En 2003, el coronavirus que causa el síndrome respiratorio agudo grave (SARS), conocido como SARS-CoV, causó la primera gran pandemia de nuestro siglo. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, el SARS afectó a un total de 8,898 personas y causó la muerte de 774 en todo el mundo, pero principalmente en China, donde se registró una tasa de mortalidad del 10 por ciento.

En aquel momento, el virus se propagó rápidamente por todo el mundo no solo por su elevada infectividad, sino también por la falta de conciencia en el control de infecciones y la alta afluencia de viajes aéreos internacionales, todos factores que nos pueden parecer bastante familiares en la actualidad.

Ahora el mundo ha sido sorprendido por el brote de un nuevo coronavirus, SARS-CoV-2, que causa síntomas similares y ha demostrado ser mucho más contagioso que su anterior. ¿Pero realmente se trata de una sorpresa?

Una “bomba de relojería”

Dejando de lado las teorías conspirativas sobre las que muchos han estado indagando en las últimas semanas con la nueva pandemia a la que nos enfrentamos, la situación en realidad no era tan inesperada.

De hecho, en 2007 un estudio publicado en la revista Clinical Microbiology Reviews advirtió que la presencia de coronavirus como el SARS-CoV en murciélagos de herradura en combinación con la cultura de comer animales exóticos en el sur de China podría dar lugar a la aparición de brotes de nuevos virus similares, como ocurrió desde diciembre de 2019.

“Los coronavirus se someten a una recombinación genética, lo que puede dar lugar a nuevos genotipos y brotes. No debe ignorarse la posibilidad de que el SARS y otros nuevos virus reaparezcan en animales o laboratorios y, por consiguiente, la necesidad de estar preparados”.

Una cultura gastronómica peligrosa

Tras una larga época de hambruna, China experimentó un “rápido crecimiento económico” que dio lugar a un incremento en la demanda de proteínas de origen animal en su población. Quizás esto fue lo que motivó la creación de una cultura gastronómica basada en la caza e ingesta de mamíferos salvajes.

Sin embargo, no todo es bueno respecto a esto. En aquel momento los investigadores aseguraron que el SARs-CoV- saltó de los animales a los humanos por medio de un “gran número y variedad de civetas en jaulas hacinadas” y de “la falta de medidas de bioseguridad en los mercados húmedos”.

“Los hallazgos de que los murciélagos de herradura son el reservorio natural del virus similar al del SARS-CoV y de que las civetas son el huésped de amplificación ponen de relieve la importancia de la fauna silvestre y la bioseguridad en las granjas y los mercados húmedos, que pueden servir como fuente y centros de amplificación de infecciones emergentes”.

La historia se repite

Tristemente, la humanidad sigue cometiendo los mismos errores. El brote de SARS-CoV-2 ya declarado formalmente como una pandemia por la OMS, se esparció por el mundo de una manera muy similar al SARS-CoV en 2003.

Hasta el momento, los investigadores descartan que el virus haya sido creado en un laboratorio, y afirman que proviene de animales salvajes, específicamente de murciélagos de herradura, que luego pasaron el patógeno a otro animal, hasta que finalmente llegó a los humanos en un mercado de la ciudad china de Wuhan.

Sin embargo, los avances de nuestra época y la experiencia no parecen haber servido de mucho para contener al virus. Al día de hoy se han registrado más de 200,000 casos y más de 10,000 muertes. El COVID-19 definitivamente ha superado a su antecesor.

Referencia:

Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus as an Agent of Emerging and Reemerging Infection. https://cmr.asm.org/content/20/4/660