchas personas intentaron utilizarla por su cuenta. Ello llevó incluso a resultados fatales a ciudadanos que pensaron que cualquier tipo de cloroquina podría protegerlos contra el COVID-19.

Para el momento en el que Trump dio este comunicado, la cloroquina aún no había sido debidamente probada –de hecho, aún no lo ha sido. Dentro de sus comentarios también dijo que esta era segura ya que ya se la conocía y que “nadie moriría por ella”. Ahora, los resultados de este nuevo estudio que se debió detener a la mitad muestran que estas declaraciones están lejos de la realidad.

Midiendo las capacidades de la cloroquina para combatir el COVID-19

La meta de este estudio brasilero era notar los efectos de la cloroquina en pacientes con COVID-19. Los participantes se dividieron en dos grupos, uno con alta ingesta de cloroquina y otro con una baja ingesta.

El primer grupo tomaba dos raciones de 600ml dos veces al día. Por otra parte, el segundo solo ingería una ración diaria de 450ml. Por ser un estudio “doble ciego” ninguno de los participantes sabía a qué grupo pertenencia, dato que también desconocían los doctores dedicados a examinarlos.

El inicio del experimento transcurrió sin incidentes, pero pronto las cosas comenzaron a cambiar cuando llegó el momento del primer diagnóstico. La muestra elegida estaba compuesta por 440 pacientes. Después de ver a poco más de 80, los doctores concluyeron que no era seguro seguir con la investigación.

Las dosis altas causaron problemas cardiacos en los participantes

Dentro de este grupo de 81 individuos, fue notorio que aquellos pertenecientes al grupo de dosis altas estaba desarrollando anormalidades en su ritmo cardiaco. Incluso, un par de voluntarios incluso mostraron signos de taquicardia ventricular, una frecuencia cardíaca rápida y anormal, antes de su fallecimiento.

Por su parte, los de dosis bajas se mantuvieron estables. Los doctores notaron rápidamente que el riesgo de muerte cardíaca súbita era muy alto y decidieron suspender la investigación.

Para ello, revelaron cuáles pacientes pertenecían al grupo de dosis altas y rápidamente los movilizaron al de bajas. No planean volver a investigar con grandes ingestas de cloroquina, consideran que los datos que han obtenido, aunque pocos, son bastante contundentes en cuando al efecto de la cloroquina en el sistema cardiovascular de los pacientes.

¿”Peor el remedio que la enfermedad”?

Es claro que se ha pensado en la cloroquina como una posible medicina para disminuir los efectos del coronavirus. Sin embargo, estos recientes eventos han mostrado que podría no ser una buena alternativa.

Asimismo, usualmente la cloroquina viene de la mano de otro medicamento conocido como azitromicina. Se sabe que este también puede aumentar el riesgo de problemas cardiacos en personas propensas a los mismos.

En el caso de la investigación, los pacientes ya tomaban este antibiótico antes de comenzar la ingesta de la cloroquina. Los investigadores han comentado que, debido a ello, no han podido analizar el efecto de la azitromicina por si sola en el organismo. Por lo que, sería necesario realizar un estudio enfocado en esta para obtener resultados más claros.

Aun así, lo que es claro es que la mezcla de este par (y también la aparición de la hidroxocloroquina) han probado tener efectos negativos en el organismo. Debido a lo cual, cualquier estudio posterior sobre ellos deberá ser realizado con extremo cuidado.

El estudio cambiará su enfoque

Como lo mencionamos antes, el grupo de dosis altas se canceló por completo y con ello se dio fin a una etapa de la investigación. Ahora, los doctores tienen en la mira comenzar de nuevo a monitorear los efectos de la cloroquina en el organismo si esta solo se toma en bajas cantidades.

Para conocer los resultados de esta nueva investigación habrá que esperar nuevamente. Pero, por los antecedentes que la cloroquina ha mostrado en los últimos meses, tal vez, después de todo, realmente no se trate de la solución que el mundo está buscando.

Referencia:

Chloroquine diphosphate in two different dosages as adjunctive therapy of hospitalized patients with severe respiratory syndrome in the context of coronavirus (SARS-CoV-2) infection: Preliminary safety results of a randomized, double-blinded, phase IIb clinical trial (CloroCovid-19 Study): https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.04.07.20056424v1.full.pdf