En la sociedad actual el mundo vive en una eterna dicotomía. Por una parte, sobre todo en el mundo occidental, el individualismo lleva a muchos a buscar su propio beneficio y a separarse de la mayoría.

Por ello, es posible encontrar personalidades particulares que, por ejemplo, se convierten en el rostro de las empresas, en lugar de hacer que las mismas presenten un frente unido y sin una cara particular, como pasa en algunas compañías orientales. Sin embargo, a pesar de que existe esta tendencia a buscar la individualidad, al mismo tiempo existe una cuyo único fin es limitarla.

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En la actualidad, el pensar en sobresalir puede ser un problema para muchos, sobre todo en un mundo en el que el éxito se critica y los errores no se olvidan. Debido a este ambiente, muchas personas optan por encerrarse en sí mismas para evitar ser juzgadas.

Podría creerse que esto se trata de un problema que ha llegado con la sociedad moderna. Pero, el experimento realizado en los años 50 por el psicólogo social, Solomon Asch, ha demostrado que esta se trata de una conducta mucho más arraigada en el ser humano de lo que podríamos creer.

El experimento de conformidad de Asch

Básicamente, el psicólogo polaco-estadounidense desarrolló una prueba en la que deseaba ver cuál era el nivel de influencia que el entorno podía tener en las actitudes y opiniones de un individuo. Para ello, desarrolló una “prueba de visión” en la que participaron unas 123 personas.

Estos individuos entraban como parte de un grupo que se les había presentado como otros voluntarios del experimento. Por lo que, la persona consideraba que los mismos eran simplemente sus compañeros.

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Durante 18 preguntas, cada persona del grupo debía dar la respuesta que considerara correcta, frente a las demás y de forma clara. El único individuo que verdaderamente estaba siendo observado era siempre el que respondía de último por disposición de los investigadores.

En las primeras ocasiones, el grupo eligió las respuestas correctas. Para la tercera oportunidad ello comenzó a cambiar y todos elegían deliberadamente una opción errada. Después de un par de ocasiones, la persona observada comenzaba a responder erróneamente también, a pesar de que la respuesta correcta fuera obvia.

¿Qué línea (A,B o C) es igual en longitud a la de la izquierda? / Una de las preguntas de experimento de Solomon.

Incluso, posteriormente, en una sesión privada, admitieron ante Asch que conocían la respuesta correcta, pero que no la habían dicho por miedo a errar o avergonzarse frente al grupo.

Al final de todo, se pudo notar que los participantes por su cuenta solo llegaban a equivocarse el 1% de las veces. Por otra parte, con la presión social del grupo, el porcentaje de error aumentó a casi 37% ya que los voluntarios se dejaban influenciar por el grupo.

Asimismo, solo 25% de las personas se mantuvieron firmes en las respuestas correctas a pesar de la presión ejercida por el grupo de cómplices. El otro 75% al menos una vez cedió ante la mayoría y dio al menos una respuesta errónea por no discordar con el resto de sus compañeros.

El síndrome de Solomon

Luego de este experimento, la actitud que los participantes tomaron ante la influencia de la mayoría comenzó a conocerse como el síndrome de Solomon. Este, básicamente consiste en un estado mental en el que la persona se autocensura e impone límites con el fin de no resaltar.

En estos casos, la posibilidad de diferenciarse de la muñtitud se interpreta como un hecho negativo. Ello debido a que hacerlo puede acarrear fuertes críticas sobre la persona que intenta destacarse. Ahora, si esta no tiene una autoestima bien formada, este tipo de apreciaciones negativas pueden hacerle mucho daño a su estado emocional. Por lo que, para evitar de lleno esta posibilidad, dejan de hablar, de expresar su opinión o sus ideas por miedo a ser juzgados.

¿Por qué existe este síndrome?

Adaptativamente, esta necesidad de encajar podría deberse a que el ser humano es por naturaleza un animal gregario. En el mundo salvaje, para ser parte de un grupo y estar seguro de posibles amenazas u otros depredadores, los animales deben tratar de actuar en conjunto.

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En pocas palabras, las criaturas han aprendido a adaptarse a lo que hace la mayoría en sus entornos para estar seguras y conseguir protección. Sin embargo, claramente esta ya no se trata de una condición que necesariamente se aplique a las interacciones humanas.

Por ello, acá entran en juego también más factores sociales y psicológicos. En la sociedad de la actualidad, la aceptación de los demás está altamente valorada. En las personas con el síndrome de Solomon, esta llega a ser tan importante que suplanta sus opiniones personales. Ya que se vuelve más significativo el “no quedar mal” y ofrecer opiniones que van con la mayoría que el defender la propia individualidad y la identidad.

Algunas afecciones que van de la mano con el síndrome

Por lo general, cuando este síndrome se hace presente, existen otras condiciones subyacentes que también influyen en su aparición. Como un ejemplo, se puede decir que aquellos que sufren de ansiedad social son mucho más propensos a verse afectados.

Asimismo, las personas con baja autoestima y dependencia emocional también son hospedadores comunes de este síndrome. Otros estados mentales que pueden influir en el desarrollo de este pueden ser la indecisión crónica, la sensibilidad exagerada a las críticas y un elevado deseo de “deseabilidad social”, es decir, de ser aceptado por otros a niveles desmesurados.

Así se puede identificar a una persona con síndrome de Solomon

Con los puntos anteriores ya es posible formar un perfil que explica un poco cómo se manejaría la mentalidad de una persona con síndrome de Solomon. Pero, ahora, con estos tips será más fácil identificar comportamientos concretos que delatan este estado mental:

  • Autocensura a la hora de expresar opiniones (solo las presentan si concuerdan con las de la mayoría).
  • Nunca buscan sobresalir en ningún área (académica, laboral, social, etc.).
  • Incapacidad de tomar decisiones por sí mismos, esperan a que otra persona lo haga.
  • Dudan constantemente de sus capacidades, ideas y convicciones.

Un problema común con el síndrome de Solomon es que las personas que lo sufren tienden a estar en un constante proceso de desacreditación. Es decir que, suelen opinar que los demás tienen posturas, opiniones y capacidades más valiosas que las propias. Por ello, para no enfrentarse al fracaso o al rechazo, evitan por completo situaciones en las que puedan mostrarse.

Una sociedad cómplice

Aunque, en efecto, la decisión final de aislarse viene de parte del individuo, la sociedad nuevamente tiene una influencia notoria en la misma. Así como este basa sus convicciones, ideas y acciones en lo que desea el grupo, también aprende a despreciar sus capacidades por la forma en la que los grupos funcionan.

En estos momentos, la envidia está a la orden del día y es por ella que nos encontramos con tantas críticas apuntando a las personas que tienen éxito. Muchos de los que han logrado salir adelante relatan el camino que tuvieron que recorrer para superar estos obstáculos y continuar por las sendas que ellos eligieran.

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No todos cuentan con la fortaleza mental que una lucha como esta requiere y entonces recaen en los comportamientos complacientes para evitar los problemas.

Nuevamente, nos encontramos con una dicotomía. Aunque por un lado en la teoría se motiva a la gente a tratar de superarse a sí misma, la práctica muestra que la mayoría rechaza a quien lo intenta y premia con aceptación a quien prefiere complacer antes que sobresalir.

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