La plaga de Florencia (siglo XIV) según Giovanni Boccaccio.

La reciente pandemia del coronavirus ha hecho que el mundo se paralice. Cientos de países ya son parte de la lista de las naciones afectadas por la enfermedad y la misma no parece querer detenerse.

A medida que el tiempo pasa, el mundo corre para intentar encontrar una forma de frenar el avance del COVID-19. Para ello, han hecho uso de las medidas de prevención contra las pandemias que se han venido construyendo durante siglos. Asimismo, se han tenido que implementar nuevos cambios para intentar hacer frente con más fuerza al coronavirus.

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Aunque muchos de los conocimientos que tenemos en la actualidad nos dan ciertas ventajas, la verdad es que muchos de nuestros métodos siguen pasados en prácticas muy antiguas. Uno de los ejemplos más claros de ello son las cuarentenas como un método de control del contagio.

Ahora, nos tomaremos el tiempo de visitar sus pasos iniciales y cómo los mismos, poco a poco, nos fueron llevando a las medidas que conocemos en la actualidad.

Cuarentenas: un método casi tan antiguo como nuestra memoria

Incluso, en referencias antiguas podemos ver que el aislamiento ya era usado como un método para prevenir el contagio de las enfermedades. Como un ejemplo de esto podemos citar como en escritos como el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento de la Biblia se habla de que las personas con enfermedades eran separadas de las sanas, como por ejemplo los leprosos, que debían pasar su vida en aislamiento para evitar el contagio.

Sin embargo, estos son apenas los primeros bosquejos de la idea de las cuarentenas. Los verdaderos intentos originales de conformación de la misma vinieron años más tarde, cuando la asoladora peste negra tuvo lugar en el continente europeo y el asiático.

La peste negra y las primeras cuarentenas (siglo XIV)

Para el siglo XIV, la humanidad se vio enfrentada con una de las epidemias más mortales y recordadas de su historia, la peste negra. La misma se dio debido al esparcimiento de la gripe bubónica por gran parte del territorio europeo y asiático.

Según investigaciones posteriores que se han hecho, se cree que la misma pudo haber tenido sus inicios hace aproximadamente 2000 años en China. Se estima que la llegada de la misma a Europa se dio en 1347 por parte de unos buques mercantes que viajaban por el Mar Negro.

Antes de esto, ya había reportes de una peste mortal que azotó a países como China, India, Persia, Siria y Egipto. Se cree que ambas podrían ser la misma enfermedad, sin embargo, solo empezó a causar estragos notorios una vez se presentó en Europa.

Para 1377, la misma seguía siendo un problema difícil de controlar en todo el continente europeo. Como una medida totalmente nueva, el director del puerto marino de Ragusa (a la que actualmente se la conoce como Dubrovnik, en Croacia) decretó unas nuevas normas de control.

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Según las mismas, todos los barcos que trataran de llegar a territorio debían cumplir primero con un periodo de 30 días de aislamiento en el propio bote o en una isla deshabitada que se encontraba cerca de las costas de Ragusa. De este modo, si las personas luego de este tiempo no mostraban señales de tener la enfermedad, podían ingresar a la ciudad.

Por su parte, los ciudadanos de Ragusa no tenían permitido acercarse a estas zonas de aislamiento. Sumado a ello, solo el personal autorizado podía interactuar con los que allí se encontraban. En efecto, esto no resolvió el problema, pero fue de gran ayuda para minimizar las consecuencias de una peste que acabó con más de 20 millones de vidas.

El origen del término “cuarentena”

En un principio, se había planteado que el periodo de espera fuera de un mes (30 días), sin embargo, luego este se alargó hasta 40 días. En italiano, cuarenta días se dice “quaranta”, de allí que desde entonces se conozca a estos periodos de aislamiento como “cuarentena” –aunque ya la cantidad de días de la misma ya no necesariamente sean los que su nombre representa.

Se dice que mucho del cambio a este número no solo tuvo que ver con un aumento de las precauciones, sino con las creencias de la época. El número 40 varias veces hacía aparición en la Biblia, siendo 40 días y noches los que duró el gran diluvio y también los días que Jesús pasó aislado en el desierto. Por ello, este número tenía en su momento un poder significativo en la cultura colectiva.

Nace el primer centro de cuarentenas

Además de estas medidas, el pueblo de Ragusa también hizo historia al crear la primera política de salud pública y también el primer hospital para el tratamiento de la epidemia y para actuar como centro de cuarentena. El mismo fue solicitado por el entonces el físico principal de Ragusa, Jacob de Padua.

