El 1 de febrero, un pasajero que había desembarcado del crucero Diamond Princess días antes en Hong Kong fue diagnosticado con COVID-19, y de inmediato el barco, que llevaba a bordo a 3.711 pasajeros y miembros de la tripulación, fue puesto en cuarentena al llegar a aguas japonesas el 3 de febrero. Durante el mes siguiente, se confirmó la infección es más de 700 personas a bordo, convirtiéndose así en el sitio fuera de China con el mayor brote de COVID-19.

Después del Diamond Princess, alrededor de otros 25 cruceros confirmaron que llevaban a bordo casos de COVID-19, de los cuales también destacó en Grand Princess, que fue puesto en cuarentena frente a las costas de California tras confirmar 78 casos.

Irónicamente, los cruceros han constituido una oportunidad única para estudiar al nuevo coronavirus que ha causado una pandemia, lo cual ciertamente representa un gran desafío en poblaciones más grandes ubicadas en espacios más extensos.

Pero gracias a la detección temprana del COVID-19 en uno de sus pasajeros, las autoridades pudieron aislar la embarcación y los investigadores pudieron determinar de manera más sencilla la facilidad con la que se propaga el virus, y registrar los síntomas y sus variaciones entre los pacientes infectados.

Toda esta información es de vital importancia para las personas encargadas de tomar decisiones sobre cómo manejar la epidemia afuera, por lo que este tipo de situaciones deben ser aprovechadas al máximo por los investigadores.

Detección de casos asintomáticos

Una de las peculiaridades respecto al nuevo virus es que algunas personas infectadas pueden pasar desapercibidas por no presentar síntoma alguno. Los investigadores aplicaron más de 3,000 pruebas en el Diamond Princess, incluso evaluando a algunos pasajeros más de una vez, para determinar no solo cuántos se habían contagiado, sino cómo evolucionaba la propagación con el paso de los días.

Y en efecto, haber podido aplicar y repetir la prueba en todos los pasajeros ayudó a los investigadores a comprender un punto ciego en los brotes de enfermedades infecciones: cuántas están en realidad infectadas, incluyendo aquellas que presentaban síntomas muy leves o ningún síntoma.

Estos suelen pasar desapercibidos en la población en general, pero no por ello son menos importantes. De hecho, constituyen un punto digno de atención ya que, sin saberlo, podrían estar contagiando a otras personas.

Como indica John Ioannidis, epidemiólogo de la Universidad de Stanford en California, “los cruceros son como un experimento ideal de una población cerrada. Sabes exactamente quién está allí y en riesgo y puedes medir a todos”, algo muy diferente a estudiar la propagación del virus en una población más amplia, donde muchas personas sin síntomas son pasadas por alto.

El crucero Diamond Princess en cuarentena fue un escenario propicio para estudiar la propagación y los síntomas del COVID-19.

Según un informe publicado en Eurosurveillance, para el 20 de febrero el 18 por ciento de todas las personas infectadas en el buque no presentaba síntomas, lo cual “es una cantidad considerable”, como sugiere Gerardo Chowell, epidemiólogo matemático de la Universidad Estatal de Georgia en Atlanta, coautor del documento.

En el caso de Diamond Princess, muchos de los pasajeros eran personas de tercera edad, los cuales tenían más probabilidades de desarrollar síntomas graves. Por lo que es probable que la cantidad de casos asintomáticos en general sea mucho mayor.

Gravedad y mortalidad del COVID-19

Pero el problema no son solo los síntomas, sino su gravedad y sus consecuencias. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha estimado una tasa de letalidad general por COVID-19 del 3,8 por ciento, mientras que en China se encuentra muy por debajo de dicho valor, con alrededor del 1,1 por ciento.

Sin embargo, Timothy Russell, un epidemiólogo matemático de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, desestima un poco el valor calculado por la OMS que al parecer simplemente divide el número total de muertes en China por el número total de infecciones confirmadas, sin considerar las infecciones no confirmadas.

En cambio, él y sus colegas utilizaron los datos del barco, donde casi todos los casos fueron confirmados a través de las pruebas, y se registraron siete muertes. Estos fueron relacionados con los más de 72,000 casos confirmados en China, suministrando una estimación de la tasa de mortalidad más sólida, aunque el documento aún no ha sido revisado.

El crucero ayudó a calcular la tasa de mortalidad por infección

Otro de los datos importantes proporcionados por los cruceros es el de la tasa de mortalidad por infección (IFR, por sus siglas en inglés), que se refiere a las infecciones que resultan en muerte, incluyendo los contagios asintomáticos.

Marc Lipsitch, epidemiólogo de enfermedades infecciosas de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard en Boston, Massachusetts, considera la IFR como un indicador importante para comprender la gravedad de la enfermedad.

En el caso de China, fue bastante baja, arrojando un valor aproximado de 0.5 por ciento. No obstante, el experto indica que en su cálculo podrían haber pasado por alto a las personas que se infectaron pero que se recuperaron. La IFR es especialmente difícil de calcular en la población, ya que muchos casos no se diagnostican a falta de síntomas o por simplemente no haberse hecho la prueba, lo cual puede arrojar valores errados. Pero dentro de un crucero, las condiciones son más limitadas y es posible calcularlo.

El lugar propicio para observar el efecto del distanciamiento físico

A partir del 5 de febrero, los pasajeros del barco debieron mantenerse en sus camarotes durante dos semanas o más. Y según informan Chowell y Mizumoto, epidemiólogo de la Universidad de Kyoto en Japón, en la revista Infectious Disease Modeling, para ese momento una persona podría infectar a más de siete dentro de la embarcación.

Los expertos explican que esta elevada tasa de contagio podía atribuirse a que las personas vivían en lugares cerrados y había más probabilidad de que tocaran superficies contaminadas por el coronavirus.

Sin embargo, tras la cuarentena la tasa de infección bajó: el número promedio de otras personas a quienes una persona infectada transmitió el virus estaba por debajo de uno. Y tal como lo han indicado otros expertos, esto comprueba que el distanciamiento y la cuarentena evita muchas infecciones. Aunque por supuesto, los pasajeros aún podían infectar a sus compañeros de cuarto.

En conclusión, la identificación de casos de COVID-19 en los cruceros sin lugar a dudas fue de utilidad para avanzar en el estudio de este nuevo virus.

Referencia:

What the cruise-ship outbreaks reveal about COVID-19. https://www.nature.com/articles/d41586-020-00885-w