El COVID-19 ha hecho estragos alrededor del mundo. Eventos cancelados, sistemas hospitalarios colapsados y gobiernos tratando de mitigar la propagación de este nuevo virus. Sin embargo, si bien se ha demostrado que el distanciamiento social, la prohibición de eventos multitudinarios y la cuarentena preventiva son las medidas más efectivas para contener la crisis, esta tiene (y tendrá), una consecuencia en la economía mundial de dimensiones hasta ahora, desconocidas. 

Trump dice que se está librando una guerra contra un enemigo silencioso, Macron anunció que las consecuencias sólo son comparables con la Segunda Guerra mundial, el PM británico, Boris Johnson, tuvo que replantear su estrategia de mitigación para tratar la pandemia y declarar una cuarentena total y prolongada. 

Pocas veces se ha visto en la historia una parálisis total como la que estamos presenciando ahora. Se dice que la crisis del 2008 o la segunda guerra mundial podrían compararse con los estragos económicos que se tienen proyectados, sin dudas, un panorama inédito y poco alentador. 

La economía antes del COVID-19

31 de diciembre de 2019, específicamente a las 8:00 am, Foreign Policy sacaba esta nota en donde se miraba al año 2020 con buenos ojos: por fin, un crecimiento general después de años difíciles, humilde, pequeño, pero qué bien caía, el FMI estimaba un 3.4% y el Banco Mundial un 2.7%. La economía se recuperaría gracias a las flexibles ofertas monetarias ofrecidas por bancos centrales de diversos países el cual permitió compensar las pérdidas por las guerras comerciales y la baja en la inversión. 

Eso sí, FP advertía que el 2020 sería un año de alto riesgo y no estaría inmune a sorpresas desagradables tales como Guerras comerciales, implosión de mercados, deuda o  más caídas en la inversión. ¿Falta una, no?

De hecho, todo esto se planteó bajo la perspectiva de diversas crisis geopolíticas en movimiento, tales como la guerra comercial entre China y USA, las tensiones entre USA y Europa, el Brexit, la renegociación del Nafta, los conflictos de Medio Oriente, entre otros. 

Llegó el 2020, con él diversos sucesos que han hecho de este año un ir y venir de acontecimientos. La formalización de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea con sus primeras negociaciones para un acuerdo de libre comercio, las tensiones armadas Irán- Estados Unidos, la crisis ambiental, la fricción comercial Estados Unidos-Europa entre otros han puesto al mundo de cabeza. 

Mientras tanto, un suceso silencioso ocurría entre los días 8 y 18 de diciembre del 2019 en Wuhan, China. Se empezaron a registrar los primeros casos de una enfermedad muy parecida al SARS (Epidemia con complicaciones respiratorias que causó estragos mundiales en el 2003), todas provenientes de un mercado pesquero en donde se venden diversos animales exóticos para consumo humano. 

Poco a poco, estas “neumonías no identificadas” fueron más frecuentes en los hospitales chinos hasta que a comienzos de enero de 2020 fue identificado un nuevo coronavirus llamado SARS-COV 2. 

En primeras instancias, la información crucial sobre este nuevo virus estuvo contenido en total hermetismo por las autoridades chinas, quienes ocultaron diversos elementos vitales como su alta velocidad de transmisión de humano a humano y su tasa de mortalidad. De hecho, el doctor Li Wenliang advirtió el 30 de diciembre del 2019 que existía un crecimiento exponencial en su hospital de pacientes con una “neumonía muy parecida al SARS” sin embargo, las autoridades chinas se encargaron de evitar que su mensaje fuese debidamente difundido y el doctor Li murió poco tiempo después infectado con lo que hoy conocemos como COVID-19. 

El COVID-19 ha paralizado al mundo, la cuarentena en las principales potencias mundiales ha sido total y se ha registrado el paro laboral más grande en la historia de la humanidad, no queda duda que esto cambia totalmente las perspectivas económicas para este año acabando con el optimismo y llevándonos inclusive, a un posible escenario de recesión.

La primera gran afectada: China

3 meses le llevó a China controlar el brote del Covid-19 en su país. Pasaron de un letargo lleno de inacción y hermetismo a tomar medidas extremas para evitar el contagio, al día de hoy, el Gobierno chino dice haber controlado el brote

Cuarentena absoluta, restricción del libre tránsito, cierre de ciudades, control de la población mediante Big Data y pruebas masivas para detectar el virus fueron algunas de las medidas adoptadas por el gobierno. 

