El año 2009 también será recordado en la historia por la pandemia decretada por la propagación de una cepa del virus de la influenza conocida como gripe porcina o H1N1, aunque ciertamente muchos la recordarán como mucho más calmada que la actual.

Y es que el COVID-19 ha llegado en una época en la que las redes sociales y los servicios de mensajería se han convertido en un arma de doble filo que muchas veces, antes de facilitar la comunicación e informar a las masas, sirve para desinformar y propagar pánico, además de la variedad de teorías conspirativas que tratan de explicar la propagación y mortalidad del nuevo patógeno.

El COVID-19 es causada por el SARS-CoV-2, un virus mucho más contagioso que el de la influenza, carece de tratamiento y vacunas aprobados, y en vista de ello, muchos países se han visto en la necesidad de sacrificar sus economías ordenando cuarentenas y distanciamiento social para evitar el colapso de sus sistemas sanitarios.

Dicho así, la situación parece haber superado a la primera pandemia de este siglo, pero para cerciorarnos de ello, dedicaremos el siguiente artículo a comparar varios aspectos de ambas situaciones.

COVID-19 es más letal para personas mayores

Durante la pandemia del H1N1, los niños, los adultos más jóvenes y las mujeres embarazadas tenían más probabilidades de enfermarse con la cepa en comparación con los adultos mayores. Los científicos atribuyeron esto a que las personas de tercera edad ya habían acumulado cierta inmunidad contra el virus al haberse expuesto a cepas similares décadas antes.

Pero con el COVID-19 la situación es inversa: los niños en particular son los menos afectados por el coronavirus, e incluso habrá casos en los que ni siquiera desarrollarán síntomas, lo cual ocurre también con los adultos jóvenes. Sin embargo, las personas mayores y aquellos con enfermedades como diabetes, hipertensión y problemas cardíacos tienen un alto riesgo de agravar y morir de resultar contagiados.

La gripe de H1N1 tenía más disponibilidad de tratamiento que el COVID-19

Aunque una de las diferencias más importantes entre ambas pandemias es la disponibilidad de tratamiento para las personas infectadas. En el caso de la del H1N1, las personas respondieron bien a los medicamentos antivirales existentes para tratar la gripe.

Asimismo, las personas que habían mantenido contacto cercano con alguien que contrajo el H1N1 recibieron también dichos medicamentos de manera preventiva, lo que también limitó la propagación del virus.

Pero el COVID-19 no tiene cura, ni existe un tratamiento eficaz aprobado más que los tradicionales para tratar síntomas como la tos y la fiebre. Se han probado alternativas como los antirretrovirales contra el VIH y medicamentos antipalúdicos como la hidroxicloroquina, sin embargo, los resultados han sido muy ambiguos hasta ahora.

El H1N1 no era tan contagioso como el SARS-CoV-2

Cuando una persona se contagiaba con el virus H1N1, el período de incubación del mismo era de aproximadamente un día a una semana, por lo que las personas tenían más oportunidad de detectar rápido si estaban infectadas y, por tanto, evitar contagiar a otros.

Pero el COVID-19 ha demostrado ser altamente contagioso, principalmente porque los síntomas pueden aparecer hasta dos semanas después de una posible exposición. Y como dijimos al principio, hay casos asintomáticos que, sin saberlo, son vectores del virus.

H1N1 tuvo una vacuna pronto, pero aún falta mucho para la del COVID-10

La Universidad de St. Louis inició los ensayos clínicos para probar una vacuna contra la gripe H1N1 a finales de julio, y pocos meses después recibió la aprobación para ser distribuida y aplicada en la población.

Sin embargo, los expertos han advertido que la situación con el COVID-19 es diferente. Se trata de un virus nuevo, y a pesar de que es similar al SARS-CoV que apareció años atrás, los científicos han tenido que empezar casi desde cero para su desarrollo. Se espera que entre los ensayos clínicos, que ya empezaron en Estados Unidos, y el proceso de aprobación, esta estará disponible dentro de 12 y 18 meses.

Tasa de mortalidad

A pesar de que se desarrolló rápidamente una vacuna contra el H1N1, a finales de 2009 se registraron otros brotes de la enfermedad en los Estados Unidos. Sin embargo, para abril de 2010, un año después del primero, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades estimaron que alrededor de 61 millones de estadounidenses contrajeron la gripe H1N1 y solo 12,500 murieron.

En efecto, en la actualidad se le considera una de las pandemias menos graves de la historia, pues su tasa de mortalidad oscila entre 0,001 por ciento y 0,007 por ciento en los Estados Unidos.

Sin embargo, la historia con la actual pandemia que atravesamos claramente es otra. Al principio la Organización Mundial de la Salud aseguró que, pese a que el nuevo coronavirus es sumamente contagioso, realmente no era tan mortal como otros. Sin embargo, los investigadores de la Universidad Johns Hopkins proyectan una tasa de mortalidad por COVID-19 de aproximadamente 1.2 por ciento En EE.UU.

Referencia:

H1N1 flu vs. COVID-19: Comparing pandemics and the response. https://medicalxpress.com/news/2020-03-h1n1-flu-covid-pandemics-response.html