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El mismo pasó a conocerse como “lazaretto”, al ser una pronunciación errónea de la palabra, “Nazaretto”, el nombre de la zona fuera de la ciudad en la que el hospital fue puesto a funcionar. Igual que con las medidas de la cuarentena, todos los viajeros debían pasar por el hospital primero para ser atendidos, que se les suministrara comida y ropa, y pudieran esperar el paso de los 40 días. Asimismo, los ciudadanos que tuvieran la sospecha de tener la enfermedad también eran atendidos en el hospital. De este modo, se podía mantener a la población enferma separada de la sana.

Los científicos medievales no conocían los virus

En ese momento, era claro que los conceptos de epidemia, pandemia o virus no eran parte del conocimiento de la sociedad. Sin embargo, los científicos y médicos de la época lograron notar que la enfermedad podía contenerse al disminuir los contactos y mantener las zonas comunes desinfectadas.

Aunque en su momento no pudieron dar una estructura a estos protocolos, sus acciones fueron un punto definitorio en el resto de las epidemias y pandemias que atacaron a la humanidad en los siglos venideros.

Cuarentenas del siglo XVI al XVIII, un momento de confusión y caos

Luego del ataque de la peste negra, los lazarettos comenzaron a hacerse más comunes en toda Europa. Asimismo, las cuarentenas se establecieron como medidas de control casi comunes en los viajes.

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Sin embargo, cada nación realizaba estos controles a su modo y sin acordar protocolos con las otras. Por lo que, los malentendidos y retrasos durante los viajes eran comunes. En el siglo XVIII incluso el continente fue azotado por una ola de fiebre amarilla, pero, aunque la misma fue un golpe fuerte, no disparó las alarmas tanto como la crisis del cólera que le seguiría.

El cólera y los inicios de estandarización de un protocolo (siglo XIX)

Para los inicios de 1830, Francia propuso que los países se reunieran para discutir una forma de uniformizar los procesos de control de epidemias con los que habían venido trabajando. Debido a la falta de comunicación entre los países, la epidemia del cólera logró esparcirse rápidamente a pesar de sus intentos de establecer medidas contra el contagio.

Sin embargo, no fue sino hasta 1851 que en Paris se celebró la Primera Conferencia Sanitaria Internacional. La meta era conseguir que las medidas de cuarentena se tomaran como una colaboración internacional.

Asimismo, se trataron temas de salubridad colectiva y de estandarización de medidas, así como de la implementación de nuevos controles en los intercambios mercantiles para prevenir el contagio. Sin embargo, no se hicieron muchos avances hasta 1892, cuando una nueva ola de contagios del cólera forzó a los países a hacer acuerdos, aunque ello fuera en contra de algunas de sus metas políticas y económicas.

Para 1893, apareció finalmente un acuerdo entre Europa y Estados Unidos. Dentro del mismo, se estipulaba una política de comunicación abierta ante el surgimiento de nuevas enfermedades o epidemias dentro de sus territorios.

Las epidemias del siglo XX

Al entrar en este siglo, un cambio significativo tuvo que darse en la forma en la que las naciones lidiaban con las epidemias. Hasta la fecha, los grandes golpes de las mismas habían estado separados por centurias de diferencia.

A partir de ahora, las brechas entre una epidemia y otra comienzan a hacerse más estrechas. Aunque los conocimientos médicos habían mejorado, las políticas de contención de enfermedades aún eran las usadas en los siglos anteriores y ello se convirtió en una desventaja significativa cuando la primera gran epidemia se presentó.

La gripe española (o cómo NO tratar una pandemia)

La tuberculosis fue un problema para la sociedad europea desde el siglo XIX, de hecho, se sabe que se estuvo intentando controlar la misma desde 1880. Sin embargo, para 1950, aunque se conocían algunos medicamentos que podía combatirla, no había el control de la misma era escaso.

Por si fuera poco, esta lucha quedó en segundo plano en varias oportunidades debido a la aparición de la influenza. La que se llegó a conocer en 1918 como gripe española llegó para atacar rápidamente a todo el continente y contagiar a millones de personas.

La misma se mantuvo hasta 1919 y nunca pudo ser apropiadamente tratada. Con el mundo recuperándose de la Primera Guerra Mundial, los ánimos seguían divididos y las acciones conjuntas antes acordadas para el control de las enfermedades no pudieron llevarse a cabo.

Como consecuencia, ocurrieron muchos problemas de comunicación durante la pandemia. Para evitar el pánico colectivo, la censura en muchos periódicos hizo presencia para evitar que los mismos dieran a conocer las cifras de fallecidos reales debido a la enfermedad.

