El coronavirus, también conocido como COVID-19, se trata de una de las crisis de salud más fuertes que se han presentado en décadas. Sus predecesores, el SARS y MERS ya han sido superados en cuanto a impacto y también a peligrosidad.

En efecto, el mismo no es tan mortal como los dos anteriores. Pero, este resulta mucho más contagioso y, por ende, su alcance ha sido mucho mayor que el de estos y lo ha logrado en un plazo más reducido.

Su llegada al mundo ha causado estragos cada vez en más países, ha paralizado sus economías y puesto a los sistemas de salud casi en jaque. A lo largo de todo el planeta constantemente surgen nuevos esfuerzos e iniciativas que buscan hacerle frente al coronavirus.

Algunas de ellas implican buscar una vacuna o un tratamiento efectivo, otros implican el mejorar las condiciones de los centros de salud para que se pueda brindar la mejor atención posible al mayor número de personas.

Es en esta última categoría en la que se han destacado las máquinas. Oficialmente, las mismas aún no cuentan con las habilidades para hacer la diferencia por sí solas. No obstante, su asistencia puede resultar vital para los humanos y convertirse en un punto de inflexión que determine el éxito o no de sus esfuerzos.

¿Los robots han llegado para tomar nuestros empleos?

Para comenzar, no. Efectivamente, hasta los momentos, estas máquinas y su evolución muestran un potencial de crecimiento impresionante que nos ayudará a hacer nuestras vidas mucho más sencillas.

Sin embargo, bajo ningún respecto se ha presentado la posibilidad de que estos sean capaces de reemplazar el trabajo humano por completo. De hecho, los mismos han llegado como una forma de simplificar y optimizar tareas.

Asimismo, los robots han probado ser altamente efectivos en trabajos repetitivos que muchos podríamos considerar tediosos. Sumado a ello, parecen ser la opción perfecta para realizar tareas que podrían ser de riesgo para un humano.

Por ejemplo, dentro de una línea de ensamblaje, los robots podrían ser los encargados del transporte y almacenamiento de piezas, así como del movimiento de materiales pesados, mientras que, los humanos tendrían reservados para sí los trabajos que implican un nivel mayor de motricidad fina y de razonamiento profundo, como el manejo de componentes delicados o la supervisión general de los procesos en toda la línea de producción.

Aun así, en la actualidad existe el miedo a que los robots puedan reemplazar la mano humana y causar una pérdida masiva de trabajos.

El coronavirus ha cambiado los paradigmas

Ahora, con el coronavirus, las perspectivas han comenzado a cambiar. A medida que la enfermedad avanza, los sistemas de salud de los países tienen menos posibilidades de hacer frente al coronavirus.

El aumento de los casos diagnosticados se traduce también en una mayor demanda de espacios e insumos médicos, además de claro, más personal capacitado. Incluso ahora, los profesionales de la salud se ven superados en sus propias capacidades para hacer frente a la enfermedad.

Como si fuera poco, también existe la amarga realidad de que, los médicos y enfermeras también están cayendo enfermos a causa de la enfermedad. Por lo que, el número de profesionales capacitados para atender la emergencia disminuye a medida que el porcentaje de contagios aumenta.

En medio de este caos, la tecnología parece ofrecer la solución. Por lo que, muchos hospitales alrededor del mundo se están dando a la tarea de hacer uso de la IA y de los robots para unirlos a sus filas en la batalla contra el COVID-19.

La medicina se apoya en los robots más que nunca

El uso de robots como una forma de hacer frente a la crisis es una muestra clara de sus muchas posibilidades. Los mismos, a diferencia de los humanos, no son susceptibles al virus, por lo que pueden ser perfectos para disminuir la cantidad de contactos que los profesionales de la salud deben tener con los pacientes.

Por ejemplo, recientemente España ha anunciado que adquirirá 4 robots que harán 80.000 pruebas diarias para detectar el coronavirus en los habitantes del país. Con los mismos, se cuadruplicará el número de evaluaciones que se pueden hacer por día y, por consiguiente, se fortalecerá el control que el país puede tener sobre la enfermedad.

Asimismo, estas acciones permiten que, cuando el paciente es examinado por primera vez para hacer la prueba del COVID-19 el médico no deba necesariamente entrar en contacto con el mismo, lo que disminuye las posibilidades de que los profesionales de la salud se enfermen por el coronavirus.

