El cambio climático y sus efectos se han venido denunciando en el planeta ya por décadas. Poco a como, nos hemos podido percatar de sus efectos y de las consecuencias que este ha llegado a tener en el ambiente y en nosotros.

No obstante, las acciones para intentar frenarlo han sido muchas menos y exponencialmente más débiles de lo que cabría esperar. Como consecuencia, ha sido muy leve el impacto que las mismas han tenido en el avance del cambio climático.

Ahora, en el 2020, un nuevo evento ha sacudido la Tierra: el coronavirus. La dispersión del mismo por el planeta causó la alarma de muchas naciones y ha paralizado infinidad de países como una medida para detener a la enfermedad.

Con estas acciones, los aparatos económicos de los países –y del mundo en general– han sufrido un fuerte golpe –tal como se esperaría de una paralización del motor económico como lo que vivimos en la actualidad. No obstante, no todas las consecuencias del coronavirus han sido tan malas para el planeta.

La disminución de la polución ha sido una afortunada consecuencia

Mientras que los sistemas de salud del mundo colapsan y los mercados van a la baja, nuestro ambiente, al menos, toma un respiro. Con la disminución de los vuelos nacionales e internacionales, además del paro forzado de infinidad de empresas, la cantidad de CO2 que liberamos como sociedad ha disminuido considerablemente.

Esto ha traído como consecuencia que variadas áreas de nuestro planeta parezcan volver a recobrar su pureza. Por ejemplo, con la disminución del tráfico de turistas y del transporte en Venecia, sus canales han vuelto a presentar aguas cristalinas.

Asimismo, en China, una vez epicentro del COVID-19, durante la cuarentena comenzaron a presentarse cielos despejados en ciudades conocidas por sus altas cantidades de smog en el ambiente. Esta desintoxicación del ambiente ha sido una clara muestra del impacto negativo que nuestras sociedades y modos de vida tienen en el mismo, así como también de la diferencia que podemos hacer, incluso en poco tiempo, si ponemos de nuestra parte.

Pero, los cambios acelerados tienen sus desventajas

Sin embargo, las decisiones drásticas no suelen ser las mejores para lograr beneficios a largo plazo. Se sabe que, apenas la amenaza del coronavirus se supere, muchas empresas recobrarán sus actividades y los vuelos por el mundo se reanudarán.

Por lo que, nuestros niveles de polución podrían volver rápidamente a lo que eran antes de que se diera la crisis del coronavirus. Con ello, nuevamente estaríamos dando un paso atrás en el camino a combatir el cambio climático.

Pero, es claro que no se puede pedir que las medidas de control actuales se mantengan indefinidamente. Después de todo, las mismas son altamente restrictivas y ya han logrado causar fuertes impactos en la economía que la han hecho ver más números rojos de los que nos gustarían.

Es en esta dualidad en donde se nota que, a pesar de que los cambios son necesarios (y pueden ser muy notorios) los mismos deben ocurrir lentamente y no como una medida extrema tomada de un día para otro. Ya que ninguna de nuestras sociedades está preparada para las consecuencias que unas medidas como estas podrían tener luego de largos periodos de tiempo.

Lo importante es comprometerse con cambios a largo plazo

Entonces, tomando en cuenta todo lo anterior, aún cabe preguntarnos si es posible mantener los avances que en cuanto a la lucha contra el cambio climático que se han dado como efecto secundario de la pandemia, o si los mismos están destinados a perderse una vez la crisis merme.

La respuesta a este dilema podrá encontrarse justo a la mitad del mismo. Es claro que, para el corto plazo será imposible mantener los números tan bajos de polución que nos encontramos en la actualidad. No obstante, ello no implica que no se pueda tomar esta situación como un punto de partida.

Una vez las actividades regulares se renueven, podría ser una buena política el que los gobiernos comiencen a hacer presión para que las empresas cambien varias de sus prácticas a alternativas más verdes (algunas similares al trabajo remoto y actividades desde casa que se están realizando en la actualidad).

Asimismo, esta podría ser la oportunidad de mirar el estilo de vida que llevan las sociedades actuales en la que el consumo desmedido es la norma y pensar si ya sería momento de cambiar a otros modelos en los que el disfrute consciente y más local de los productos podría ser la solución.

Es muy poco probable que el mundo de repente acepte cambios que les coarten sus libertades o comodidades. Por lo que, este tipo de modificaciones deben hacerse de forma consciente, no se trata, por ejemplo, de suspender todos los vuelos internacionales, sino tal vez de disminuir su cantidad o maximizar su capacidad, de modo que sea menos el combustible que se gasta y, por ende, menos la cantidad de contaminación del aire y sónica que se libera al ambiente.

¿Por qué la respuesta al coronavirus ha sido más activa?

Como un punto final de reflexión, cabe detenernos un momento a pensar en las diferentes formas que la sociedad tiene para lidiar con las crisis. El cambio climático no se trata de un tema nuevo y cada vez son más las entidades que nos advierten de su gravedad.

Sin embargo, muchas veces las únicas respuestas que su denuncia ha conseguido han sido apatía o incluso negación. Por su parte, el coronavirus apenas lleva tres meses entre nosotros y ha causado una respuesta internacional descomunal.

Todos los países se mueven, ya sean por medio de colaboraciones o por separado, para hacer frente a esta amenaza invisible y detener su paso. Cuando hablamos del cambio climático, podríamos terminar calculando que el mismo afectará a más personas que el propio coronavirus.

Sin embargo, el hecho de que sus consecuencias se vean por lapsos de años y décadas en lugar de días y semanas –como pasa con el COVID-19– hace que la sociedad no sea capaz de apreciar su verdadera gravedad. A este tipo de perspectivas se las conoce como el fenómeno del “sapo que hierve”, el mismo hace referencia a que, si se coloca la criatura en agua a temperatura ambiente y luego esta comienza a hervir poco a poco, el animal no se saldrá del agua pues no notará el cambio de temperatura que se da paulatinamente.

En este momento, nuestra sociedad se encuentra dentro de una olla cada vez más caliente y el coronavirus, casi por casualidad, nos ha sacado del fuego por unos minutos. Ahora, si estamos lo suficientemente atentos para notarlo, existe la posibilidad de que consigamos saltar fuera del agua y, con suerte, alejarla del fuego antes de que sea demasiado tarde.