A medida que la enfermedad coronaviral COVID-19 se extiende por todo el mundo, investigadores y profesionales de la salud han evidenciado variaciones en su patogénesis: no todas las personas expuestas al SARS-CoV-2 –virus que causa la enfermedad– están infectadas y no todos los pacientes infectados desarrollan una enfermedad respiratoria grave.

En consecuencia, científicos y los médicos advierten a los ancianos y a las personas inmunodeprimidas, que han demostrado tener una mayor vulnerabilidad a la infección por SARS-CoV-2, a que asuman medidas de distanciamiento social o se aíslen, debido a que tienen un mayor riesgo de desarrollar complicaciones graves, o incluso mortales, por la infección con el coronavirus.

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Defensas inmunitarias debilitadas

Pocas dudas puede haber al momento de identificar una persona anciana, pero cuando nos referimos a personas inmunodeprimidas pueden surgir vacilaciones ya que se trata de una término poco claro para el público en general.

Se dice que cuando una persona está inmunodeprimida (también llamada inmunosuprimida o inmunocomprometida), significa que sus defensas inmunitarias están debilitadas o que su sistema inmune no funciona normalmente.

La inmunodepresión genera un mayor riesgo de infección porque su sistema inmunitario puede no generar las reacciones habituales a las amenazas, como fiebre o inflamación.

Estas defensas, formadas por un ejército de células con armas únicas que destruyen a los invasores en el cuerpo, pueden protegernos contra el resfriado común, las bacterias, los virus e incluso el cáncer. Cuando una persona tiene estas defensas bajas se vuelve altamente vulnerable a la infección.

Los ejemplos de afecciones que causarían que un individuo se vea inmunodeprimido incluyen cáncer, trastornos autoinmunes como lupus o artritis reumatoide, enfermedad pulmonar, presión arterial alta, SIDA, diabetes, desnutrición y ciertos trastornos genéticos.

Medicamentos o tratamientos

La inmunodepresión también puede ser causada por ciertos tratamientos médicos, como la quimioterapia y radioterapia, la diálisis, y ciertos medicamentos recetados en trasplantes de órganos o células madre, prescritos precisamente para debilitar la actividad inmune y disminuir el riesgo de rechazo.

Una persona con inmunidad comprometida tiene más riesgo de infección porque su sistema inmunitario puede no generar las reacciones obvias habituales a las amenazas, como fiebre o inflamación.

Las personas inmunodeprimidas tienen un mayor riesgo de desarrollar complicaciones graves, o incluso mortales, por la infección con el coronavirus.

Esto puede llevar a que se omitan las infecciones desde el principio y se les permita asentarse más profundamente en el cuerpo, antes de darse cuenta de que es necesario buscar ayuda de un profesional de la salud.

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Los pacientes inmunodeprimidos también pueden carecer de la capacidad de responder adecuadamente a la vacunación. Eso puede significar que no desarrollan inmunidad y asumen erróneamente que están protegidos contra una enfermedad cuando en realidad no lo están.

Si una persona inmunodeprimidas cree que podría tener COVID-19, es crucial que se quede en casa y se comunique con su médico a la brevedad. Si necesita ayuda de emergencia (por ejemplo, tiene dificultad para respirar, falta de aliento o dolor o presión persistentes en el pecho), debe buscar atención médica inmediata. De lo contrario, solo seguir las instrucciones de su médico para cuidarse en casa, lo que ayudará a evitar que otras personas se expongan o se infecten.

Referencia: COVID-19 infection: the perspectives on immune responses. Cell Death & Differentiation, 2020. https://doi.org/10.1038/s41418-020-0530-3

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