A ya casi tres meses completos desde que el coronavirus llegó a los oídos del mundo, el mismo ha sabido hacer su paso por el planeta. La huella que ha dejado en las naciones que ha visitado ha sido profunda y continúa marcando más áreas de la vida de sus ciudadanos a medida que el tiempo pasa.

Para este momento, Estados Unidos el país más golpeado por el COVID-19 en América. El mismo ya casi llega a 50.000 contagiados y los números continúan aumentando por miles cada día. Tan solo en su último reporte se sumaban más de 9.000 nuevos casos a la lista.

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A medida que todo esto pasa, las estructuras de salud sufren y la economía colapsa. Sin embargo, no son las únicas que se ven gravemente afectadas por el coronavirus. Desde un punto de vista un poco más individual, lo que ocurre ahora con el coronavirus también está dejando una marca profunda en la mentalidad de las personas, pero, sobre todo, en la de los adultos jóvenes.

Lo que faltaba, una pandemia

Los Minellials y la Gen Z han probado ser unos de los más afectados por los acontecimientos de las últimas décadas. Eventos traumáticos en los Estados Unidos como la Gran Depresión y el fatídico 9/11 son solo un par de las experiencias que estas dos generaciones han tenido que afrontar.

A diferencia de otras generaciones como los Boomers, estos eventos no se desarrollaron cuando los individuos ya estaban establecidos y seguros, sino exactamente en el tiempo en el que deberían estar construyendo lo que sería su entorno en el futuro. Por ello, la inestabilidad y la incertidumbre se volvieron un factor común en su visión del mundo y se hicieron omnipresentes en su toma de decisiones.

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Otros elementos, menos trágicos, pero igual de influyentes que han colaborado a que los adultos jóvenes tengan estas percepciones son situaciones que ocurren actualmente en la economía estadounidense como lo es el alto costo de la vida, la dificultad para adquirir inmuebles debido a los precios y también la cantidad de deudas estudiantiles que se suelen acumular de camino a una carrera profesional.

Ahora, para cerrar con broche de oro, se ha presentado una pandemia que ha puesto en jaque al país. Con esta situación, la economía se derrumba, los trabajos escasean y el miedo a coronavirus abunda, realzado por el conocimiento de que el sistema médico, incluso ahora, ya no se da abasto para atender a todos los afectados.

El entorno inestable influye en las decisiones de los adultos jóvenes

Este tipo de situaciones en las que la incertidumbre es la protagonista han cambiado la forma de ver el mundo y de tomar decisiones de las nuevas generaciones. Un claro ejemplo de ello ha sido la disminución paulatina en la tasa de natalidad de los Estados Unidos.

En estimado, por año la misma reporta unos 200.000 nacimientos menos que sus versiones anteriores. Esta caída en picada de la natalidad se deriva de la actitud de los adultos jóvenes ante la vida.

La cantidad de responsabilidades que los agobian, la falta de estabilidad financiera y el sentimiento constante de no estar en un entorno lo suficientemente seguro hace que muchos opten por no tener descendencia. Ahora, ante la perspectiva de otra crisis nacional ante la llegada del coronavirus, es muy poco probable que esas opiniones vayan a cambiar.

Se refuerza la desconfianza en las instituciones

Asimismo, las generaciones más jóvenes (Minellials y Z) tienen ahora la oportunidad de, una vez más, observar las acciones que las instituciones toman con respecto a la crisis del coronavirus. Desde una primera instancia, estas han crecido en un entorno en el que consideran que los viejos métodos, usualmente aprobados por los Boomers, no están preparados para el mundo actual y que son obsoletos.

En efecto, Estados Unidos ha pasado por gran cantidad de crisis y escándalos sociales en las últimas décadas que no han podido ser controlados adecuadamente. Una y otra vez, los adultos jóvenes ven cómo las instituciones fallan en cumplir su labor y mantener el orden. Ello solo refuerza su desconfianza en las mismas y su actitud más centrada a confiar en familia y amigos cercanos.

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Lastimosamente, el sistema de vida estadounidense, especialmente el de las nuevas generaciones, que consiste en una vida acelerada llena de labores y responsabilidades, tampoco ha dejado mucho espacio para que se construya una red grande de conexiones fuerte.

La creciente crisis que se presenta ahora en el país, la falta de insumos médicos suficientes, los problemas económicos y el aislamiento social actual, solo han sabido reforzar su desconfianza en las instituciones y organizaciones de autoridad.

No hay que confundir “bajo riesgo” con “ningún riesgo”

Una muestra clara de lo peligrosa que puede llegar a ser esta mentalidad en tiempos como estos se pudo ver hace pocas semanas en las playas de Florida. Apenas miles de estudiantes tuvieron sus vacaciones de verano, se apresuraron a sumergirse en las playas del estado.

Se dice que los adultos jóvenes tienen una posibilidad mucho menor de tener complicaciones a causa del virus. Sin embargo, ello no implica que no puedan contagiarse y, consecuentemente, contagiar a otros al actuar como otro eslabón de la cadena de contagio.

En otros países, como por ejemplo Italia, el rango de afectados, y de mortalidad, se ve más marcado en los adultos mayores. Sin embargo, los Estados Unidos presentan un caso particular en el que, los individuos entre 22 y 40 años también se han visto altamente afectados por esta situación.

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Al menos el 20% de los individuos contagiados en el país pertenecen a este rango de edad, y es probable que más de 12% de estos presente complicaciones. Un motivo que podría estar detrás de este particular número de contagios se puede deber a la falta de confianza antes mencionada.

Los adultos jóvenes perciben a esta enfermedad de manera distinta a lo que reflejan las autoridades oficiales. Además, la creen menos peligrosa de lo que es, confundiendo el “bajo riesgo” de ser afectados, con el no tener “ningún riesgo” de serlo.

El pensamiento individual de las nuevas generaciones los ha ayudado a notar otros problemas graves, como, por ejemplo, el cambio climático. Asimismo, ha sido este el que les ha hecho entender que este tipo de situaciones requeren de mucha más atención. Sin embargo, en el caso del coronavirus, esta mentalidad desconfiada los ha llevado a exponerse más al riesgo. Ya que tienden a sentir que, igualmente, están por su cuenta.

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