Claramente, una vez el diagnóstico ha sido dado, el paciente pasará a ser atendido por una enfermera o médico, pero ya será bajo las debidas precauciones y, aun así, el periodo de exposición será menor.

El mundo está dando nuevos pasos

Como otros ejemplos, países como Estados Unidos están implementando el uso de robots con estetoscopios para que hagan el chequeo diario de los signos vitales de los pacientes. Asimismo, otras de sus iniciativas han hablado de robots capaces de distribuir los medicamentos por los hospitales sin supervisión, de modo que doctores y enfermeras tengan más tiempo para atender a los enfermos.

Por su parte, Irlanda busca diseñar su propio sistema de pruebas del COVID-19 en base a robots, algo un poco similar a la iniciativa de España. Sumado a ello, China incluso ha habilitado un hospital en el que robots toman diariamente datos como la temperatura y los signos vitales de los pacientes. Asimismo, estos son los encargados de la limpieza de los espacios y de hacer llegar la comida a quienes se encuentren internados.

Claramente, cada una de estas iniciativas se encuentra en diferentes niveles de desarrollo. Sin embargo, todas tienen algo en común y es que han creado formas en las que las máquinas pueden relevarnos de trabajos casi mecánicos para darnos espacio y tiempo para prestar atención a labores más delicadas y que requieren de un proceso de análisis más complejo.

La mira del mundo está en el avance tecnológico

Efectivamente, a medida que vemos cómo se toman este tipo de acciones, podemos notar que la humanidad apunta con cada vez más fuerza a un mundo en el que las máquinas más complejas como los robots con inteligencia artificial, forman parte de nuestra cotidianidad.

En el pasado han surgido miedos con respecto a que la misma cause crisis al arrebatarnos oportunidades de empleo. No obstante, la crisis del coronavirus nos ha mostrado que su llegada en realidad significa la aparición de nuevas posibilidades. Ahora, los humanos tenemos una forma extra de combatir al coronavirus, gracias a estos ayudantes que son inmunes al mismo.

Sobra decir también que sus usos no se limitan al mundo de la medicina, ya que, su participación en otras áreas como la producción en las empresas o el transporte también podría ser mucho más notoria en el futuro.

Hay que dejar atrás el temor al reemplazo

En cierto, las máquinas cuentan con ventajas esenciales que nosotros no podemos ofrecer. Por ejemplo, las mismas se afectan por una enfermedad, no se cansan o frustran y pueden realizar indefinidamente actividades tediosas y repetitivas que volverían loco a un ser humano.

Sin embargo, ellas no poseen todas las fortalezas. A pesar del desarrollo de la IA ha avanzado mucho y algunos robots son incluso capaces de realizar procesos de análisis y aprendizaje, la verdad es que sus capacidades están lejos de compararse con las nuestras aún, sobre todo en áreas que requieren de procesos cognitivos más alejados de la simple lógica.

Las máquinas ahora son capaces de imitar elementos como la amabilidad, la empatía o las simples interacciones sociales, pero no por ello generan el mismo efecto en la gente. Pocos pacientes podrían acceder a ser tratados solo por una máquina, pues el intercambio social con, por ejemplo, el doctor, también es necesario para que nos sintamos reafirmados.

Asimismo, aunque ser atendido por un robot en un restaurant sería divertido como una curiosidad, posiblemente se volvería aburrido si se convirtiera en la norma. Como un adicional, labores como la enseñanza o el mantenimiento de la seguridad y las normas también son trabajos que, aunque pueden apoyarse en las máquinas, no podrían ser completamente desarrollados por las mismas.

Todos estos requieren del “factor humano” para funcionar. Y, ello se trata de un fenómeno que ocurre en cualquier área que podamos imaginar.

¿Está el futuro en los robots y la IA?

Para poder entender el rol de los robots y la IA en el futuro debemos ver que los mismos no han llegado acá para tomar nuestro lugar. De hecho, existen como una herramienta para volvernos más eficientes, potenciar nuestras habilidades y aumentar nuestro alcance.

Las máquinas definitivamente serán un tema común en nuestro porvenir, pero igual de rotundamente, no serán en único. En realidad, lo que vendrá podría entenderse más como una simbiosis de habilidades. Una que, además, cambiará nuestro modo de interactuar como sociedad, con los robots e incluso entre nosotros.