La infancia es un periodo de nuestras vidas que vivimos con alegría e inocencia y que luego vemos desde la adultez con ternura y un poco de nostalgia. Es posible que todos tengamos algunas memorias de nuestras etapas infantiles, como el primer día que entramos al colegio, una fiesta de cumpleaños particular o incluso simplemente un viaje o un paseo que hayamos disfrutado mucho.

Sin embargo, todas ellas están cubiertas por un velo que las vuelve tenues e inestables. En efecto, las recordamos, pero con cada momento que pasa la nitidez de las mismas se va perdiendo.

Se cree que mucho de ello ocurre por un fenómeno conocido como “amnesia infantil”. Esta implica que los eventos vividos en la infancia tienden a desaparecer de la memoria. Ya sea en menor o en mayor medida, esto nos ocurre a todos. Pero, cuando hablamos de nuestra primera infancia, cuando éramos solo bebés, todos podemos concordar en que se trata de un período totalmente borrado de nuestra memoria.

La memoria semántica y la memoria episódica

Debido a esto, por décadas se ha pensado que, la memoria episódica –aquella que nos permite recordar momentos por su contexto de forma individual– no se desarrolla durante esta primera infancia.

Por otra parte, queda claro que nuestra capacidad de aprendizaje está en su máximo, puesto que nuestro cerebro aún está en crecimiento. Es por motivos como este que, entonces, podemos notar que la memoria semántica –la encargada de hacernos entender significados y asimilarlos– se encuentra particularmente activa.

Ahora, la nueva investigación publicada en Nature Communications ha llegado para probar por primera vez que esta concepción no es del todo cierta. Por un lado, en efecto, la memoria semántica presenta altos picos de actividad debido a que los bebés constantemente están absorbiendo nueva información. Mientras que, por otro, se ha podido apreciar que la memoria episódica sí hace presencia en nuestra primera infancia.

El sueño cambió los patrones cerebrales de los bebés

El experimento realizado por los investigadores consistió en analizar los patrones cerebrales de dos grupos de bebés entre 14 y 17 meses de edad. Para ello, se utilizó un seguimiento de la actividad cerebral de los infantes a través de electroencefalogramas.

La primera fase del estudio fue igual para los dos grupos. A cada bebé se le presentó un objeto ya conocido con una palabra ya conocida, asociada a este. Luego, se les mostraron imágenes de diferentes diseños de un mismo objeto y se les presentó la palabra ya conocida.

Una vez estuvo completada la primera fase los grupos se dividieron. Por un lado, una mitad tuvo una siesta, mientras que, por el otro, la otra mitad permaneció despierta.

Pasado esto, llegó el momento de la prueba de memoria. Las ondas cerebrales de los bebés fueron rastreadas para poder determinar sus reacciones ante las relaciones objeto/palabra que se les presentaban.

Imagen de extraída de la investigación publicada en Nature Communications.

Primero vieron la misma relación correcta entre objeto y palabras con imágenes que ya conocían. Luego, se les presentó una relación incorrecta, pero con las mismas ilustraciones que habían visto. El siguiente paso consistió en presentar una nueva pareja correcta, pero con una representación gráfica nueva. Al final, la última presentación implicaba un emparejamiento objeto/palabra incorrecto, con un diseño de imagen no visto antes por el bebé.

Durante este proceso, fue posible ver que los infantes que habían tenido un tiempo para dormir, tenían una actividad cerebral significativamente distinta a la que aquellos que se habían mantenido en vigilia.

El componente N400

La diferencia sustancial radicó en la aparición del componente N400 en su actividad cerebral. Este se relaciona sustancialmente con la memoria semántica y la asimilación de nuevos contenidos. Por lo que, cuando se hace presente la memoria episódica, el mismo es menos frecuente.

Asimismo, este componente suele hacer presencia específicamente cuando el cerebro procesa significados que saben que son incorrectos. Por ejemplo, cuando a los niños se les presentó un perro y se lo llamó pelota, el cerebro de los bebés supo que la relación entre ambos elementos no era la adecuada.

Ambos grupos mostraron la aparición del N400. Sin embargo, en eventos particulares, los bebés que habían dormido mostraron una respuesta diferente.

Por su parte, esos que se habían mantenido en vigilia presentaron el N400 ante las relaciones incorrectas y tuvieron las mismas respuestas cerebrales de la fase de aprendizaje.

Esto no fue tan lineal con los que durmieron. Mientras que sus mentes reaccionaron igual a los resultados incorrectos, también hicieron una diferenciación entre los que eran correctos.

Al dormir, objeto y significado se fusionaron

Para los bebés que tuvieron un tiempo para dormir los objetos antes mostrados, ocasionaron una reacción diferente que aquellos que veían por primera vez. Por ejemplo, si el bebé vio en la fase de aprendizaje una bola roja y se la llamó pelota, su cerebro reaccionó particularmente con reconocimiento cuando se la presentó de nuevo. Ahora, si luego se le mostraba una nueva bola, pero verde, y se la llamaba pelota, el bebé también la reconocía, pero no de la misma forma.

Por lo que se ve, el haber dormido ayudó a que el cerebro procesara las experiencias vividas no solo desde un punto de vista semántico, sino vivencial. De este modo, un objeto y una palabra dejaron de ser entes separados para convertirse en un único elemento fácilmente reconocible.

Las memorias episódicas se refuerzan durante la siesta

Con esto, se puede comprobar que, en efecto, los bebés poseen una memoria episódica y que la misma se construye durante los periodos de sueño de estos. Cabe destacar también que la misma se trata de una detallada, puesto que, el infante era capaz de hacer diferenciaciones entre un mismo modelo de objeto por cosas como el color o el diseño.

Ello no solo implica que el bebé recuerda particularmente la experiencia de ver el objeto y asociar a él una palabra, sino que es capaz de identificar detalles particulares del mismo y usarlos para diferenciarlo de otros en un futuro. Hasta ahora, ningún estudio había podido probar esto de forma satisfactoria, por lo que, este se trata de un gran paso adelante en los intentos por comprender cómo funciona la mente humana.

Referencias:

Sleep-dependent memory consolidation in infants protects new episodic memories from existing semantic memories: https://doi.org/10.1038/s41467-020-14850-8