El coronavirus se ha convertido en el punto de interés del mundo entero. La pandemia que este ha generado ha dejado ya a más de 200 países infectados y el conteo de contagios ya supera el millón.

Por los momentos, aún no se vislumbra la posibilidad de obtener una vacuna. Debido a lo cual, los principales sistemas de defensa con los que cuenta la humanidad siguen siendo la prevención y el tratamiento sintomático.

La primera está en manos de cada ciudadano y, si este cumple con su responsabilidad, podrá colaborar con cortar las cadenas de contagio existentes. Por otra parte, el segundo queda en manos de los trabajadores de la salud.

En los últimos meses, la presión sobre los mismos ha ido en aumento a la par con la cantidad de casos de COVID-19 que se han ido detectando. Justo ahora, el mundo vive una situación para la que no estaba preparado, y este grupo de profesionales no es la excepción a la regla.

El estrés ya es más del que se entrenaron para manejar

En efecto, el estrés no debería ser un factor nuevo en sus trabajos. Todos los que han elegido desempeñarse en el campo de la salud se han entrenado para aprender a manejar la presión, mantenerse calmados y seguir haciendo su trabajo.

Sin embargo, no hay ningún programa de entrenamiento que alguna vez pudiera haberlos preparado para lo que enfrentan ahora. Los trabajadores de la salud en los países más afectados están viendo la cara más dura de esta enfermedad.

Después de todo, los sistemas de salud se encuentran sobrepasados, la cantidad de pacientes supera por mucho sus capacidades y escasean implementos que tienen para atenderlos y para mantenerse sanos.

Más de uno habrá visto a un colega caer enfermo ante el COVID-19 debido a estas situaciones tan precarias. Todo esto, en medio del frenesí en la carrera contra el tiempo en la que se ha convertido la constante batalla contra el coronavirus.

Muchos extrañan el contacto con sus familias

Como una medida extra de seguridad, muchos han optado por mantenerse alejados de sus familias, aunque sepan que no están infectados. Ello debido a que, al estar expuestos durante horas a ambientes en los que claramente el virus está presente, la posibilidad de un contagio nunca deja su mente.

Debido a esto, muchos han comenzado a sentir el aislamiento con más fuerza, ya que, incluso bajo el mismo techo, estos casi no pueden interactuar con sus seres queridos. Al sumar una situación como esta con el estrés constante y desgaste físico que implica ahora su trabajo y podemos ver que es fácil que rápidamente estos puedan sentirse agotados tanto física como mentalmente.

Decisiones difíciles

Por si fuera poco, la falta de implementos ha hecho puestos a estos trabajadores en posiciones verdaderamente difíciles. En algunos países, la escasez ha hecho que se deban priorizar a unos pacientes sobre otros. O, en pocas palabras, los doctores han tenido que elegir a quién salvar y a quién no.

La sola idea es suficiente para quitarle la tranquilidad a cualquier. Justo ahora, muchos trabajadores de la salud se están enfrentando a situaciones de este estilo en un intento por salvar tantas vidas como se pueda. Un hecho como este nunca debería tener que estar en las manos de otro ser humano, pero, en la actualidad, es una realidad que no puede ser ignorada.

Apoyar psicológicamente al personal es vital

Es claro que factores como estos pueden hacer estragos en la mente de una persona. La presión constante, la soledad y el tener que enfrentar el deterioro de la vida y la muerte con tanta intensidad cada día son una receta para el desastre.

Por ello, es momento de devolverles a los trabajadores de la salud al menos un poco de ese cuidado que ellos se han esforzado por dar a la población en estos momentos de crisis. Las clínicas, hospitales, centros médicos y demás, deben comenzar a incluir herramientas de soporte emocional para sus trabajadores.

De este modo, estos podrán acceder a ellas cuando sientan que la situación está comenzando a afectarlos más allá de lo que pueden manejar por su cuenta. En estos casos, el apoyo entre colegas es vital, el saber que no se está solo en esta lucha puede hacer mucho para mejorar el estamos mental de una persona.

Es claro que el personal médico que se desempeña en las áreas más afectadas requiere de un apoyo psicológico mayor. Sin embargo, en todas partes la presión por el COVID-19 existe y es un motivo de preocupación para este grupo de profesionales. Por lo que, la mejor alternativa sería que cada centro de salud ofreciera apoyo psicológico a sus trabajadores, sin importar dónde se encuentren.

Las alternativas existen

Para este momento, ya existen algunos hospitales que tienen iniciativas en movimiento sobre este tema. Por ejemplo, el clínico de Cleveland existe el Código Lavanda. Este básicamente corresponde a un grupo especial entrenado para responder y ayudar a los trabajadores que se sientan abrumados por su alrededor.

Asimismo, la Universidad de Missouri ha iniciado un movimiento con “primeros auxilios emocionales” que pueden ser aplicados para ayudar a los profesionales de la salud durante los días particularmente rudos. Sumado a esto, la Universidad Estatal de Ohio ha diseñado las clases “MINDBODYSTRONG” que pueden ayudar a las personas a desarrollar lo que se conocer como resiliencia.

Por si fuera poco, también existe la herramienta virtual Healer Education Assessment and Referral (HEAR) que inicialmente fue construida como una app de prevención del suicidio, pero que ha sido especialmente adaptada para enfocarse en ayudar al personal médico a manejar su situación emocional.

Son nuestra primera línea de defensa

En estos momentos, los profesionales de la salud se encuentran dando todo lo que tienen para ayudar en la batalla contra el COVID-19. Por ello, en este día internacional de la salud, más que nunca, debemos tomarnos un momento para apreciar sus esfuerzos. Con ello en mente, también podemos pensar de qué formas podemos nosotros, desde nuestra realidad, ayudarlos.

¿Queremos apoyarlos? ¡Quedémonos en casa!

Otro de las constantes preocupaciones que los trabajadores de la salud han manifestado tiene que ver con la actitud de la sociedad en general. Existen algunas personas que se han tomado la cuarentena y las medidas de seguridad en serio. Sin embargo, al mismo tiempo, también hay grupos que aún no le dan a la situación la seriedad que se merece.

Es por ellos que las cadenas de contagio no se rompen por completo y por lo que el coronavirus sigue conquistando nuevos espacios. Mientras esto pasa, el número de personas afectadas en los hospitales aumenta y los profesionales se ven aún más abrumados.

Si queremos ayudar, solo debemos cumplir con nuestro deber como ciudadanos y permanecer en casa. Tal como lo han mencionado ya muchas campañas, ellos están afuera enfrentando el COVID-19, por nosotros; ahora es nuestro turno de mantenernos en nuestros hogares, por ellos.