La aparición del SARS-CoV-2 he sacudido nuestro mundo, y es probable que muchas personas se encuentren consternadas ante los cambios drásticos de vida que han debido experimentar, no solo para evitar contagiarse, sino también para proteger a otros.

Las acciones de cada persona pueden tener un efecto importante sobre la vida de otras, y esto no es nada nuevo. Y aunque es probable que en condiciones normales muchos no lo notaran, la pandemia por COVID-19 ha sido una excelente lección de cuán interconectados estamos los seres humanos.

Por supuesto, dicho así suena como algo muy sublime y hermoso, pero ciertamente también puede generar problemas. Y es que estando nuestra vida tan conectada a la de otros, puede que nos sintamos incómodos con sus acciones, nos afecten o no directamente. Y en efecto, esta pandemia no solo ha generado incertidumbre sobre nuestra salud, trabajo, familia, entretenimiento y alimento, sino también crisis existenciales que pueden desencadenar problemas de ansiedad y depresión.

Es cierto que algunos lo toman con mucho humor, pero hay casos en los que la llegada de la pandemia ha supuesto una situación muy difícil: la pérdida del trabajo, la falta de dinero y alimento, la muerte de un ser querido, la imposibilidad de ayudar a otros que mantienen su cuarentena en otros sitios. Y en medio de esa situación, más de uno se preguntará: “¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué no puedo seguir con mi vida habitual? ¿Quién creó el problema y por qué?”.

Y a pesar de que actualmente hay muchos psicólogos ofreciendo sesiones en línea para aquellas personas más afectadas a nivel emocional, algunos sugieren otros recursos. Por ejemplo, Nishanathe Dahanayake, un candidato a doctorado en filosofía en la Universidad de Nueva Inglaterra, sugiere que el budismo podría proporcionar un poco de consuelo a las mentes sobrecargadas.

Divagar en preguntas puede causar sufrimiento

Para comprender un poco el porqué de esta recomendación, el autor cita un relato que involucra a Mālunkyaputta, un discípulo que siguió a Buda hace unos 2.500 años en la antigua India, que planteó una serie de preguntas e insistía en darles respuesta.

El budismo plantea el desapego a las cosas que se rigen por nuestros deseos, y propone aprender a ser feliz con cosas simples.

Entonces Buda le respondió con una metáfora. Un hombre herido con una flecha venenosa que fue a ver a un médico. “El hombre insistió en que no dejaría sacar la flecha hasta que supiera quién le disparó y cómo. El Buda dijo que para cuando se hubieran dado todas las respuestas, el hombre estaría muerto”, apuntó Dahanayake.

El mensaje de dicha anécdota es que, aunque es natural tener este tipo de dudas, preocuparse por las respuestas solo trae sufrimiento. Por lo que lo más prudente para nuestra existencia es trabajar para reducir nuestro propio sufrimiento y el de los demás limitándonos a hechos existenciales: nacimiento, envejecimiento, dolor, tristeza, sufrimiento, lamentación y desesperación, y su posible represión, aquí y ahora.

En su artículo publicado en The Conversation, Dahanayake propone un enfoque diferente para comprender la aparición del coronavirus. “El budismo nos enseña que el coronavirus nos está haciendo experimentar algunas formas intensas de las tres marcas de nuestra existencia (tilakkhaṇa). Son la impermanencia (aniccā), la falta de satisfacción o sufrimiento (duḥkha) y el no-yo (anatta)”, dijo.

“La repentina invasión de la pandemia en nuestra sociedad, causando muerte y miseria, nos recuerda esa impermanencia. Nos muestra la naturaleza inevitable de nuestra propia muerte y el sufrimiento asociado, lo que nos lleva a hacer un examen de conciencia”.

Beneficios de la meditación

El budismo enseña prácticas de meditación con una profunda introspección, en la que los practicantes pueden hacerse conscientes de la naturaleza y colaborar con sí mismos en el alivio del sufrimiento. Una forma de hacerlo es dejar de aferrarnos a las cosas que se rigen por nuestros deseos y aprender a ser felices con las cosas más simples y básicas de la vida.

El autor señala que los beneficios trascienden el aspecto psicológico, y que incluso pueden favorecer la salud física del individuo a través de la puesta en práctica de hábitos más saludables y el desarrollo de disciplina para ello.

Por ejemplo, lavarnos las manos de la manera correcta y con la frecuencia adecuada puede convertirse en un acto de meditación y no necesariamente repitiendo palabras durante los 20 segundos que dure el proceso.

La meditación puede hacer a las personas más conscientes de su propio comportamiento, lo cual podría poner más cuidado incluso de lo que se toca. “Esta práctica consciente puede ayudarnos a continuar con nuestra vida cotidiana de una manera más disciplinada y segura, lo que, como podemos ver, es extremadamente valioso en una situación de crisis como la actual”, afirma Dahanayake

Muchos ven el budismo como una religión más que promueve la creencia en cosas sobrenaturales, sin embargo, Buda también puede ser visto como un pensador y maestro perspicaz. Su propuesta no involucra mitologías sino una perspectiva natural para lograr alcanzar la paz, lo cual puede ser bastante útil en medio de la crisis de salud actual.

Referencia:

Thinking like a Buddhist about coronavirus can calm the mind and help us focus. https://theconversation.com/thinking-like-a-buddhist-about-coronavirus-can-calm-the-mind-and-help-us-focus-134651