Todo esto llevó un costo económico enorme ya que el país conocido como “la fábrica del mundo” se detuvo por completo. Según Bloomberg se estima que China tendrá una caída del 11% en su PIB con respecto a 2019 y su pronóstico de crecimiento bajó de un 5.2% a un 1.4% este año. 

A esto se le agrega que la paralización de las actividades chinas repercute directamente en la cadena de suministros global, creando así una crisis inédita que se refleja en las constantes caídas de las grandes bolsas del mundo, generando un clima de incertidumbre en donde las proyecciones esperan que haya similitudes con la crisis del 2008. 

La crisis china tiene infinitas consecuencias, por ejemplo, una de ellas es el mercado de artículos de lujo en donde hemos visto a una clase media-alta cada vez con más poder adquisitivo ser consumidores de casi el 40% del mercado en estos productos. Joyerías, boutiques exclusivas, marcas de autos deportivos etc., tendrán grandes pérdidas después de todo este proceso. 

Su poder manufacturero bajó de 40.3 en el indicador PMI afectando principalmente a los países del pacífico asiático con los que mantiene relaciones comerciales muy estrechas tales como Vietnam, Singapur o Sur Corea.

¿Y en servicios? Pues peor. China nunca ha sido conocida por los mejores servicios, sin embargo, su caída fue vertiginosa, ya que al no haber personas con movilidad regular en la calle, nadie consume o requiere servicios fuera de lo estrictamente esencial.

China dice haber salido de la crisis de salud, sus últimos reportes indican que los contagios entre personas se han reducido al mínimo y sus medidas empiezan a aflojarse con el pasar de los últimos días. Solo queda empezar a contrarrestar el impacto económico y empezar a superar estos 3 meses de paralización total. 

No obstante, para el gigante asiático parece inevitable la recesión, un viejo enemigo que no conocían desde 1976 en tiempos de la muerte de Mao, hecho que causó estragos económicos por décadas hasta que Deng Xiaoping empezó la liberación económica que los llevó a ser la segunda potencial mundial. 

Sin embargo, al día de hoy, las fábricas chinas apenas abren desde enero, muchos trabajadores están fuera de los focos industriales sin poder regresar a laborar, es decir, estamos a las puertas de un inicio muy atropellado. ¿Dimensiones? Imaginen que durante 3 meses, millones de toneladas de materia prima que diversos países le venden a China quedaron en el aire, países que van desde Chile hasta Angola se ven afectadas por este hecho. Algunos datos nos pueden dar luz sobre esto: las ventas minoristas chinas del primer trimestre del año cayeron un 20,5% con respecto al año anterior, la producción industrial cayó un 13.5% comparado con febrero del 2019 al igual que la inversión en activos fijos (infraestructura) un 24.5%.

Ahora bien, cuando China está empezando a recuperarse, se plantea otra problemática, si Occidente (y el resto del mundo) están detenidos y tardan 3 meses (o más) en reiniciarse ¿A quien le va a vender las industrias chinas?

Beijing se prepara para reactivar su maquinaria, sin embargo, el costo ha sido fuerte: sus empresas trabajan al 50% o 60%, el gobierno le ha pedido a los bancos que flexibilicen en los pagos de las deudas, especialmente con pymes, extensiones de pólizas de seguro, reducción, reducción a la mitad de los costos por flete a través del ferrocarril estatal, el ministerio de educación ha dispuesto de 180.000 nuevos cupos para posgrados dirigidas a personas con problemas para encontrar empleo, préstamos, ayudas y todo tipo de acciones para mantener al país a flote. 

Una cosa es importante acotar: China lleva a cabo un gobierno de corte dictatorial en donde tiene total control sobre la privacidad de los ciudadanos e impone sus argumentos pasando por encima de los derechos humanos más elementales. No es lo mismo instaurar una cuarentena estricta en Occidente donde existen derechos básicos como la libertad de expresión que hacerlo en China en donde el garrote es su principal arma. Además, los datos Chinos no son 100% fiables, así que no podemos afirmar, a ciencia cierta, que hayan superado completamente su crisis sanitaria. 

¿Qué hay de Occidente? el virus llegó a las principales potencias del mundo Occidental con especial énfasis en europa, esto ha colapsado a varias de las principales economías, cobrando la vida de miles de personas y han obligado a sus gobiernos a tomar decisiones radicales parecidas a las tomadas en China. 

¿Podrá Occidente mantener y llevar a cabo una encerrona de 3 meses? Al parecer no hay otra salida y las consecuencias mundiales en materia económica aún están lejos de verse.

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