Sin lugar a dudas, la pandemia actual tendrá un impacto fuerte sobre la economía mundial, un sacrificio al que han debido acceder las autoridades de diferentes países para proteger a su población pese a sus intentos por mantenerla a flote.

Por una parte, el distanciamiento social que se ha tenido que implementar para contener la propagación del COVID-19 no solo implica un incremento en el estrés, depresión y ansiedad en las personas por el confinamiento, sino también por el temor derivado de la suspensión de las actividades laborales.

Y por otro lado, los efectos directos que tienen ese tipo de medidas sobre la economía de un país, y del mundo entero: el precio del petróleo ha bajado, los trabajadores informales han visto sus ventas reducidas, escasez de combustible, restricciones de viajes, etc. Y aunque algunas empresas han decidido velar por sus trabajadores en esta época, otras se han visto en la necesidad de reducir personal o cerrar definitivamente al no poder sostener su nómina.

En un artículo publicado en The Conversation, Gordon Menzies, profesor asociado de economía de la Universidad Tecnológica de Sydney explica que, a pesar de que la preocupación por la crisis sanitaria puede servir de estímulo para el cumplimiento de las restricciones, el pesimismo extremo sobre su impacto sobre la economía puede resultar peligroso.

Sesgo de confirmación

En este tipo de situaciones, la interpretación de los hechos puede estar sujeta a distorsiones por sesgos de confirmación, una tendencia a procesar la información de una forma en la que se ocultan cosas que no concuerdan con la narrativa que se ha adoptado para la misma.

Dicho de manera sencilla, si pensamos que la pandemia destruirá nuestra economía y encontramos una información que sostiene esta teoría, lo cual, además de fortalecer la sensación de tener la razón, limita significativamente la posibilidad de que entren en juego otras opciones incluso mucho más probables. Esto suele pasar mucho en aspectos religiosos y políticos, lo cual puede ciertamente estimular las conductas radicales que hemos visto a lo largo de la historia.

En nuestro contexto actual, es de esperar que muchas personas hayan adoptado la concepción de crisis con la rápida expansión del COVID-19. Sin embargo, esto no necesariamente tiene que implicar que “nada bueno puede suceder en la economía”, con que muchos que han aplican inconscientemente este sesgo de confirmación pueden estar dando por hecho.

Lo malo y lo bueno en medio de la crisis

Y en efecto, hay cosas que no se pueden negar. La pandemia ha revelado brechas en los sistemas de seguridad y salud de muchos países bien posicionados a nivel mundial, y el coronavirus se ha cobrado la vida de personas importantes y ciudadanos comunes.

La llegada del coronavirus ha dejado a millones de personas sin trabajo con el cierre de industrias o la reducción de la producción habitual. Y aunque muchos gobiernos han establecido un subsidio para que su población pueda quedarse en casa durante esta situación, este no es beneficio con el que puedan contar muchas personas que viven en países de medianos y bajos ingresos.

Sin embargo, algunos podrían verse beneficiados. Más allá del impacto ambiental positivo como la limpieza y el paso de los animales por calles normalmente abarrotadas de gente y vehículos, algunas personas podrían aprovechar la oportunidad para impulsar su propio negocio desde casa o para formarse en otras áreas aprovechando que muchas instituciones están ofreciendo educación gratuita en línea.

Sacar lo mejor de la humanidad

Y aunque bien sabemos que estos puntos no necesariamente impliquen que al final de este problema todos tendrán éxito inmediato, es mejor que pensar con pesimismo extremo y esperar que todo salga mal.

Menzies aprovechó la oportunidad para citar al famoso escritor de Narnia y La Trilogía Cósmica, C.S. Lewis, quien en 1948 escribió un ensayo titulado “Viviendo en la era atómica”, momento en el cual la humanidad se enfrentaba a una amenaza significativa: la bomba atómica.

“Si todos vamos a ser destruidos por una bomba atómica , deje que esa bomba cuando llegue nos encuentre haciendo cosas sensibles y humanas: orar, trabajar, enseñar, leer, escuchar música, bañar a los niños… no acurrucados como ovejas asustadas y pensando en bombas”.

Dejemos claro que la preocupación y el miedo son un mal necesario para nuestra supervivencia, pero tal como ocurre con el estrés, llevados a extremos pueden tener efectos adversos a largo plazo, en este caso, sobre la economía.

Referencia:

It is necessary to worry about health, but pessimism about the economy will hurt us. https://theconversation.com/it-is-necessary-to-worry-about-health-but-pessimism-about-the-economy-will-hurt-us-135670