El Primer Ministro de Reino Unido, Boris Johnson, ha sido ingresado en la unidad de cuidados intensivos del Hospital St. Thomas en Londres por un agravamiento importante de los síntomas de COVID-19.

La información proviene de un comunicado publicado por Downing Street, que revela que “la condición del Primer Ministro ha empeorado y, por consejo de su equipo médico, lo trasladaron a la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital”.

“Desde el domingo por la noche, el Primer Ministro ha estado bajo el cuidado de médicos en el Hospital St Thomas’, en Londres, luego de ser admitido con síntomas persistentes de coronavirus”.

Síntomas de Johnson agravaron con el transcurso de los días

El pasado 27 de marzo, Johnson confirmó a través de un video publicado en la red social Twitter que había desarrollado síntomas leves y que había dado positivo en la prueba diagnóstica del coronavirus, convirtiéndose así en un miembro más de las autoridades que se ha contagiado con la nueva enfermedad.

En aquel momento, el mandatario indicó que se encontraba aislado, pero continuaría con sus labores gubernamentales desde casa a través de videollamadas, recalcando que las medidas de distanciamiento social implementadas recientemente en su país son las correctas en medio de esta situación.

Sin embargo, el domingo 5 de abril se dio a conocer que Johnson fue ingresado en el hospital en lo que se llamó “pruebas de rutina”, ya que tras 10 días de haber dado positivo en la prueba, no mostraba mejoría.

Downing Street ha informado también que el Johnson pidió al Secretario de Relaciones Exteriores, Dominic Raab, quien es el Primer Secretario de Estado, que lo sustituya en sus funciones cuando sea necesario.

El Primer Ministro había sido muy criticado por apoyar la estrategia de mitigación en lugar de supresión para evitar el impacto de la pandemia sobre la economía británica. Su propuesta era permitir que la población se infectara con el nuevo coronavirus para, de esta forma, desarrollar una inmunidad colectiva.

Y a pesar de que no es una estrategia del todo descabellada en ciertos contextos, fue descartada rápidamente gracias a un estudio del Imperial College de Londres, que estimaba unas 250,000 muertes para su aplicación.