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Asimismo, aunque algunas medidas particulares se llevaron a cabo en cada país, parecía que los mismos estaban más enfocados en hacer notar sus esfuerzos y publicitarlos que en llevarlos a cabo verdaderamente.

Aun así, algunas avances sí se realizaron, se consiguió en estos primeros 30 años de los 1900 el que las cuarentenas comenzaran a ser parte del sistema médico. De este modo, el mismo podría tener un mayor control sobre las mismas como una medida de prevención contra las enfermedades. Asimismo, ocurrió un cambio curioso digno de notar en el que los lazarettos pasaron a conocerse como “estaciones de salud”, marcando una separación terminológica entre los centros originales y los nuevos establecimientos.

La “influenza asiática” (o lo que pasa cuando se aprende de los errores)

La gripe española fue apenas el primer embate que recibió la sociedad durante el siglo XX. En 1957 una nueva enfermedad se alzó en el mundo. Esta se trataba de otro tipo de influenza a la que se le conoció como “influenza asiática”.

La misma se trataba de otro tipo de gripe altamente contagiosa, como la española. Sin embargo, su corta vida del 57 al 58 fue significativamente menos dañina que la de su predecesora.

En gran medida, ello se debió a que, en los años entre una epidemia y la otra, se estudiaron posibles medicamentos con los que combatir la influenza. Como consecuencia, cuando esta nueva ola apareció, el mundo no estaba empezando desde cero la carrera para combatirla.

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En un clima global mucho más tranquilo, sin ser parte de un inmediato periodo postguerra, las medidas de cuarentena, aislamiento social y prevención internacional se pudieron implementar con mucha más eficaci. Debido a ello, este hecho no dejó un recuerdo tan negro en nuestra memoria como la de la gripe española.

Aun así, una problemática que sí desencadenó la enfermedad fue la de la lucha y discriminación racial. Ya que, hasta el propio nombre que se le dio a la enfermedad influyó en que el pueblo asiático sufriera una discriminación fuerte en ese periodo.

La influenza A o H3N2 (comprobando la efectividad del método)

Una década después, un nuevo tipo de influenza volvió a hacer presencia en el siglo XX, la influenza A o H3N2. La primera detección del virus se dio en Hong Kong en 1968.

Esta enfermedad, al igual que la influenza asiática, tuvo una vida muy corta y un impacto leve. Para 1969 su impacto y contagio ya habían logrado ser contenidos. En Europa esta enfermedad no trajo muchos cambios, pero, en Estados Unidos significó finalmente la mudanza de la jurisdicción sobre las cuarentenas al CDC (Centre for Disease Control) que conocemos en la actualidad.

Llegamos al siglo XIX

Finalmente nos encontramos en nuestro actual siglo, tan solo han pasado 20 años desde el inicio del mismo. Pero, según los registros, se ha convertido en uno de los más activos en cuanto a la aparición de enfermedades y pandemias. Por lo que, en un lapso muy breve, la humanidad ha tenido que aprender mucho más rápido como enfrentarse a estos nuevos virus y a las pandemias.

SARS (2003)

Temprano, a inicios del siglo, el mundo se vio enfrentado al SARS (Severe Acute Respiratory Syndrome). Se descubrió que el mismo provenía de la provincia de Guangdong en China.

Debido a su ratio de contagio, el SARS en poco tiempo se convirtió en un problema mundial. Sin embargo, las naciones del planeta no se pusieron totalmente de acuerdo en cuanto a su accionar frente al mismo. Algunos países más afectados como China establecieron medidas estrictas, restricciones de movimiento y cuarentenas obligatorias.

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Por su parte, otras naciones que fueron menos afectadas, como Canadá, propusieron sistemas de contención más laxos. Como un ejemplo, la misma solo pedía a los ciudadanos que mostraran síntomas o que sospecharan su presencia que hicieran una cuarentena voluntaria en sus hogares.

Un año más tarde, se pudo desarrollar una vacuna con la cual atacar al coronavirus (el tipo de virus responsable de la infección). Por lo que, poco a poco la crisis se pudo superar.

Influenza A o H1N1 (2009)

Para el 2009 otra nueva pandemia golpeó al mundo. Nuevamente nos encontrábamos con un tipo de influenza a la que se le conoció como H1N1. La misma se reportó por primera vez en Estados Unidos a través de la CDC el 18 de abril del 2009.

