El invierno guarda una estrecha relación con enfermedades como la gripe. El aire frío y seco que transita durante esta estación ayuda a que los virus se propaguen entre las personas, y precisamente esto es lo que ha favorecido al SARS-CoV-2, el coronavirus que causa el COVID-19.

Dicho esto, cabe pensar que con el aumento de la humedad típico de la primavera y el verano se reduzca el riesgo de transmisión de este polémico virus a través de las partículas del aire. Pero… ¿ocurrirá esto tanto en el exterior como en el interior de los recintos?

En un documento publicado Annual Review of Virology, un equipo de investigadores de la Universidad de Yale sugiere que la moderación estacional de la humedad relativa, que definen como la diferencia entre la humedad y las temperaturas exteriores y la humedad en el interior podría ser un factor influyente en la disminución de las tasas de propagación del coronavirus.

¿Por qué el aire frío y seco favorece la propagación de los virus?

Akiko Iwasaki, profesor de inmunobiología de Waldemar Von Zedtwitz y profesor de biología molecular, celular y del desarrollo en Yale, recuerda que la naturaleza estacional de las enfermedades respiratorias ha sido notada y registrada desde tiempos ancestrales. Incluso los antiguos griegos observaron que la prevalencia de estas afecciones caía durante la primavera y el verano.

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El aire frío y seco crea las condiciones idóneas para la transmisión de las partículas virales.

Y en efecto, la ciencia moderna ha confirmado que el aire frío y seco es un factor importante en la propagación de virus como el SARS-CoV-2. Sin embargo, “de lo que no se ha hablado es de la relación de temperatura y humedad en el aire interior y exterior y la transmisión aérea del virus”.

En su artículo, Iwasaki explica que cuando el aire exterior frío con poca humedad se calienta en el interior de un recinto, la humedad relativa del aire cae a aproximadamente un 20 por ciento, y con menor humedad con la cual lidiar, las partículas virales pueden desplazarse con mayor facilidad.

Pero los contagios no solo ocurren por este simple aporte. Las vías respiratorias humanas están cubiertas con cilios, estructuras similares a los pelos en las células que cumplen con la función de expulsar microbios. El aire cálido y seco amortigua la capacidad de los cilios de expulsar las partículas virales del sistema respiratorio. Además, en los entornos más secos, nuestro sistema inmunitario se vuelve menos capaz de responder a los patógenos, disminuyendo así nuestra protección frente a la enfermedad.

Humidificadores para evitar contagios

Iwasaki ha citado experimentos que muestran que, encontrándose en entornos donde la humedad es baja, los roedores infectados con virus que atacan al sistema respiratorio pueden transmitir fácilmente partículas virales a través del aire a sus similares no infectados.

El biólogo estudió los efectos de la humedad relativa durante el invierno, la cual sigue siendo bastante baja en la mayoría de los ambientes interiores. “Es por eso que recomiendo humidificadores durante el invierno en los edificios”, apuntó.

Sin embargo, esto puede convertirse en un arma de doble filo. Principalmente porque en áreas donde la humedad relativa es alta, como en los países de los trópicos, las gotitas infecciosas en el aire caen sobre las superficies en el interior, donde pueden sobrevivir durante un buen tiempo dependiendo de su concentración y del material, como expuso un estudio publicado la semana pasada.

“Muchas casas y edificios están mal ventilados y las personas a menudo viven cerca, y en estos casos, los beneficios de una mayor humedad se mitigan”, dijo Iwasaki.

El punto de humedad relativa que reduce los contagios

Lo bueno es que en su estudio encontró el punto ideal de humedad relativa para ambientes interiores. Cuando el ambiente tenía entre 40 y 60 por ciento de humedad relativa, los ratones mostraron una capacidad sustancialmente menor para transmitir virus a otros ratones que no estaban infectados, en comparación con los ratones que se encontraban en humedades relativa más altas o bajas.

Sin lugar a dudas, se trata de un hallazgo interesante que nos revela otro factor que puede influir en la transmisión de enfermedades. Sin embargo, Iwasaki reconoce aún controlando esto, las personas pueden contagiarse con un virus en cualquier época del año al estar en contacto con personas infectadas o superficies con cantidades considerables de partículas virales.

Referencia:

Seasonality of Respiratory Viral Infections. https://www.annualreviews.org/doi/10.1146/annurev-virology-012420-022445