En respuesta al avance de la pandemia COVID-19, gobiernos y autoridades sanitarias de todo el mundo han implementado una serie de medidas de contención que básicamente se enfocan en el distanciamiento social, la cuarentena y el aislamiento.

Si bien la efectividad de estas acciones sigue siendo debatida, las medidas de contención representan el único recurso de acción para frenar la tasa de transmisión del coronavirus, y aunque desde la perspectiva epidemiológica resultan plausibles, generan apremiantes consecuencias sociales y económicas, por lo que los ojos del mundo se han centrado en la posibilidad de desarrollar una vacuna que pueda evitar que las personas se enfermen.

Una tarea exigente

Pero desarrollar una vacuna para un virus que apenas se identificó hace un par de meses, es una tarea exigente. En la actualidad, compañías e instituciones académicas de todo el mundo hacen grandes esfuerzos para crear dicha vacuna.

Para que el mundo pueda contar con la anhelada vacuna que brinde inmunidad al coronavirus, hay una serie de pasos que se deben seguir. Primero está la creación de la vacuna en sí. Una vez que se te tenga, pasa a una primera fase de evaluación la cual se realiza en animales, dependiendo de la vacuna y la enfermedad en particular.

Aunque contar con una vacuna es crítico para detener la pandemia, debemos tener claro que no se trata de una solución que se pueda tener de la noche a la mañana.

Si los resultados son los esperados, bajo la supervisión de los entes reguladores, la vacuna avanza a través de fases de pruebas clínicas, generalmente primero en un pequeño número de adultos jóvenes sanos, y luego en grupos más grandes y rangos de edad más amplios, que suelen incluir a personas con afecciones subyacentes.

No hay “atajos”

Una vez que se comprueba su efectividad y seguridad, hacer que una vacuna tenga una disponibilidad mundial requiere de un esfuerzo complejo que demanda grandes inversiones en su fabricación y distribución.

En este sentido, tanto autoridades sanitarias, gobernantes y compañías deben pensar y actuar para garantizar que se realicen las inversiones adecuadas, y seguir recopilando y revisando datos para determinar quién debe ser vacunado y cuándo.

En la actualidad, compañías e instituciones académicas de todo el mundo hacen grandes esfuerzos para crear dicha vacuna.

Aunque la situación en la que nos encontramos ahora pudiera ameritar tomar “atajos”, en el desarrollo de vacunas no existen vías rápidas. No obstante, los científicos trabajan de manera acelerada. Por ejemplo, pasar de la secuencia del patógeno a los productos de vacunas disponibles para ensayos clínicos en cuestión de semanas es un logro realmente notable.

Aun así, los expertos han expresado que tendremos que esperar entre 6 y 9 meses para tener los primeros resultados. Esto se debe a que lleva tiempo que los individuos en los que se realizan las pruebas desarrollen una respuesta inmune a la vacuna, y también lleva tiempo evaluar su seguridad. Solo superadas estas fases es que se da el paso hacia la producción y la distribución.

No hay dudas en que contar con una vacuna es un paso crítico para detener la pandemia del coronavirus, pero todos debemos tener claro que no se trata de una solución que se pueda tener de la noche a la mañana.

Referencia: What will it take to develop a vaccine for covid-19? Johns Hopkins University, https://bit.ly/2xrYFMP