Pocos meses después de Organización Mundial de la Salud la declaró una pandemia cuando esta llegó a la etapa 6 de su sistema de clasificación, al comenzar a esparcirse por muchos países.

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Nuevamente, se tomaron medidas de prevención. Sin embargo, no fueron tan fuertes como aquellas vistas con el SARS en algunos países. Para el 2010 la vacuna llegó al público y, en agosto de ese mismo año, se declaró finalmente el final de la pandemia.

MERS (2014)

Una nueva sacudida llegaría a la sociedad con el MERS (Middle East Respiratory Syndrome). Los síntomas de este nuevo coronavirus eran similares a los del SARS, tos, fiebre, diarrea y dificultad para respirar, pero el virus no respondía a los medicamentos del SARS.

Por un año, el mismo se fue extendiendo por los países del Medio Oeste, pero no llegó a tener el alcance del SARS. La vacuna tardó un año en llegar porque, a diferencia de lo que se había hecho con la influenza, los esfuerzos por desarrollar reactivos que fueran útiles contra varios tipos de coronavirus fueron olvidados luego de las crisis económicas que se presentaron en el 2009.

En esta oportunidad, la OMS dio a conocer sus lineamientos estándar de prevención y solicitó a los países que los cumplieran. Para aislar los casos encontrados, los países del Medio Oriente y las naciones asiáticas que se vieron afectadas, los pusieron en cuarentenas específicas. Pero, no se llevó a cabo ningún tipo de movimiento o colaboración internacional tampoco.

COVID-19 (2019)

Finalmente, nos encontramos en la época actual. El 31 de diciembre del 2019 se reportó por primera vez la aparición de nuevos casos de un tipo desconocido de coronavirus (ya que no respondía a los medicamentos que combatían al MERS o al SARS).

Menos de dos meses después, el virus, denominado SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19, había alcanzado más de la mitad de los países del mundo. Se ha visto que el mismo tiene un rango de contagio mucho más amplio que el de sus predecesores.

Pero, afortunadamente, es mucho menos mortal. Ya en la actualidad la cantidad de contagiados en el planeta supera el medio millón y sigue en aumento. Afortunadamente, la actitud del mundo parece estar cambiando con respecto a esta enfermedad.

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La facilidad con las que este virus se ha esparcido por el mundo ha hecho que el mismo cambiara sus tácticas. En la actualidad, las naciones se están uniendo en programas de investigación para ser capaces de detectar con más rapidez una posible cura para el virus. Ya que, lastimosamente, luego de la crisis del MERS, tampoco se realizaron investigaciones que permitieran encontrar compuestos capaces de atacar a varios miembros de la familia del coronavirus, en lugar de solo a un modelo.

Asimismo, hemos visto cómo el mundo ha implementado medidas de cuarentena que superan todas las tomadas en nuestra historia. China y Corea del Sur han sido un par de historias de éxito en este sentido. Otros países altamente afectados como Italia también han decidido realizar un cierre total de sus fronteras y establecer una cuarentena generalizada para detener al virus.

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El epicentro de la pandemia antes se encontraba en Asia y ahora se ha mudado a Europa. Sin embargo, con el repentino aumento de casos en los Estados Unidos, tal vez este se mude de nuevo a América. Ello solo si no se logran los resultados esperados con las medidas ya aplicadas.

Un nuevo aprendizaje

Desde la peste negra hasta la actualidad, la cuarentena se ha convertido en una constante cuando la humanidad busca luchar contra los peligrosos enemigos invisibles que son las enfermedades. Con este último embate, vemos nuevamente lo valiosas que son estas medidas.

No obstante, también podemos notar claramente que las mismas no son en sí la solución al problema. Para que las cuarentenas puedan ser efectivas, deben ir de la mano con políticas de salubridad y sistemas de salud actualizados. Asimismo, el mundo debe entender que la investigación de estos virus y la búsqueda de posibles compuestos que los combatan debería ser una prioridad continúa y no solo la respuesta a una contingencia. Tal vez sea este el aprendizaje que la historia de las cuarentenas en nuestro siglo le llevará al siguiente.

Referencias:

The concept of quarantine in history: from plague to SARS: https://doi.org/10.1016/j.jinf.2004.03.002

Lessons from the History of Quarantine,  from Plague to Influenza A: https://www.scienceopen.com/document_file/0068b636-3a9e-4f7c-b81a-b586c8570d2e/PubMedCentral/0068b636-3a9e-4f7c-b81a-b586c8570d2e.pdf

The Origin of Quarantine: https://academic.oup.com/cid/article-abstract/35/9/1071/330421

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