Además de representar una grave amenaza para la salud mundial, a la fecha se reportan con cerca millón de afectados y más de 50 mil muertes, la pandemia COVID-19 ha generado una severa paralización global de las actividades académicas, económicas y sociales que suponen efectos y consecuencia a largo plazo que son desconocidas.

Este sombrío contexto hace que contar con una vacuna que induzca rápidamente respuestas inmunológicas potentes y duraderas específicas para el coronavirus SARS-CoV-2 sea más que una urgencia, una prioridad global.

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Resultados esperanzadores

En atención a esta necesidad, científicos e instituciones de todo el mundo trabajan incansablemente en descubrir y desarrollar tratamientos y formas de inoculación que nos permitan controlar, y eventualmente contener la propagación de este agente infeccioso.

Como resultado de esos esfuerzos, investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburg presentaron un candidato a vacuna para hacer frente al SARS-CoV-2, responsable de la pandemia COVID-19.

La vacuna se administra a través de un parche con 400 microagujas, que al ser colocado sobre la piel, inyecta la vacuna y luego se disuelve sin dejar rastro.

En pruebas preliminares realizadas en ratones, la vacuna, a la que se le ha dado el nombre de PittCoVacc, produjo anticuerpos específicos para el SARS-CoV-2 en cantidades que se consideran suficientes para neutralizar el virus.

PittCoVacc se administra a través de una tecnología prometedora, un parche del tamaño de la punta de un dedo, el cual contiene 400 microagujas en su superficie, que al ser colocado sobre la piel, inyecta la vacuna y luego se disuelve sin dejar rastro.

El enfoque seguido es el de la vacuna recombinante, ya utilizado para las vacunas contra la gripe. Bajo esta perspectiva, los investigadores producen en laboratorio fragmentos de proteínas virales que se administran para desarrollar la respuesta inmune contra el virus. La proteína utilizada en este caso es la proteína espiga.

Fragmentos de proteína

La proteína de la espiga del coronavirus, un componente estructural característico de la envoltura viral, se considera un objetivo clave de las vacunas para la prevención de la infección por coronavirus.

Como sabemos, el virus SARS-CoV-2 muestra picos en su superficie que le dan su distintiva forma de corona, las cuales están formadas precisamente por la proteína espiga. Los investigadores producen fragmentos de la proteína espiga que se pueden transportar al cuerpo generando la respuesta inmune.

En pruebas preliminares realizadas en ratones, la vacuna produjo anticuerpos específicos para el SARS-CoV-2 en cantidades que se consideran suficientes para neutralizar el virus.

Una de las características más llamativas de la vacuna PittCoVacc es que su producción es un sistema escalable, es decir, puede hacer frente a un fuerte aumento de la demanda.

Esto se debe a que los fragmentos de proteínas se producen en una “fábrica celular” con muchas capas de células diseñadas para expresar la proteína, cuya purificación también se puede hacer a escala industrial.

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La producción en masa de la matriz de microagujas implica hacer girar la mezcla de proteína y glucosa en un molde usando una centrífuga. Además, una vez producida, la vacuna puede permanecer a temperatura ambiente hasta su uso, eliminando la necesidad de refrigeración durante su transporte o almacenamiento.

Sobre la base de estos resultados, los autores se encuentran solicitando la aprobación de investigación de la FDA, anticipando el comienzo de un ensayo clínico en fase I en humanos en los próximos meses.

Referencia: Microneedle array delivered recombinant coronavirus vaccines: Immunogenicity and rapid translational development. EBioMedicine, 2020. https://doi.org/10.1016/j.ebiom.2020.102743

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